Fútbol para la reivindicación

  • La grada solicitó la renovación de Paco Chaparro, pero el desarrollo del partido frenó el plebiscito · El estilo ordenado del Betis, el mejor aval del técnico trianero

El partido ante el Villarreal se había tomado como el día de Paco Chaparro. Los comentarios en los aledaños del Ruiz de Lopera giraban en torno a los méritos contraídos por el trianero en los 19 partidos dirigidos hasta esos momentos y en la polémica surgida en su renovación. Pero el plebiscito se quedó a medias, como ya ocurriera ante el Levante. Parece empeñado el equipo bético en lograr la permanencia fuera de casa, eliminando la posibilidad de una fiesta con los suyos.

La grada recibió a Chaparro con una fuerte ovación cuando se atisbó su presencia sobre el terreno de juego. Casi un centenar de ellos exhibieron unas cartulinas donde se solicitaba la continuidad del técnico. Otros lo hacían con más guasa, pidiendo el nombramiento de Chaparro como trianero del año. Lo que sí recibió el apoyo unánime de todos fue el grito de "Paco Chaparro", cuando éste comenzó a aparecer en Heliópolis, aunque pronto quedó diluido por la salida del equipo al césped.

Pero el desarrollo del partido acabó por quitarle protagonismo al técnico, al menos en cuanto al reconocimiento de la grada. Su trabajo sí que se apreció en el terreno de juego, en el orden y el equilibrio. ¡Qué diferencia entre el Betis que cogió el técnico hace una vuelta y el que ahora funciona como un acordeón! Ésa es la mano de Chaparro y así se lo reconocen los béticos, que no entienden que el hombre capaz de dotar de un sello propio a su equipo no merezca, al menos, mejores atenciones por parte de la entidad.

Las cosas del fútbol acabaron emponzoñando el día de Chaparro y el técnico concluyó expulsado en el descuento. Si Lopera y su gente más cercana no respeta el trabajo del técnico que ha cambiado el destino del equipo, parece complicado exigirle a Teixeira Vitienes, un mal árbitro, que sea capaz de mantener un diálogo con él. Quizás sea lo único que le falta a Chaparro, mostrar a la opinión pública su verdadero yo. Como él mismo ha comentado en más de una ocasión, su defecto ha podido estar en no saber vender su trabajo y su persona.

Pellegrini, un técnico elegante en las formas y también en la oratoria, sí reconoció la labor del bético, como también algún comentarista de radio poco proclive a los elogios hacia sus colegas. Basta con comparar al Betis de la primera vuelta con el de esta segunda para comprobar que el equipo está trabajado.

El técnico chileno ha sido capaz de crear una filosofía de juego, creada en su origen para facilitar la adaptación de Riquelme, pero que ha sido asumida por todos los jugadores. Un fútbol de muchos toques, de pase corto y balón al pie, aunque ante el Betis llevara el estilo hasta el extremo, algo que siempre acerca al error. El Villarreal, en más de una ocasión, ofrece la impresión de ser un equipo llegado de Suramérica, por su parsimonia en el juego y el gusto por la elaboración del mismo. En Heliópolis, por momentos, se pareció revivir a la Brasil del Mundial de México 70 o incluso a la del 82, que también se exhibió en el campo bético, y no sólo por el color de la vestimenta, aunque la comparación sea osada cuando se habla de Pelé o Zico.

Como decíamos, el día que la grada había elegido para reivindicar a su técnico, acabó con Chaparro expulsado. El trianero no pudo recibir el aplauso que la grada se había propuesto brindarle, pero sí se reivindicó de la mejor manera posible, con el juego de su equipo. Al entrenador se le pidió que intentara lograr la permanencia, algo que tiene virtualmente conseguido, a lo que él le ha añadido un sello propio. Así reclama su oportunidad y así se lo agradeció la afición. Que se tome buena nota.

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