¡Grábenlo en un dvd!

  • Memorable El Sevilla jugó un primer tiempo extraordinario y pasó por encima de un Zaragoza que asistió como espectador a la exhibición Máquina Los blancos ya son el equipo de los dos últimos años

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Exhibición impresionante del Sevilla para acabar con cualquier debate que pueda existir en torno a este extraordinario equipo de fútbol. El conjunto de Manolo Jiménez no sólo no acusó el cansancio del partido de la Liga de Campeones, viaje incluido, sino que avasalló al Zaragoza desde el minuto uno hasta el noventa y tantos. Fue un juego perfecto, repleto de estética, de velocidad, de movimientos, de desmarques, de toques, de desbordes y, por supuesto, de goles. Cinco en total que hicieron enloquecer al Sánchez-Pizjuán a pesar de que éste registraba tal vez la peor entrada de la temporada.

Ya nadie puede tener duda sobre el extraordinario juego de este Sevilla, de este Sevilla que, no se olvide, coloca sobre el campo Manolo Jiménez. Para lo malo y también para lo bueno. Ni paso atrás, ni paso adelante, ni barro, ni ninguna otra monserga digna de esos comentarios de texto que se le practican a todas las palabras que salen de los labios del técnico de Arahal sin ni siquiera otorgarle el eximente de su condición de novato en la máxima categoría.

Pero no es el momento de saldar ningún tipo de deudas, sino de elogiar en su justa medida al excelso partido que realizó ayer un Sevilla desatado desde el primer minuto de juego. Decía Javier Irureta, dentro de su veteranía, que tal vez lo mejor para su equipo sería imprimir un estilo de juego alto para que los blancos acusaran el cansancio del exigente viaje a Estambul. Craso error, este equipo ha vuelto a confiar en sí mismo y es capaz de atreverse a imprimir un ritmo trepidante desde el primer minuto. La razón es bien sencilla y estriba en que muy pocos equipos del mundo, si acaso el Manchester United o el Arsenal cuando estaba bien, son capaces de mover la pelota con una conjugación de la velocidad y de la precisión de semejante manera. Esto provoca que los rivales queden empequeñecidos ante semejante vendaval como si se trataran de liliputienses.

Jiménez, a la hora de confeccionar la alineación, no alteró su propuesta pese a ese supuesto cansancio que podía afectar a los suyos. Al contrario, le cedió el timón a Maresca con Keita como escudero, metió a Mosquera en el centro de la defensa y devolvió al once inicial a Diego Capel por la banda izquierda. Arriba, por supuesto, la pareja formada por Luis Fabiano, que sigue en estado de gracia, y Kanoute; a la derecha, el torbellino que forman Daniel y Jesús Navas; a la izquierda, Adriano por detrás de Capel para formar otro dúo terrible; y para garantizar la salida desde atrás y que la línea se tira lejos de Palop, un exquisito Escudé.

Pero fue el italiano quien se encargó de mover los muñecos con una sincronización irreprochable. La pelota iba de un lado para otro con una celeridad impresionante y el Zaragoza se limitaba a asistir, atónico, a semejante ballet balompédico. Encima, la climatología se convertía en un inesperado aliado al dejar el césped extremadamente rápido. Y el Sevilla comenzó a llegar hasta las cercanías de César desde el mismo pitido inicial de Rubinos Pérez.

No importaba que enfrente estuviera una pareja que también tiene pólvora, el planteamiento se establecía con la idea de ganar por cinco a cuatro si fuera preciso. Esta vez, sin embargo, no iba a hacer falta, entre otras cosas porque la defensa sí estuvo expeditiva, rápida, concentrada y segura durante todo el encuentro. Ese factor sí varió, pero lo que siguió exactamente igual fue la efectividad delante del gol. Así, en la primera llegada clara hasta César, después de un excelente cambio de orientación de Maresca y una combinación no menos perfecta entre Jesús Navas y Daniel, Luis Fabiano conectaba un remate inapelable. Ahí empezaba el mejor tramo de todo el campeonato, un juego que, sin duda, se acercó a la perfección.

Los goles comenzaron a caer uno detrás de otro y de no ser por el único factor que cabe situar en el debe de los sevillistas en la noche de ayer, la escasa efectividad, la goleada hubiera sido realmente escandalosa. Porque un cinco a cero es un resultado digno de ser piropeado, pero el primer periodo pudo acabar incluso con una renta superior a ese tanteo final. El Sevilla entraba por todos los lados y encima era capaz de hilar la combinación del segundo tanto, esa doble pared entre Daniel y Luis Fabiano que culminaba el máximo goleador de la Liga con un toque exquisito.

Hasta el Zaragoza se iba a sumar a la fiesta. Ya que no se podían acercar hasta Palop los maños batieron por partida doble a César para colaborar en la goleada. Daba igual, era una anécdota, ya que el fútbol de este Sevilla era tan irreprochable que merecía aún más goles. Porque es increíble que un equipo que en el descanso gana por 3-0 juegue con la intensidad que lo hizo en la segunda mitad. Definitivamente, el gran Sevilla está aquí de nuevo y bien harían los buenos aficionados al fútbol en grabar el partido de ayer en un dvd. Lo disfrutarán.

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