Griezmann, el rostro de Francia

Francia quiere parecerse a Griezmann: joven, dinámica, ofensiva, trabajadora y perfeccionista, humilde y temperamental. El jugador del Atlético de Madrid está llamado a ser el rostro de la selección gala. A sus 25 años y con apenas 27 partidos con la camiseta bleu, el jugador de Macon se ha convertido en el preferido de los franceses, que desde hace años buscan, sin éxito, un ídolo en la selección.

La ausencia de Benzema, el francés más cotizado del momento, por los problemas que arrastra con la Justicia de su país, ha dejado más expuesto al atacante rojiblanco, que tras la gran temporada que ha completado en su club lleva sobre sus espaldas buena parte de las esperanzas de Francia.

Griezmann puede salir coronado de esta Eurocopa, en la estela de un Zidane en 1998, o trasquilado, como el Ribery de 2010. El jugador está preparado para soportar la presión, pese a ese aspecto frágil al que le condenan su cara imberbe y su aspecto aniñado. Ha sabido aislarse de toda fuente de conflicto y su nombre no aparece ligado a la crónica social, ni a la de sucesos, a diferencia de lo que les sucede a algunos de sus compañeros. Al contrario, el colchonero goza de una reputación de joven asentado, padre responsable y feliz en familia, muy integrado en España, donde llegó con 14 años (su pareja es de San Sebastián) pero que nunca ha renegado de sus orígenes franceses.

Una imagen que no siempre ha sido tan buena. El atacante conserva aún la cicatriz del resbalón que cometió en 2012, cuando abandonó una concentración de la selección sub 20 para escaparse a una discoteca de París. Un borrón que pagó caro, puesto que, al igual que los otros compañeros de juerga, fue suspendido durante dos años de toda participación en una selección francesa.

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