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Hablar sobre el parqué

  • Tras la deshonrosa derrota en el Palau el Betis comparece ante su público para jugarse una de sus últimas cartas por la salvación

  • Cerrar el rebote de una vez, el reto ante Burgos

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Hablar sobre el parqué

Si en el vestuario del Betis Energía Plus queda algo de orgullo, es el momento de sacarlo. Ahora o nunca. Hoy es el día, ante el San Pablo Burgos (12:30), para demostrar si a los jugadores verdiblancos les escoció como a la afición la deshonrosa derrota en el Palau Blaugrana del pasado miércoles (121-56) y se sienten comprometidos con la causa y el reto de pelear hasta el final por la permanencia o si ya están pensando en hacer las maletas a finales de mayo en busca de otro destino dejando a sus espaldas un equipo descendido, en el mejor de los casos, o quien sabe si al borde de la desaparición.

No hay más. Toca dar la cara tras el bochornoso encuentro de la pasada jornada en el que ningún jugador demostró el mínimo compromiso exigible de alguien que se llama a sí mismo profesional para seguir respirando en la ACB. Tampoco el técnico, cuyas explicaciones sobre su expulsión no convencen y que sigue sin ser capaz de hacer entender a sus jugadores que si no agachan el culo en defensa no se le gana ni a un equipo de barrio. Mucho menos a un conjunto como el burgalés, que llega lanzado a la cita tras tres victorias consecutivas y cargado de moral, consciente de que ganar en la capital andaluza supone dejar virtualmente sellada su salvación.

El inicio del partido será importante y los locales deberán mostrar su fortaleza mental para jugar sin pensar en la paliza encajada ante el Barcelona. A sabiendas de la debilidad psicológica del Betis, de los nervios de la plantilla y el miedo por estar ahí abajo y jugarse buena parte de sus opciones en este encuentro, Diego Epifanio mandará a los suyos a salir fuertes de inicio para abrir una pequeña brecha que ponga al público en contra de los suyos. Es por eso que los de Quintana deben golpear primero, elevar el nivel de agresividad atrás, que en el Palau no llegó ni al que muestran los niños en el patio del colegio, y mover la pelota para encontrar buenas posiciones de tiro. Lo de siempre, vamos, y lo que casi nunca se hace. No en vano, desde la derrota con el Barça en casa los números del cuadro verdiblanco en defensa dan vergüenza: con 95,6 puntos encajados de media en 12 partidos es imposible salvarse.

Cuestión aparte es el rebote. Sólo con los balones que caen en las manos propias no se puede competir. El rebote es deseo, ganas de comerte el balón y los de Quintana no muestran hambre ninguna en el parqué. Piden perdón en las redes sociales y se les llena la boca al escribir sobre orgullo y ánimos de revancha, pero las palabras se las lleva el viento y después sobre el parqué nadie predica con el ejemplo.

El peligro en el Burgos tiene nombre propio: Deon Thompson. Ya fue decisivo en el choque de la primera vuelta, en el que el Betis desperdició en el cuarto acto una renta de 11 puntos, y volverá a serlo al tener enfrente a un Kelly incapaz de defender a nadie. El norteamericano ya ni cumple en ataque, pero su relevo es un Iván Cruz que no está para la ACB. Sobre Schilb y Booker debe recaer el peso ofensivo de un Betis en el que hay jugadores que aún no tienen claro sus roles y siguen haciendo cosas que no saben.

Y si Deon Thompson da miedo por dentro, por fuera Jenkins y Fisher podrán aprovechar la debilidad bética para defender la línea exterior. Las ayudas siguen sin llegar y cualquier rival siempre encuentra a un jugador completamente solo para anotar desde el triple. El Burgos, además, cuenta con otro gran lanzador como Edu Martínez capaz de martillear al Betis, por lo que si en defensa no corren todos poco o nada habrá que hacer. Nadie piensa en los cuatro puntos de renta por los que ganó en la primera vuelta el Burgos. Con este Betis pensar en el average es hacerlo en castillos en el aire. Ganar por un solo punto lo firma cualquiera. Ganar. Sólo vale ganar ya.

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