Havelange: del poder total a una renuncia humillante

  • El presidente de honor de la FIFA abandona el cargo tras conocerse que recibió sobornos de una empresa de comercialización de derechos deportivos en los 90.

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Joao Havelange confiaba en festejar su centenario en Brasil, honrado por dirigentes deportivos de todo el mundo durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. No lo logrará: un escándalo de corrupción lo obligó a renunciar a la presidencia de honor de la FIFA, la entidad que comandó con mano de hierro durante 24 años.

Havelange fue durante décadas uno de los más poderosos dirigentes de la historia del deporte mundial y jugó un papel destacado en la campaña que llevó a Río a convertirse en la primera sede olímpica en Suramérica. Pero su sueño de llegar a los 100 años honrado por sus pares se desmoronó después de que una investigación de la comisión ética de la FIFA concluyera que Havelange, que presidió la entidad de 1974 a 1998, recibió sobornos de la empresa de comercialización de derechos deportivos ISL en la década de 1990.

Ante la amenaza de ser despojado de la presidencia de honor de la FIFA en el próximo congreso de la organización, a finales de mayo en Islas Mauricio, el brasileño optó por presentar su renuncia al cargo, formalizada el 18 de abril, según informó el presidente de la comisión ética, el juez alemán Hans-Joachim Eckert. En diciembre de 2011, en medio de los fuertes rumores sobre sus vínculos con el escándalo, Havelange ya había dimitido de su puesto de miembro decano del Comité Olímpico Internacional (COI), y esa renuncia "por razones de salud" interrumpió una investigación desarrollada por el comité ético de la entidad.

Un cese deshonroso hubiera sido un golpe muy duro para el dirigente nacido en Río de Janeiro el 8 de mayo de 1916, hijo de padre belga que se enriqueció con la venta de armas y municiones, un hombre que a lo largo de su vida acumuló triunfo sobre triunfo hasta convertirse en una de las figuras más poderosas del deporte mundial. Su vínculo con el deporte empezó en la adolescencia, cuando fue futbolista e integró el equipo juvenil del Fluminense, que hoy sigue siendo su club del corazón. Luego, se dedicó a la natación y al waterpolo.

Cuando abandonó las competencias, pasó a comandar a la antigua Confederación Brasileña de Deportes (CBD) antes de llegar a la presidencia de la FIFA, en 1974, y poner en marcha una revolución que convirtió el antes modesto ente rector del fútbol mundial en una máquina de hacer dinero con enorme poder político. "Cuando llegué a la FIFA, había solamente 20 dólares en caja. Cuando abandoné el cargo, había 4.000 millones de dólares", solía recordar el dirigente.

Havelange pronto se dio cuenta del potencial comercial del producto fútbol y trató de venderlo: amplió el número de afiliados -hoy son 208 países, más que los que integran la ONU-, duplicó de 16 a 32 el número de selecciones que participan en los Mundiales y atrajo a patrocinadores poderosos, como las empresas transnacionales Coca Cola, Nike, Budweiser y McDonalds. El casi un cuarto de siglo que pasó como presidente de la FIFA fue el punto culminante de la carrera de Havelange en el deporte. Sin embargo, su influencia no se detuvo ahí. El brasileño mantuvo su poder incluso después de entregar el puesto a su delfín, el suizo Joseph Blatter.

Otro momento de gloria fue la victoria de Río de Janeiro en la disputa por organizar los Juegos Olímpicos de 2016. Durante la campaña carioca, Havelange escribió cartas personales a cada uno de los miembros del COI, en las que los invitó a unirse a él en los festejos de su centenario en la ciudad, cuyo estadio olímpico fue incluso bautizado con su nombre. La misma oferta les hizo durante su discurso previo a la votación del 2 de octubre de 2009 en Copenhague.

Cuando renunció al COI, al que había ingresado en 1963, era el único miembro vitalicio de la entidad que durante dos décadas presidió el español Juan Antonio Samaranch, de quien era un declarado admirador. La aparente indestructibilidad de Havelange empezó a desmoronarse cuando aparecieron las primeras denuncias sobre el cobro de sobornos de ISL, divulgadas por el periodista británico Andrew Jennings, de la BBC. Las sospechas restaron poder e influencia al nonagenario dirigente, quien desde su renuncia al COI pasó a evitar apariciones públicas. La última fue en diciembre de 2011, cuando, al ser preguntado sobre su entonces reciente renuncia al COI, Havelange respondió: "Déjenme en paz".

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