Copa del Rey · La Crónica

Interés de mentirijillas (2-1)

  • El Betis cae en la Copa a las primeras de cambio pese a asediar al Córdoba tras el descanso en busca de la remontada · El gol cedido en los albores, sumado al de la ida, excesiva ventaja.

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Reza el refrán que mal de muchos es consuelo de tontos y esta película del rival inferior que se crece en la Copa del Rey y elimina a otro de superior categoría está ya más vista que las gorras de cuadros. No obstante, que los equipos caigan con contumacia en este error de dejarse ir en la competición del KO no debe ser óbice para reseñar, a la hora del análisis, que en el debe de la temporada siempre debe figurar como mácula importante ejercicios de dejadez de este calibre. 

Y no por el dinero que futuros taquillajes podrían haber dejado en arcas tan depauperadas como, en este caso, las verdiblancas, sino porque la obligación de un grupo de profesionales es ir siempre a tope, competir al máximo nivel, y porque equipos peores que este Betis de Pepe Mel se han plantado muy arriba en un torneo que es el único que aspiran a ganar. Sin ir más lejos, el último título verdiblanco asomó en una final frente al modesto Osasuna y cómo no hablar del prestigio ganado hace ahora un año cuando Zaragoza y Getafe se rendían ante el brillante fútbol copero de los verdiblancos. 

Pero este curso no será así. La Copa ha sido vista como una china en el zapato por todo los estamentos béticos, debido a esa política de catalogarse como equipo humilde, pequeño y modesto que bastante va a tener con salvar la categoría y, claro, así le ha lucido el pelo copero. Primero, con una alineación minada de gente sin apenas rodaje en el Nuevo Arcángel y, luego, con una puesta en escena ayer tan apocada y poco briosa como en el partido de ida. 

Porque la primera parte del Betis se asemejó más al choque de hace una semana que a los de Liga frente a Valencia y Atlético que han emparedado esta eliminatoria. Con un once híbrido que mezcló a algunos titulares del Calderón con hombres a los que Mel quería ver en acción, principalmente en lo que respecta a los laterales, en la mente verdiblanca pareció siempre reinar más las ansias por pillar las vacaciones que por una remontada que permitiese llegar al descanso invernal con los deberes hechos. 

Fue siempre el Córdoba el que manejó los tiempos en los inicios, más allá de que por momentos el Betis pudiese ejercer un control más insistente del balón. La presión de los hombres de Paco Jémez no halló respuesta en los de Mel y sus rápidos ataques siempre supusieron apuros para Fabricio. Era como si los ayer aurinegros se manejasen con una marcha más. El ritmo les pertenecía y un ataque iniciado muy atrás por Fernández se iba a convertir en cuestión de segundos en un gol al que los defensores béticos asistieron sobrepasados y que, posteriormente, pese a echar la hiel por la boca, les iba a resultar imposible de remontar. 

Cierto que las lesiones de Fabricio y Amaya fueron cortapisas para el técnico a la hora de poder manejar su banquillo, pero no lo fue menos que gracias a la del central se vio obligado a dar entrada rápida a Iriney y, con ello, provocar la reacción de un equipo que, de la mano del brasileño, sí creyó en la remontada. Como viéndose eliminado y fuera de ambiente y marcador, el Betis, imbuido por Iriney y por lo que éste inyectó también en la grada, sólo tuvo ojos entonces para la portería contraria. 

Un interés que se reveló tardío tras el gol concedido en los albores del choque y que se había sumado al de Córdoba. Una obra, la de dar la vuelta al marcador, inconclusa pese a que ya al descanso se fue con 1-1 y a que con más de media hora sólo le faltase ya otro gol tras el segundo de Jorge Molina. Con el Córdoba amorcillado ante su portero, mostrando sus nervios y sus carencias físicas, incluso las técnicas para sacar un contraataque ganador, el Betis claudicó en su asfixia y su mala puntería con la idea segura de haber regalado de forma canalla su suerte copera. 

Y es que la Copa lleva años evidenciando que es para el que compite de cabo a rabo, más allá de la categoría. Y el Betis de Mel fue mendaz, quiso con la boca chica y cuando miró de frente y a los ojos era ya demasiado tarde.

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