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Jiménez desanda todo el camino

  • Debacle El Sevilla se convierte en una marioneta en manos del Almería y vuelve a perder otra 'final' en la presente temporada Desequilibrio Fazio y Renato se quedaron fuera del once y los blancos fueron todo lo contrario a un equipo

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Hay una máxima en el fútbol que establece que no se debe alterar, salvo lesión, lo que viene funcionando con anterioridad. El Sevilla había ganado los dos últimos encuentros con un fútbol más que convincente, estaba a las mismas puertas de meterse en los puestos que dan derecho a disputar la próxima Liga de Campeones, pero Manolo Jiménez, su entrenador, optó por cambiar de golpe y retornar al pasado. No fue una variación brusca del sistema, sino de hombres, porque Kanoute y Poulsen volvían al equipo titular en los lugares de Renato y Fazio, respectivamente. El resultado se encargó de dejar en muy mal lugar al técnico de Arahal. No sólo fue la humillación que sufrieron los sevillistas ante el Almería, peor aún fue el desequilibrio local.

Porque el Sevilla fue una suma de impulsos desde el minuto uno y eso es algo que no se puede permitir cuando, teóricamente, la diferencia de plantilla resulta favorable para los nervionenses. Pero el orden mostrado ante el Villarreal y el Mallorca se esfumó de golpe. Aunque quepa otorgarle el margen de la duda del estado físico de quienes fueron sacrificados, particularmente en el caso de Fazio, porque de lo contrario sería incomprensible, está claro que Jiménez se equivocó rotundamente en su decisión, sobre todo porque ésta fue en contra de sus principios balompédicos. Claro que tal vez resulte mucho más cómodo tener en el campo a Luis Fabiano, Kanoute o Poulsen por el peso específico que éstos puedan tener a la hora de realizar sus declaraciones públicas en el transcurso de la semana.

De otra forma no se puede entender que Jiménez desandara todo el camino que tanto trabajo le había costado transitar. Su decisión de equilibrar al equipo con Fazio en el medio centro a costa de una de las dos vacas sagradas de la delantera fue sabia, y así se le piropeó al máximo responsable de elegir a los once hombres que defienden la camiseta sevillista. Todo lo contrario sucedió en la noche de ayer, ya que el Sevilla se convirtió en una verdadera marioneta para un Almería que tuvo bastante con acumular más hombres que los locales en el centro del campo.

Y bastó para ello con que llegara el primer inconveniente para los blancos. Después de la frenética salida del conjunto nervionense, que pisó el acelerador a fondo para tratar de desarbolar al rival, el resto del encuentro, que se identifica concretamente con el momento en el que Daniel cabeceó contra Palop, fue un verdadero calvario para un conjunto que jamás se sintió protegido en sus espaldas. Al contrario, no fue una casualidad que el Almería materializara cuatro goles sin necesidad siquiera de explotar su máxima especialidad en el juego ofensivo, y también la debilidad de los blancos en el defensivo, es decir, las acciones a balón parado.

El Sevilla, por mucho que aparentara lo contrario con ese arranque lleno de brío y de oportunidades claras de gol, fue siempre un conjunto débil. Existe una razón futbolística para ello, qué duda cabe, y ésta consiste en la desprotección que se creó para una pareja de centrales que tampoco está muy sobrada para moverse por la Primera División española. Sin Fazio anclado por delante, tanto Mosquera como David Prieto quedaron retratados una y otra vez por sus rivales, entre otras cosas porque tampoco podían esperar una ayuda por parte de dos laterales como Daniel y Adriano, mucho más atacantes que defensores.

Ésa fue la clave para que el edificio se derrumbara de una manera tan espectacular. Por eso, el Sevilla se cayó no más llegó el primer golpe de aire en sentido contrario, léase ese autogol de Daniel al rematar de cabeza como no habían sido capaces de hacerlo sus delanteros contra el marco de su compatriota Diego Alves. A partir de ahí, el cuadro de Jiménez fue un quiero y no puedo en todo momento. Sus futbolistas, unos más que otros cierto es, lo intentaban, trataban de rebelarse contra tantos inconvenientes, pero el Almería tenía suficiente con mantener el orden para hacerles daño una y otra vez.

Jiménez apeló en el descanso a Renato en el lugar del rehabilitado Poulsen, pero entonces ya era tarde. Fazio no estaba sobre el campo y Soriano pudo llegar hasta el borde del área. Ni Keita llegó al corte ni la pareja de centrales dio el paso adelante para realizar un movimiento sincronizado y solidario. El medio centro almeriense lanzó una bomba en solitario y el Sevilla ya estaba cero a dos en contra para continuar con ese calvario que se había iniciado con el autogol de Daniel. Nueva final perdida, pues, para este excelente grupo de futbolistas que defiende la camiseta del Sevilla y el objetivo está ahora más lejos. Son las cosas que ocurren cuando se altera lo que tan bien había funcionado.

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