Atletismo l XXVI Cross Internacional de Itálica

Kenia arde en las ruinas de Itálica

  • Con dos significativas faltas de última hora, los kenianos participantes en la prueba poncina ocupan los primeros puestos en las predicciones para ganar la prueba, mientras se agrava el conflicto en su país

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Bernard Kypiego y Eunice Jepkorir viven el conflicto de su Kenia natal desde la distancia. Ahora en Sevilla para disputar el Cross de Itálica, y antes en otros certámenes españoles y europeos, el hecho de permanecer a miles de kilómetros de su país no les impide ocuparse de los graves sucesos que azotan las calles kenianas desde la celebración de los últimos comicios presidenciales.

"El estallido de las revueltas me cogió fuera de Kenia", explica la atleta Jepkorir, medalla de bronce de los 3.000 obstáculos en el Mundial de Osaka del pasado año. "Estoy enganchada a la televisión, y a Internet, pues mi familia está toda en Eldoret. Parece que el conflicto se ha recrudecido", señala. Eldoret es uno de los focos donde las revueltas se están sucediendo más virulentas. Un mosaico de etnias enfrentadas, sucesos políticos que han derivado en enfrentamientos tribales, quema de iglesias, machetes al cinto, disparos al capricho de la desgracia. Kenia arde.

Colindante con Uganda, Eldoret es, además, cuna de la élite del atletismo de fondo africano y mundial. En sus calles, en sus praderas, a más de 2.000 metros de altitud, entrenan numerosos corredores kenianos, laureados en las competiciones de mayor tronío internacional. Julius Korir ganó el oro olímpico en 1984. Y además de Eunice Jepkorir, Bernard Kypiego es otro de los oriundos con el marchamo del triunfo deportivo en sus piernas.

Bernard Kypiego, tercer escalón del podio del pasado Campeonato mundial de Cross celebrado en Mombasa, en la misma Kenia, sí presenció el inicio de las turbas callejeras en Eldoret, ciudad que lo vio nacer y hacerse uno de los mejores crossistas internacionales. "El simple hecho de ir a entrenar es un problema", cuenta Kypiego. "En los caminos hay gente armada que pide identificaciones a los vehículos y los viandantes que circulan. Nadie sabe si ésa es la última salida de casa que has hecho. Se pasa miedo, la verdad", confiesa el fondista.

Y si el trámite de acudir al entramiento es ya una adversidad, salir al extranjero se convierte en una verdadera odisea. Kypiego lo vivió en sus huesos antes de venir a Europa. "Imagínese. Rellenar papeles en las sedes locales del gobierno, esperar semanas para una respuesta, multitud de paradas en las carreteras por grupos de personas con armas. Y después, en Nairobi, en el aeropuerto de la capital, largas colas a la espera de un plácet", señala.

Las desdicha africana llega a Europa sin contexto. De repente, la televisión ofrece con toda crudeza las imágenes de una realidad demasiado real. Y en la retina del espectador quedan sólo el desorden y la confusión de África, un continente víctima del compás y el cartabón del colonialismo. Las múltiples tribus de Kenia conviven con la rémora de la penuria económica, la carencia de una mínima estructura social y de una ancestral rivalidad tribal. La política, por su parte, siembra el camino con clavos. "No creo que sea un problema social. El problema de todo esto es la política y los políticos", sentencia Jepkorir.

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