Una Liga de dolorosa vulgaridad

  • El Real Madrid se rehace ayudado porque sólo el Villarreal le exige con regularidad · El Barcelona tiembla si le soplan, el Atlético es un continuo vaivén, el Sevilla no se reconoce y el Valencia sólo mira a la Copa

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Que no, que el Barcelona no está en condiciones de discutirle nada a nadie. A poco que le levantes la voz, te abre la puerta.El Betis herido desde los despachos lo hizo el sábado y logró lo que nunca hicieron los verdiblancos después de la Guerra Civil, levantar en Liga un 0-2 en casa. Antes, lo habían hecho ante el Racing de Santander... en la Liga 32-33, en plena República. Tremendo el alegrón para los que sueñan en verde y blanco y tremendo el palo para los que piensan en azul y grana. A diferencia de otras veces, esta Liga se está igualando porque el nivel de muchos gallos ha bajado, no por el crecimiento colectivo.

Junto al Barça, el Atlético y sobre todo el Sevilla y el Valencia -no hablemos del Zaragoza- decepcionan. Los atléticos, con una discreta cosecha de 50 puntos en 30 partidos, son cuartos porque alguien tiene que serlo, y su irregularidad puede beneficiar al Racing, ese tapado que le iguala a puntos. El Sevilla se aleja cada vez más de aquel equipo que jugó mejor que ninguno hace un año, despersonalizándose y descendiendo a la ramplonería; y el Valencia ya se centra en la Copa en espera de resetear en verano.

Y esas limitadas prestaciones de muchos de los llamados a tirar de la Liga no hacen sino corroborar lo que ya refleja el discreto rendimiento de los nuestros en Europa esta temporada, que la Liga se está alejando de la Premier League.

Apuntes para aseverar el hecho: ¿cuántos jugadores están jugando a un nivel de crack? Casillas, Agüero... Sobran los dedos de una mano. Uno recuerda con nostalgia los años en que coincidieron Ronaldo, Mijatovic, Suker, Guardiola, Rivaldo, Alfonso o Caminero, por poner un ejemplo. Falta el destello de las estrellas. Messi no sostiene su juego por sus lesiones; Robinho se enciende y se apaga -el domingo pasado fue suplente-; Henry es una versión muy reducida del que jugaba en Highbury; Eto'o trata de reencontrarse tras la lesión y la Copa de África; Villa está arrastrado por la tormenta que padece el Valencia; Daniel, por esa pérdida de identidad que sufre el Sevilla.

Otro apunte que revela una Liga bastante gris: los goleadores. Sólo Luis Fabiano está ofreciendo un rendimiento al nivel de los mejores del continente, como Cristiano Ronaldo o Fernando Torres. Los partidos no disputados han lastrado a Eto'o y Van Nistelrooy, los favoritos al Pichichi el pasado verano. Diego Milito lleva 15, pero cinco de ellos de penalti. Ahora despunta Güiza, un jugador de rachas, que se acerca al récord de Magdaleno en el Mallorca: el jerezano lleva 17 goles, dos menos que el Tronquito al final de la Liga 86-87. Raúl es de los pocos ilustres que plantea batalla en el fabuloso año de O Fabuloso. Él es el crack que ejerce en el líder para que el rumbo del Real Madrid hacia el título no se desvíe. Empata Kanoute y al minuto aparece el faro y guía para evitar que afloraran los fantasmas del día ante el Valencia.

A pesar del permanente gesto de crispación de Schuster, que tiene cara de derrotado siempre en la sala de prensa tras los partidos -y lleva 21 triunfos en 30 jornadas-, el Real Madrid es el más regular. No es ni mucho menos tan bueno como el de la Quinta del Buitre ni como el de la mejor versión de Florentino Pérez -la Roma lo ha dejado patente-, pero su nivel le alcanza para disfrutar de un colchón de seis puntos sobre el segundo. Tal es la vulgaridad generalizada. El único que describe una trayectoria regular es el Villarreal, y por eso es hoy el segundo y se reivindica como el perseguidor más cualificado.

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