Getafe - Betis · La Crónica

Mel sí tiene una varita mágica (2-4)

  • Magistral planteamiento del técnico madrileño, acrecentado con unos cambios afortunados. Cuatro golazos sitúan al Betis en la cuarta plaza. Salva Sevilla desatascó el partido y lo cerró con un gran gol.

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Comentó en una ocasión Gregorio Manzano, a la sazón entrenador del Sevilla, que él no tenía una varita mágica, dando a entender que los entrenadores poseen unos recursos limitados por la calidad de sus futbolistas. Pepe Mel demostró este lunesr, una vez más, que la afirmación del jiennense, al que por cierto dejó sin trabajo tras cierta lección invernal en el Manzanares, no es del todo cierta. Y es que el madrileño sí tiene esa varita mágica. Pero la tiene en el doble sentido que tenerla pudiera entrañar. Mel es un mago y, además, goza de ese aura que acompaña a los grandes y que quienes no saben explicarlo describen como flor, fortuna... 

Si fuese así, mejor que mejor para el Betis. Pero Mel suele tomar las decisiones correctas desde un banquillo y crear el clima adecuado para que la corriente de los partidos discurra, en la mayoría de ocasiones, en favor de su equipo. Encima, cuando pleno de revoluciones, en el fragor de un banquillo, mueve sus peones, lo hace casi siempre para bien. Así se explican el zarpazo del Betis en el estadio de un Getafe al alza y que derrotó en ese mismo feudo al Madrid, la cuarta plaza de los verdiblancos sobrepasado el primer cuarto liguero y algunas cosas más, quizá más de las que se ven en un somero análisis. 

El Betis no cuajó este lunes un partido soberbio en el más extenso sentido del término. Es más, incluso tendió a la discreción. Pero detrás del trabajo de los verdiblancos hay mucha química y, sobre todo, un equipo y un entrenador que saben lo que hacen y a qué juegan. 

Mucha tinta se había vertido, a veces con razón, y mucho verbo fácil arrojado al aire esgrimiendo que este Betis no sabía aún a qué jugaba, que si no era carne ni pescado, que si antes jugaba mejor... Blablablá. Cierto esto último, pero, visto el partido de este lunes, incluso el insulso de días antes en Zorrilla con otros elementos, si algo, más que una evidencia, es un aserto innegociable, es que los verdiblancos tienen muy claros sus principios desde que salen a la yerba. 

En Valladolid faltó atrevimiento, iniciativa, un futbolista que eludiese clichés en pos de que aflorase la calidad. Este lunes lo halló en Salva Sevilla, quien cuajó un partido soberbio, muy por encima de un Beñat apagadísimo que optó por alinearse más con Cañas que con él y provocar así que el empuje azulón fuese acoquinando al Betis tras una puesta en escena prometedora. 

Pero este equipo no se apura por ello. Concede poquísimas ocasiones de gol, los fallos de Paulao y Perquis, que existen, son escasísimos y, además, ha encontrado en Cañas el sostén perfecto por delante y en Adrián, un guardameta que transmite tranquilidad, confianza y sosiego, otro por detrás. 

A eso juega el Betis, a tratar de someter a su rival, como hiciese con el Valencia, y, cuando éste sale respondón, como este Getafe pese a jugar siempre desabrigado por su afición, defenderse como un hombre y aguardar su momento en el partido. A veces lo elige. En otros casos, es cierto, necesita algo que lo reactive. 

Este lunes fue su entrenador. Porque el Betis, siempre de más a menos, andaba perdido y deambulando por el césped en los inicios del segundo período cuando Mel sacó la varita y dio entrada a Jorge Molina. El efecto fue inmediato porque éste marcó en el primer balón que tocó. Pero nada casual. Rubén Castro cayó a la derecha y Salva Sevilla vio nuevas líneas de pase. Así se gestó el 0-1. Y, tras el 1-1, cuando sobraba Beñat y el cambio ya estaba preparado, surgió el golpe afortunado, la falta de Barrada a Juan Carlos que postergó el relevo del vasco para que éste dejase el campo con un golazo de libre directo. 

Calidad, en definitiva. La que posee este nuevo Betis al que le faltan ajustes pero en el que el técnico va juntando a los mejores en el once. Es la receta, muy sencilla y por eso quizá poco creíble: defenderse con orden, que el futbolista no se extralimite y sea consciente de sus posibilidades y elegir los momentos del partido. 

Porque hay otra cualidad que ya afloró en el estreno en San Mamés, y es que el equipo tiene pegada y efectividad. En cuanto desaparecieron los nervios, la precipitación inicial en el mediocampo que lo sacó del partido, Salva Sevilla cogió el compás, esta vez sí, y activó a los hombres de ataque. Un gol, dos y hasta cuatro. Así poco importa que el partido se abra y la zaga conceda más de la cuenta, que este Betis vive igual en un partido académico que en el alboroto. Señal de equipo cuajado.

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