Nosa Igiebor y su cambio radical de rol en sólo una semana

  • En Los Cármenes pudo haber dicho adiós al Betis y siete días después le dio vida al equipo en el derbi.

Es un futbolista atípico. Heterodoxo a más no poder, el nigeriano Emmanuel Nosakhare Igiebor (9 de noviembre de 1990, Abuya) llegó en verano al Betis como el fichaje estrella de la temporada -costó un millón de euros- cuando, por lo visto, apenas es un diamante por pulir que, eso sí, ha hallado al mejor maestro para la tarea en su entrenador, Pepe Mel.

De otro lado no se explica la confianza ciega que a la fecha ha depositado en el controvertido futbolista africano. Tras ese retraso de casi un mes en regresar de la Copa de África -la sanción rondaría los 20.000 euros-, Mel, con apenas cinco días de entrenamiento, se lo llevó a Mestalla y le dio los últimos diez minutos. Llevaba más de dos meses lejos de la disciplina verdiblanca, desde que jugase en La Romareda como titular frente al Zaragoza, pero al técnico no le importaron siquiera sus actos de indisciplina. Son problemas entre el club y el trabajador, cree Mel en estos casos, quien sólo piensa en lo mejor para el equipo.

El caso es que con el 4-4-2, al nigeriano no le queda otra que aprovechar suplencias, como en el derbi, o luchar por desbancar a Cañas, nada difícil visto el rendimiento último del roteño.

En Los Cármenes, sin embargo, ofició como titular ante la ausencia por sanción de Beñat. Y pudo ser el último partido en el Betis de Nosa Igiebor, quien ya se las tuvo tiesas con sus borceguíes en su debut en Zorrilla frente al Valladolid, circunstancia que lo marcará para siempre.

Lo de hace dos viernes frente al Granada fue más grave y sirve también para definir a un futbolista al que le falta hoy más de un hervor. A los 20 segundos de partido se jugó su expulsión con una entrada peligrosísima sobre un rival con el pie en alto y a más velocidad de la que requería la jugada. El color de la tarjeta fue amarillo como pudo ser rojo. El Betis acabó ganando 1-5 y el incidente pasó casi desapercibido. ¿Cuál hubiera sido la suerte del equipo y del propio Nosa en él de haber sido expulsado?

La respuesta pertenece al reino de las incógnitas, pero posiblemente su equipo hubiese perdido y al nigeriano lo hubiesen crucificado. Sin ser así, parte de la grada ya lo increpó una semana después cuando calentaba. Claro que, acostumbrado a cimas y simas, Nosa marcó el gol que evitó la debacle bética y se lo dedicó a sus detractores con una peineta.

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