Caja Laboral - Cajasol · la crónica

Paciencia, esa palabra fetiche

  • El Baskonia resolvió el duelo en 10 minutos Problemas La falta de intensidad defensiva es preocupante.

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Paciencia. Esa palabra tan repetida a lo largo del verano por los rectores y el técnico cajista va tomando su dimensión real. Paciencia. ¿Pero cuánta? Después de la primera derrota con el Murcia de la primera jornada uno ya pudo imaginar que el comienzo no sería fácil. Después de perder el partido en Vitoria en apenas 10 minutos, lo que duró el primer cuarto, con un ataque nulo de ideas y una defensa carente de la más mínima intensidad, la paciencia se convierte en la esperanza a la que agarrarse. Eso, y el propio Aíto García Reneses, al que le sobra aún el crédito por su bagaje, para hacer funcionar un equipo imberbe que debe, eso sí, ganar en madurez a pasos acelerados. 

No hubo demasiado historia en el Buesa Arena, pues en apenas un rato el Baskonia dejó muestras de su superioridad para romper (y ganar) el encuentro con un parcial de 17-0 (19-4). Las causas, muchas (juventud, inexperiencia, falta de rodaje...), pero el balance ataque-defensa en un equipo aún muy verde lo resume todo. Sin defensa no se puede atacar. 

Apenas un pívot baskonista, que se hizo dueño de la pintura, y las rápidas transiciones que acababan con cómodos tiros abiertos desde el perímetro destrozaron al Cajasol. Lampe, como en la final de la Eurocup de Treviso, entraba como Pedro por su casa en la zona visitante mientras que Oleson martilleaba desde fuera la canasta hispalense, casi siempre sin oposición. Como Nocioni, que penetraba más preocupado de marcar los pasos que de tener que driblar a los rivales. Entre unas cosas y otras, los locales se encontraron con 19-4 (desde el 2-4) a favor que noqueó de golpe al conjunto hispalense. 

Al final del primer acto (30-13) todo estaba resuelto, ya que a los problemas atrás se sumaron las dificultades para generar buenos lanzamientos. Como ante el UCAM Murcia, el ataque cajista fue degenerando hasta que cada uno comenzó a hacer la guerra por su cuenta y más de una, dos y tres veces las posesiones acaban tirando sobre la bocina, desde posiciones imposibles, sin que el balón tocase ni el tablero ni el aro. 

Aíto regañaba a los suyos pidiéndoles que en los bloqueos indirectos no cambiasen las defensas, sino que cada uno siguiese a su par pasando por detrás, pero parecía que a la pista no llegaban las instrucciones. ¿Más soluciones? El banquillo tampoco era una opción. Bogdanovic anda desencantado y parece que no tiene la libertad de antes, Tepic se pierde con su nueva labor de dirigir y no saca réditos de su mejor faceta, la de penetrador, y a Burjanadze no se le puede pedir más. No nay más cera que la que arde. 

En el minuto 12 el Caja Laboral ya doblaba en el marcador a su rival (32-16), ayudado por un elevadísimo acierto anotador y la escasa resistencia visitante. Ni siquiera los triples de Sastre (dos consecutivos) sirvieron para dar vida al equipo y al encuentro, porque los de Ivanovic contestaban siempre de inmediato. De hecho, los alaveses dejaron de exprimirse en defensa conscientes de que entre su calidad y las facilidades que daban los sevillanos la respuesta en la canasta andaluza estaba asegurada. San Emeterio puso la réplica a los triples del balear y el Cajasol se fue a los vestuarios con la cabeza agachada y 18 puntos abajo en el marcador, todavía intentando algún alley oop que sobraba antes de que Satoransky, en una buena acción individual, pusiese el 50-32. 

Malas sensaciones. El partido ya estaba perdido, sí, pero al menos el equipo debía tirar de casta y garra para mostrar que está vivo. Que no es indolencia lo que se ve sobre el parqué, sino falta de acierto, de trabajo, de suerte (ante el Murcia muchos lanzamientos, algunos clave, se salieron de dentro)... O simplemente que lo que se ve es lo que hay, pero cada jugador debe dejarse hasta el último gramo de fuerza en la cancha. Es lo mínimo. 

Y algo de eso sí se vio en el segundo tiempo. Cierto es que los de Ivanovic levantaron el pie del acelerador (las imprecisiones se multiplicaban en las dos canastas) y que la derrota volaba ya hacia Sevilla, pero la actitud fue otra, sin llegar en ningún momento a poner en peligro el triunfo vasco, pero al menos hubo quien mostró algo de orgullo. Apareció, al menos fugazmente, Tepic, con dos buenas canastas que, sumadas a un triple lejano de Bogdanovic, firmaron un 0-7 (58-44) aún con 12 minutos por jugarse. 

Y no es que el Cajasol fuese a remontar, pero sí que pudo ponerle salsa a un duelo descafeinado. Pero ni por ésas. Llegó a ponerse a 13 puntos (60-47) con un tiro libre de Burjanadze, pero las deficiencias ahora del equipo son tantas que si no es por un lado, hace aguas por otro. Tampoco la defensa zonal propuesta por Aíto sirvió para nada. Al primer intento (ya en el último cuarto), triple de Oleson. Al segundo, canasta fácil bajo el aro de Nemanja Bjelica; y al tercero, triple del propio serbio con Holland algo desorientado. 

Incluso Lampe, ya al final, se dio el lujo de anotar un triple y completar sus estadísticas, justo antes de que el cinco rival, Triguero, lograse su primera canasta del choque a 50 segundos de la conclusión del partido. Eso lo dice todo. 

Dos partidos, dos derrotas, encajando 93 y 90 puntos, respectivamente. Hay mucho que trabajar y corregir, evidentemente, pero todo pasa por ajustar la defensa y dejar de encajar parciales que hunden a cualquiera. Lo mejor es que quedan 36 jornadas por delante y que sólo cabe mejorar. Hay que ser pacientes, no queda otra, aunque la paciencia tiene un límite.

Ficha técnica:

90 - Caja Laboral (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14)-cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12), Causeur (12).

70 - Cajasol (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11), Balvin (5).

Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (m. 36), Holland (m. 38).

Incidencias: partido de la segunda jornada de Liga Endesa, disputado en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.412 espectadores, según datos del club.

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