Pasado viciado, presente sano

  • El ambiente que se respira en la expedición verdiblanca es extraordinario. El mejor ejemplo es ver la alegría con la que Miguel Guillén acudió al entrenamiento matutino.

La concentración en Nuevo Portil no tiene nada que ver a la de hace dos años, con los tristes capítulos que tuvo que sufrir el beticismo con la llegada de Luis Oliver en los estertores del loperismo. El ambiente que se respira en la expedición verdiblanca es extraordinario. El mejor ejemplo es ver la alegría con la que Miguel Guillén acudió al entrenamiento matutino, dialogando en tono de humor con Pepe Mel y José Luis Acuña, utillero conocido como el Curita. Incluso, durante las sesiones de trabajo a los futbolistas se los ve concentrados en el trabajo y, por momentos, dicen alguna broma con la que hacer más ameno el duro esfuerzo físico.

Una vez acaban el trabajo, los jugadores no tienen ningún reparo en firmar autógrafos y hacerse fotos con los jóvenes aficionados que a las diez de la mañana y a las siete de la tarde se dan cita en el campo de fútbol para ver in directo a sus ídolos. Los buenos gestos entre lor propios futbolistas no faltan, incluso durante el trabajo sobre la hierba. Después, éstos demuestran en el hotel su buena relación. Por un lado, los canteranos como Álex Martínez, Súper y Pozuelo están siempre juntos y no dudan en sentarse a dialogar con otros como Jorge Molina, Rubén Castro, Beñat, Fabricio y Cañas. El roteño y el vasco, inseparables, generan alegría allá por el sitio que pasan, y eso contagia a los nuevos, Campbell y Agra. El costarricense y el portugués han encajado, perfectamente, en el vestuario. Lo mismo ocurre con Juan Carlos y Rubén Pérez, muy integrados ya.

Incluso, futbolistas que podrían salir, como Salva Sevilla y Jonathan Pereira, no tuercen el gesto y trabajan por igual. La alegría reina en el nuevo Betis, que ha dejado atrás desagradables episodios. El manteo a Dorado por su trigésimo cumpleaños es otro ejemplo.

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