Pese a todo, ahí está

  • Sufrimiento El Sevilla da un importante paso al frente tras imponerse al colista Levante en un partido incierto hasta el final Sin control Los sevillistas no transmitieron casi nunca sensación de superioridad

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Triunfo de incalculable valor para el Sevilla en su afán de volver a engancharse a una pelea que es la suya. El conjunto de Manolo Jiménez sufrió, cierto, pero al final sumó tres puntos indispensables para iniciar este tramo final en el que, afortunadamente para su físico y desgraciadamente para sus aspiraciones iniciales, volverá a jugar de domingo en domingo. Es verdad que los padecimientos fueron excesivos, sobre todo porque enfrente estaba el colista, el Levante, y no el también azulgrana Barcelona; a eso nadie podrá poner la más mínima objeción, pero a la hora del último recuento todos se habrán enfrentado también al cuadro valenciano y estos tres puntos podrían tener una trascendencia vital.

La clasificación no engaña y el Sevilla, a pesar de todo lo que le ha sucedido durante el presente curso, encara el tramo definitivo a sólo dos puntos de la Liga de Campeones, otrora un objetivo de difícil consecución y ahora una obligación inexcusable al parecer. Pero el fútbol es así y tampoco se trata de reinventarlo semana a semana, lo mejor es adoptar una política camaleónica, cambiar de color cuando sea menester, y sencillamente adaptarse al medio, léase ese entorno que tan bien definiera Johan Cruyff en los tiempos en los que construyó el maravilloso dream team.

A eso, por tanto, deberá acostumbrarse Manolo Jiménez si quiere hacer carrera como entrenador no ya del Sevilla sino de Primera División. Y dicho lo cual, cabe reprocharle algo trascendente al técnico que naciera en Arahal. La premisa principal para transmitir seguridad es ser consecuente con las ideas propias, no alejarse jamás del camino que se ha trazado cada uno por mucho que sufra envites desde todos los puntos cardinales. Por ello no tiene explicación que Kanoute, Luis Fabiano y Jesús Navas acabaran ayer sobre la hierba a pesar de la evidente falta de frescura que transmitían y de la escasa ayuda que ya prestaban a los intereses de su equipo. Y Diego Capel se fue sólo cinco minutos antes del final...

Un entrenador tiene que estar muy por encima de ser acusado de dar un paso atrás y del enfado que pueda originar en uno de los suyos cuando decide que éste abandone el terreno de juego. Los casos de Kanoute, frente al Barcelona, y de Luis Fabiano, ante el Fenerbahçe, tal vez no obtuvieran una respuesta eficaz por las circunstancias que fueran, pero está claro que el manual de los entrenadores indica que un delantero, si se vacía durante una hora de juego, debe dejar su puesto a otro compañero para que éste se encargue de refrescar al resto del colectivo. En caso de no haberse desgastado el titular, mala señal sería, pues estaría a medio camino entre un nulo trabajo y una tarea para el lucimiento propio. De idéntica forma cabe expresarse respecto a esos extremos con los que sale el Sevilla de Jiménez y que rara vez acuden en apoyo de la pareja de medios centro para ejecutar las encomendaciones menos lustrosas.

Pero no, a pesar de los síntomas evidentes de asfixia, entre otras cosas por el esfuerzo de los 120 minutos del pasado martes, los cuatro delanteros eran mantenidos por Jiménez hasta el último momento. Cabe esperar, de cualquier manera, que la decisión se debiera a esos problemas físicos que lo obligaron a sacar del campo a Dragutinovic antes de tiempo o a cualquier otra pequeña lesión que pudiera padecer algunos de sus hombres de atrás, pues en caso contrario tendría que ver con el valor de tomar una decisión impopular ya sea para la grada o para el propio futbolista individualmente. Jiménez, indudablemente, se merece que le otorguen la potestad de ser él quien mejor conoce el estado de su plantilla.

Que así sea, pues, sobre todo porque el Sevilla fue capaz de sumar finalmente los tres puntos que estaban en juego y eso, al menos en casos tan señalados por las circunstancias que lo rodean, es lo único que tiene trascendencia al final del curso. El conjunto nervionense amenazaba con depresión, hasta palabras mayores se llegaron a utilizar en las previas en caso de no ganar, y el final de la jornada indica que su paso adelante ha sido trascendental. Sobre todo si se tiene en cuenta que en el minuto 4 ya había encajado el primer gol del Levante.

El grupo de blanco, sin embargo, siguió creyendo en sí mismo y encerró al colista en torno a Kujovic. El fútbol no fue tan rápido como otras veces, pero sí los conceptos, con toques por el centro y aperturas hacia las bandas. Por ahí precisamente llegaron los dos goles que remontaron el tanto de Riga. Keita y Luis Fabiano se encargaron de ejecutar la tarea para, paradójicamente, dar paso al tramo de mayor sufrimiento para los locales. Porque la psicosis es evidente entre las filas sevillistas e incluso no vale de nada que el equipo de Jiménez sea el mejor de la Liga en toda la segunda vuelta. Cosas del fútbol y de sus análisis, pero el Sevilla salió ileso del arreón final del colista y a pesar de los pesares, ahí está, a dos puntos de los puestos que conducen a la Liga de Campeones.

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