Pregón íntegro de Monchi

  • Texto íntegro pregonado por el director deportivo del Sevilla, Ramón Rodríguez Verdejo 'Monchi', para presentar la LV edición del trofeo Carranza

Exma Alcaldesa de Cádiz, autoridades de la ciudad, Presidente y consejeros del Cádiz C.F, amigos y familiares, señoras y señores

Buenas noches,

Me imagino que lo primero que debo hacer es agradecer al Ayuntamiento de Cádiz y al Presidente del Cádiz el detalle de haberme elegido para tener el honor de pregonar la LV edición del Trofeo Carranza; pero antes de eso y sin que se me tache de maleducado, me gustaría explicaros lo que me ha pasado en las últimas semanas desde que se hizo público mi nombramiento como pregonero del Trofeo.

Como sabéis, a parte de ejercer de cañaílla y gaditano por donde quiera que voy, profesionalmente soy Director Deportivo del Sevilla F.C. y en la época del año en la que estamos inmersos, Windows transfer, ventana de transferencia o periodo de fichajes, como ustedes prefieran llamarlo, necesitaría que las horas tuvieran al menos 70 minutos, los días más de 26 horas y las semanas entre 9 y diez días, porque así podría cumplir por alguna vez con todo lo que mi agenda me recuerda continuamente que he anotado en ella, pero como afortunada o lamentablemente esto no es así, me falta tiempo casi hasta para respirar.

En ese contexto de agobio laboral continuo y llevado por ese dicho de que “no hagas hoy lo que puedas hacer mañana”, los días, desde aquel en que Antonio Muñoz me llamó, para darme la buena nueva, han ido pasando inexorablemente sin ningún tipo de piedad hasta llegar al día de hoy, así que esta mañana, cuando me he levantado y me he dicho: “ha llegado el momento” y he comprobado que mis alforjas estaban tan vacías como el primer día, rápidamente me he preguntado: ¿qué hago yo ahora?

Un abanico de posibilidades se han abierto ante mi, opciones a cual de ellas menos indicada, entre ese abanicos de posibilidades inverosímiles destacan por lo inadecuado y fuera de lugar, la opción de improvisar como el bueno de Bertin Osborne o la aun más descabellada de cantar, como si del gallinero del Falla se tratara, todos juntos el pasodoble de los pepperoni o la muy socorrida solución de tirar de wikipedia y soltar un rollo histórico de una hora y media… etc etc etc… pero, como ninguna de ellas me convencía comencé a darle vueltas al coco y se me ocurrió que como a estas alturas no iba a tener tiempo material de presentar algo al nivel de las circunstancias, lo mejor era buscar ayuda, colaboradores que en una mañana, ésta, la de hoy, pudieran suministrarme información suficiente como para que ahora consiguiera cumplir, aunque sea con aprobado raspón, el examen al que me someto ante tan nutrido profesorado.

Y con ese pensamiento me he venido bien tempranito para Cádiz, con la firme idea de apoyar mi oratoria de esta noche en lo que pudiera extraer de conversaciones con gaditanos de pro, embajadores internos de Cai, esas cosas que representan señas de identidad de nuestra ciudad, esencias gaditanas que hablan por si sola de lo bello que es Cádiz, ésas que de forma paralela a la historia de la ciudad han sido testigos de todo lo relacionado con la Tacita.

Primero, y por eso de venir de Sevilla, mi primer “entrevistado” ha sido el puente, el puente que une a Cádiz con el resto del mundo, bueno con todo el mundo no…… con mi Isla, no, con ella se da la mano a través del río Arillo. El puente José León de Carranza, el centinela eterno de la villa, el vigía protector de la ciudad. No ha sido fácil hablar con él ya que anda algo mosqueado porque se ha enterado de que van a hacer otro puente y que él va a dejar de ser el niño mimado, que la familia aumenta y ya el no será hijo único.

Reacio al principio, yo le he dado un poco de coba, diciéndole que no se preocupe, que seguirá siendo el niño bonito de los gaditanos, que como el primero ninguno, y que el es y siempre será “el puente”. Con ese poquito de coba se me ha ido abriendo y ha empezado a contarme sus experiencias. Él mejor que nadie sabe decirme todo lo bueno que ha venido por aquí, ya que la mayoría de los llegados a Cádiz para el trofeo han pasado por él, y me ha hablado de equipos de renombre, de jugadores de ensueños, de entrenadores mundialistas, de presidentes visionarios, de aficiones universales… A pesar de que por edad, no olvidemos que el puente es mas joven que el propio Trofeo, de hecho en este 2009 cumple 40 años cuando el trofeo anda por los 55, pues a pesar de su “juventud” ha sabido contarme multitud de anécdotas e historias, con las que podría escribir un libro, muchas de ellas se las había contado a él, los viejos del lugar, esos que día tras día y noche tras noche, pasaban horas y horas pescando desde sus barandas. De los muchos datos que he sacado de nuestra conversación me quedo con dos especialmente llamativos, la inauguración del Trofeo y la famosa tanda de penaltis del 62. Así me ha contado cómo se creó el Trofeo en el año 1955, de manos del entonces Alcalde de la ciudad, D. José León de Carranza, auspiciado por Vicente del Moral, Delegado de Fiestas en aquel entonces y por el presidente del Cádiz de ese año, Juan Ramón Cilleruelo, teniendo como principal lema “mejorar y dar renombre a la ciudad”. Según me dice el puente, esa edición la ganó el Sevilla F.C.

También me he terminado enterando en esa entrañable conversación, que la edición del 62, ha pasado a la historia porque en ella fue la primera vez que un partido finalizado en empate se resolvía en una tanda de penaltis. La idea fue del gaditano Rafael Ballester, gran colaborador por aquel entonces de la organización del Trofeo, sistema que posteriormente fue adoptado por FIFA como medida más justa para la resolución de los empates. Por tanto, fue el Trofeo Carranza quién exporto la tanda de penaltis al resto del mundo, otra cosa más que hemos exportados y van…

Bueno, en un tono muy entrañable he continuado la conversación, hasta que he tenido que cortar porque el tiempo apremiaba y debía continuar mi periplo.

Me he despedido del puente para dirigirme al paseo Marítimo. He bajado a la playa, y allí entre arena, sombrillas, neveras y cubos de arenas, oliendo a tortillas, pimientos asados y tintos de verano, y oyendo de fondo las “dulce voces” de las madres gaditanas con esos sones tan especiales “Jonathan ten cuidao, no te metas tan padentro”, “Desiré ponte crema que te vas a quemar y te van a salir bojas”. Allí en ese ambiente de gladiador de la Caleta, como diría el bueno de Manolín Galvez, me he sentado en la orilla dispuesto a empaparme de lo que la playa victoria me podía aportar. Y claro, hemos hablado de las Barbacoas… en mitad de la conversación ha aparecido su homóloga la Caleta, y entre las dos me han explicado que decir Trofeo Carranza, es desde un tiempo para acá, decir también barbacoas en la playa, allí en el espacio que del litoral atlántico ocupan las playas de la Victoria y La Caleta con un techo colmado de estrellas, un hervidero de gentes unidas por el buen ambiente y sin distinción de clases sociales, se reúnen multitud de amigos y amigas, junto al calor que emana de las barbacoas; y entre chuletitas, pinchitos, vasos de sangría y cerveza, disfrutan de una velada que para muchos durará hasta que brillen los primeros rayos de sol. Las barbacoas y el Trofeo Carranza cuando llega agosto, viven una auténtica simbiosis, una simbiosis de una noche de verano, una sola noche que vale por mil madrugadas. Barbacoas y Trofeo son dos en uno, son como el sol y el verano, el verano y el mar, el mar y la Caleta, la caleta y el Falla, el Falla y el Carnaval, el Carnaval y la chirigota, la chirigota y la familia Pepperonni. La familia Pepperoni y me han dicho que el amarillo, el amarillo y la afición del Cádiz, el Cádiz CF y Cai, Cai y la gracia y el arte. Arte, que reboza en las barbacoas de Carranza en cada grano de arena de las playas de la Victoria y de la Caleta.

Sin solución de continuidad, me he despedido de mi dos “asesoras” y desde el Paseo Marítimo de Cádiz, me he ido Caleta abajo, hacia el Falla. Siendo carnavalero como soy, sería un sacrilegio, un insulto a mi mismo, no saludar al Teatro Falla. Me he parado poco tiempo porque él andaba liado con no sé qué conciertos de verano, cosas que a él no le gustan, porque a él lo que le gusta es el Carnaval… pero las exigencias del guión mandan. Me he presentado, congeniamos pronto y con mucha melancolía y por momentos, emocionado, me ha hablado de algo que él conoce como nadie, aunque desde otro punto de vista: de la afición del Cádiz CF, su principal baluarte. Ésa que con su apoyo ha conseguido que el Trofeo, cuando las vacas flacas han aparecido en forma de crisis , aguante temporales y borrascas de todo tipo, de fuera y de dentro de Cádiz, ésa afición que inunda de amarillo cualquier campo de España donde juegue su equipo, por muchos kilómetros que lo separen de Cortadura, ésa que con su simpatía se ha ganado al resto del planeta, consiguiendo que el Cádiz, sea un equipo universal, universal en respeto, universal en dimensión y, sobre todo, universal en cariño.

He dejado el templo de los ladrillos coloraos y rodeando Cádiz me he dirigido hacia mi siguiente destino. Pero no he querido cortar camino, sino que a conciencia he tomado por la ruta más larga para empaparme de Cai, para respirar Cai, en su perfil menos oriental, por donde se va el Levante y entra el Poniente, por donde Cai se hace más occidental si cabe.

Así, he paseado un rato por la Alameda Apodaca, desde donde la Tacita saluda a los pueblos de su Bahía, he continuado caminando, dirección al muelle, oliendo cada vez más a Cai, y así he comenzado a divisar los barcos que en esta mañana calurosa permanecían anclados en el Puerto, y me he preguntado si algunos de esos equipos que en la historia de nuestro Trofeo vinieron cruzando el charco, utilizaron para ello, esta vía de transporte.

No sé si los uruguayos de Peñarol o Nacional; o sus vecinos argentinos de River Plate, San Lorenzo, Independiente, Estudiantes de la Plata o Boca Juniors; o los equipos de la patria de Pelé, Flamengo Corinthians, Vasco de Gama, Palmeiras, Botafogo, Santos, Gremio, Atlético Mineiro o el mexicano españolizado del Atlético Celaya, cruzaron el atlántico por el mar, ese mar que geográficamente y también sentimentalmente ha unido a Cai con el nuevo continente. Imagino que no, que vendrían surcando los aires, pero me ha parecido tan romántico que equipos de tanta alcurnia llegaran a nuestra ciudad por esta vía, que me apetecía imaginarlo. No he podido parar, el tiempo me ha ido ganando terreno y la hora h se ha ido asomando en el reloj. Por tanto, he continuado mi excursión.

Subiendo la cuesta de las Calesas, nexo de unión entre el Cádiz antiguo y el Cádiz moderno, he llegado a las Puertas de tierras, reducto de la muralla que tiempo atrás rodeaba Cádiz. Allí me he parado, he creído obligatorio hacerlo, no podía obviar la opinión de quien históricamente ha salvaguardado la entidad de Cádiz, el lugar donde los cadistas dejan rienda suelta a sus instintos más amarillos cuando de celebrar algún hito deportivo de su Cádiz CF se trata. Allí en la frontera del anciano Cádiz con el joven Cádiz, he querido adentrarme en la presente edición, por eso le he propuesto a las Puertas de tierras que me hablaran del presente, de esta edición del Trofeo, y así me he enterado de que este año el cartel es puramente nacional, como las tres últimas ediciones. Pero con mucho arte, me han avisado de que a pesar de que los cuatros equipos pertenecen a ciudades de dentro de la piel de toro, al mismo tiempo se puede decir que es un cartel muy europeo, porque tres de los cuatro equipos juegan esta temporada competición europea, y el cuarto, el Cádiz CF, no la juega por solidaridad con sus aficionados, ya que con lo chunga que está la cosa con la crisis, jugar en Europa, no hay bolsillo cadista que lo resista, así que lo hemos dejado para cuando la cosa esté un poco más boyante y en el bolsillo, a parte de telarañas, haya algo de parné.

Por tanto, cuatro equipos de dentro de nuestras fronteras, intentarán llevarse para sus vitrinas el Trofeo de los trofeos. Deportivo, Cádiz, Valencia y Sevilla intentarán en buena lid, alzarse con la LV edición del Trofeo Carranza.

Deportivo, luchando en el presente por revivir el pasado para volver a tocar la gloria en el futuro; Valencia, alternativa de poder histórica, alternativa al bipartidismo, rebelde con causa; Sevilla, mi equipo, mi vida, el equipo de la casta y el coraje, el ganador de la primera edición y de la última… Y el Cádiz, recién ascendido de división, no de categoría, porque ésa nunca la perdió, un Cádiz remozado, con nuevas fronteras que alcanzar en este duro caminar de la 2ª División.

Tras debatir y discutir un poco de fútbol con las puertas de tierras, he tirado avenida arriba hacia el Estadio, una vez allí me he sentado en la tribuna, y en ese bello marco me he puesto a excavar en mis recuerdos, he comenzado a bucear dentro de mi, para extraer de mi memoria RAM todo aquello relacionado con el Trofeo, y he empezado a recordar a ese niño que de pequeño, en la playa de Santibáñez, entre baño y baño, se pegaba a una radio, para a través de las voces de Pedreño y de Pepe Benítez, , utilizando las ondas como confidente, intentaba imaginarse lo que en el césped ocurría, hacerse un dibujo lo mas real posible de lo que en aquellos instante ocurría en el Estadio, para después, junto a mis amigos de entonces, improvisar en la arena de la playa un estadio Carranza y emular a nuestros ídolos, jugando partidos eternos, hasta que rendido por el cansancio volvíamos para La ISLA.

En esos recuerdos que iba sacando poco a poco de mi interior, no podía faltar, aquellos que me traen al presente, los días en los que, cuando ya algo mas mayor, con mi hermano Manolín y mi tío Paco, íbamos al Trofeo a Fondo Norte, a ver al Atlético, (mi equipo de entonces), a ese Atlético, que por entonces ya era Pupas de Luis, Leivinha, Luiz Pereira, Gárate, Ayala…

Luego cuando el Cádiz le dio mas lustre al Trofeo con su participación, ya íbamos a verlo a él, al Cádiz, a ese Cádiz de Pepe Mejías, de Carmelo, de Linares, de Mágico, a ese Cádiz de ensueño, a ese Cádiz de D. Manuel de Irigoyen.

He seguido sentado en la grada un buen rato más porque los recuerdos han seguido brotando y no han dejado de brotar ni un instante y así ha aparecido, como si de una foto se tratara, esa imagen en la que el niño que yo era en la playa, se convirtió en actor principal, en la edición de 1991. En esa foto de mi memoria, el estadio ya no era la playa, era el césped del Carranza, y esa ilusión de chaval dejo de ser una quimera para hacerse real, y ahí estaba yo, jugando un Carranza, mi sueño de niño hecho realidad. Ya no hacía falta radio, ni entrada de gol norte, ahora era yo el que estaba ahí. Pedreño hablaba de mí y los de Fondo Norte me veían a mí, no se puede pedir más.

Pero ahí no queda la cosa. De nuevo los recuerdos me tenían guardado una nueva sorpresa, el destino, caprichoso como pocos, quiso que mi bautizo como director deportivo con el Trofeo, fuera ni más ni menos que en mi pueblo, fue en la L edición, aquella que por no estar el césped del Carranza en buenas condiciones, el Trofeo se traslado a San Fernando y para que la cosa no quedara ahí, además tuvimos la fortuna de ganarla. Por tanto, me puedo considerar un privilegiado por haber vivido el Trofeo desde tres puntos de vista: como aficionado, de pequeño, como jugador y como director deportivo.

Una vez finalizada mi Vueltecita Gaditana y extraído los recuerdos de mi interior, vamos poniendo fin a esta locución, que espero que no haya sido cansina.

Pero para cerrar por completo el círculo, el circulo que forma el aficionado, el jugador y el director deportivo, faltaba algo que jamás pude pensar que llegaría, y he ahí, que a pesar de mi incredulidad, ha llegado y hoy estoy aquí, como pregonero, y ahora sí, ahora es el momento de dar las gracias, gracias de corazón al Ayuntamiento de Cádiz, en la persona de su alcaldesa, Doña Teofila Martínez y al Cádiz CF, y en su nombre a D. Antonio Muñoz. Un millón de gracias, gracias como cañaílla y gaditano, gracias como gaditano en el exilio, exilio dulce, pero al fin y al cabo exilio, gracias por hacerme sentir hoy más gaditano que nunca, hoy soy igual de gaditano que Columela, Falla, Pericón, Fermín Salvochea o la Tía Norica.

Gracias por darme la oportunidad de pregonar el Trofeo de los trofeos, el Trofeo que de niño yo soñaba con ver y que el futuro ha querido que rodeado de los míos, los que están aquí y los que están arriba, pregone, pregone aquí en la casa de todos los gaditanos.

Que el árbitro indique el comienzo del partido, que ruede el balón y que la LV edición del Trofeo Carranza comience su andadura.

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