Prismáticos y olor a comida

  • Un buen número de aficionados se quejó de la falta de visibilidad en sus localidades y por el humo de las cocinas

"¡Esto no puede ser!", exclamó Cristian. Por enésima vez, la definición de un punto del partido entre Nadal y Mónaco se perdía entre las lonas verdes que bordean las cancha de tenis y las columnas que sostienen el techo. La búsqueda del récord de asistencia en el Estadio de la Cartuja para la final permitió un gran ambiente desde las gradas, aunque también significó la venta de ubicaciones insólitas.

Unas 6.000 entradas del estadio hispalense fueron puestas a la venta en el último momento, con la idea de poder alcanzar el total de 27.500 asistentes y romper la plusmarca de espectadores en un partido oficial de tenis.

El problema para esos aficionados de "último momento" era que sus butacas quedaban ubicadas en las denominadas "zonas de visibilidad reducida": asientos en los que apenas se podía ver poco más que la cancha. Y muy, pero muy lejos de los tenistas. No era mala idea llevar prismáticos.

"Esto es una vergüenza. Estos abonos ni siquiera se tendrían que vender", se quejó Juan Carlos, un residente en Valencia que incluso se movió más de tres veces de ubicación en la grada para poder encontrar el mejor ángulo de visión. O el menos malo.

El precio de las entradas con "visibilidad reducida" osciló entre los 75 y 150 euros y aquellos aficionados que compraron los abonos ni siquiera dispusieron de pantallas gigantes para poder ver por otras vías las zonas "invisibles" de la cancha.

Así y todo, algunos de los hinchas que pagaron las entradas más caras también se toparon con contratiempos en la primera jornada de la final.

Justo antes de iniciarse el cuarto juego del primer set entre Nadal y Mónaco, un grupo de 20 personas sentadas en ubicaciones de 390 euros se quejaron a gritos, e incluso llegaron a impedir que Nadal sacara. ¿El motivo? El humo de las cocinas de los pasillos internos apareció en las bocas de las tribunas, formando una especie de sauna con aroma a hamburguesas.

La primera jornada de la final estuvo marcada por algunos desconciertos organizativos en el recinto, un estadio de fútbol al que se le injertó una final de Copa Davis. Desde las goteras en el techo de la cancha hasta la mezcla de butacas de prensa y aficionados, y la confusión para poder encontrar el sitio correspondiente a los abonos. Los aficionados argentinos también sufrieron problemas con sus localidades. Un numeroso grupo de hinchas albicelestes fue movilizado 14 filas hacia arriba respecto a sus ubicaciones originales, hecho que produjo quejas de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) hacia su homónima española y la ITF.

"No pudimos hacer nada. A uno de los grupos de argentinos los subieron a lo más alto de la tribuna y quedó una especie de sándwich, con los hinchas españoles en el medio", afirmó Héctor Romani, vicepresidente de la entidad argentina, que lleva días de discusiones y tensiones con la Federación Española (RFET).

Tras el primer partido, la ITF (Federación Internacional) no pudo confirmar lo anunciado el jueves, que se superarían los 27.200 espectadores récord de Sevilla 2004. Y en pleno desarrollo de la final varias instalaciones temporales en el estadio se veían a medio terminar. "Está muy bien el estadio, pero se ve muy mal. El marcador apenas se ve y estoy contando los puntos con los dedos", se resignó una espectadora mientras era entrevistada por TVE.

Mientras los tenistas aportaron la intensidad del juego y los hinchas de España y Argentina, el calor, el estadio perdió claramente en el primer día.

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