Renovarse o morir

  • El Barcelona, hundido tras la hecatombe en Múnich, ofrece síntomas de agotamiento mental y físico Se impone un giro para seguir en la jerarquía

Pese a que el juego y los títulos le otorgaron ya un lugar que nadie podrá quitarle entre los mejores equipos del mundo, el gran Barcelona de los últimos años deberá tomar decisiones difíciles en los próximos meses si quiere luchar por mantener la jerarquía en el fútbol.

El entrenador, los jugadores, los dirigentes, incluso la filosofía: todo se pone en cuestión cuando un equipo encaja una derrota como el 4-0 que se llevó el Barça de Múnich en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones ante el Bayern.

"Fin de ciclo", "paliza histórica", "aplastado" o "moribundo" fueron sólo algunas de las palabras utilizadas por la prensa en todo el mundo para describir la situación del conjunto azulgrana, que entre 2008 y 2012, bajo el mando de Pep Guardiola, ganó 14 títulos y desarrolló un juego exquisito. A no ser que el Barcelona, como dijo su capitán, Xavi Hernández, "obre el milagro" en la vuelta en el Camp Nou, el duelo de Champions certifica que algo se ha terminado en el grupo que dominó el fútbol español y europeo en los últimos años.

"Es muy complicado, pero hay que intentar remontar esto y si no podemos, pensar en la temporada que viene", advirtió la gran estrella del equipo, Lionel Messi, que el martes fue una sombra de sí mismo en el Allianz Arena.

Pero pensar en la próxima temporada supone tomar decisiones importantes en una plantilla que ha dado claros síntomas de agotamiento mental y físico. El crack argentino tapó con sus goles las carencias del equipo en los últimos meses, hasta que una lesión a principios de abril en París hizo saltar las alarmas. Recuperar al mejor Messi será una de las principales tareas de cara a la siguiente temporada, pero sobre todo el club debe encontrar soluciones para otras demarcaciones.

Según la prensa catalana, la entidad pondrá a la venta al chileno Alexis Sánchez y a David Villa, pero la lista de prescindibles puede ampliarse en las próximas semanas.

El rendimiento de jugadores como Gerard Piqué y Cesc Fábregas no ha sido el esperado en la última temporada. El central, habitual de las revistas del corazón por su relación con la cantante Shakira, está lejos del jugador que explotó con Guardiola, mientras que el centrocampista, que en Múnich no jugó ni un minuto, no ha conseguido instalarse en el once inicial.

El Barcelona arrastra además desde hace años un problema en el centro de la defensa, donde necesita un jugador de garantías que cubra los huecos generados por las lesiones. Ante el Bayern, tuvo que jugar con el joven Marc Bartra, aún verde para los grandes partidos.

Xavi admitió el martes que en Múnich la mayor posesión del Barça, marca de la casa, fue "ineficaz". El Barcelona sigue dominando la pelota, pero le falta profundidad. Darle una vuelta de tuerca más al estilo, encontrar alternativas o decidir altas y bajas depende principalmente de las decisiones de Tito Vilanova, ayudante de Guardiola durante años y su sucesor en 2012. El técnico, sin embargo, fue operado en diciembre de una recaída de su cáncer de tiroides y tuvo que delegar gran parte de sus funciones en su segundo, Jordi Roura.

Vilanova, que no habla desde entonces y oculta su cicatriz bajo una bufanda, deberá pasar el examen deportivo del club y del vestuario, y probablemente también el personal y familiar, pues, como dijo Guardiola en su adiós, con menos pelo y muchas más canas, ser entrenador del Barcelona "desgasta mucho".

El Barcelona necesita apenas seis puntos para ganar una Liga española que tiene asegurada, pero las sensaciones con las que acaba la temporada son de declive. Su balance además con los rivales más fuertes del curso es negativo: tres derrotas, dos empates y una victoria con el Real Madrid; una derrota y un triunfo con el Milan; dos igualadas con el PSG, y una paliza ante el Bayern.

Renovarse o morir, dice el proverbio. Pero en el fútbol de alto nivel, renovarse significa invertir mucho dinero y, según la prensa brasileña, el presidente Sandro Rosell ya gastó decenas de millones en comprar a un solo jugador: Neymar.

La situación es, pues, también una prueba para el director deportivo, el ex portero Andoni Zubizarreta, quien curiosamente fue el principal sacrificado tras el 4-0 con el que el Barça perdió ante el Milan la final de la Champions de 1994 y que supuso el principio del fin de la era de Johan Cruyff.

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