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Reviviendo a otro moribundo (2-1)

  • El Sevilla desaprovecha sus opciones y da vida a un Sporting física y mentalmente bloqueado. La derrota llegó tras fallar claras ocasiones, en el descuento y en fuera de juego.

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En Gijón tampoco. Por mucho que el Sporting estuviera muerto en vida, física y mentalmente, el Sevilla dejó escapar la enésima oportunidad de ganar fuera de casa. Cierto que el gol que le da la vida al Sporting llegó en el descuento y en fuera de juego, pero no quita que Llorente debió golpear mucho antes y que todo el riesgo lo puso el equipo de Emery cuando el rival se jugaba, por descontado, muchísimo más.

Así, el Sevilla sigue séptimo y no aprovechó los pinchazos de Athletic y Celta. Todo lo contrario, de ponerse a dos puntos de ambos a seguir a cinco, un mundo con sólo 12 por jugar. Y no fue por falta de interés ni por falta de ocasiones. Falta de clarividencia, si acaso. Y de instinto. El portero del Sporting era un flan, todo su equipo se desplomaba físicamente pero los centros de Mariano y los córners de Konoplyanka no se acercaron ni de lejos al mínimo exigible en un equipo de este nivel. El apreciable trabajo de Llorente, muchísimo mejor en labores de retener la pelota y jugarla que en el remate, no tenía acompañamiento por los flancos y tampoco Iborra recibía balones. Baste decir que los minutos que coincidieron N'Zonzi (esta vez suplente), Llorente e Iborra, los tres futbolistas junto a Fazio más altos de todo el campeonato, el Sevilla no fue capaz de enganchar un remate por alto.

En un campo hostil y con una climatología de mala a peor, diluvio incluido, Emery apostó por la firmeza en el centro con Krychowiak y Cristóforo más Iborra por delante. Creatividad bajo mínimos, conducción recudida pero buen físico y poderío aéreo, culminado con la presencia de Llorente por la lesión de Gameiro. A eso añadió la ubicación de Coke por delante de Mariano, con lo que gran parte del juego ofensivo del Sevilla dependía de las escaramuzas de Konoplyanka, un futbolista que de tanto talento lo ve todo tan fácil que al final hace la mitad.

Y resulta que el Sevilla, de salida, se adelanta con cierta autoridad porque por arriba tiene fuerza y el Sporting acumula toda la presión de ganar. Llorente se marca un recorte poco habitual en él y un centro con el exterior que se quedaba corto pero que Sergio Álvarez prolonga con la cabeza y lo convierte en asistencia perfecta a Iborra, que definió sin problemas para adelantar a los visitantes apenas en el minuto 8.

Pero el Sevilla, con muchos frentes abiertos, se echa atrás con descaro y la necesidad del Sporting hace el resto, puesto que por mucho que gran parte del equipo no fuera el habitual las lesiones y las circunstancias parecieran echar el freno de mano al equipo bajo el aguacero de Gijón. Aun así, Rami se lesionó y habrá que ver cuánto tiempo. El propio central francés perdió el balón que dio origen al empate local, cuando quiso regatear en zona de peligro local y derivó en un contragolpe cinco para tres muy mal defendido por Cristóforo y Carriço, de manera que Halilovic pudo abrir a Jony y tener a tres compañeros para empujarla, si bien fue Krychowiak quien introdujo el balón al intentar cortarlo a la desesperada.

Al Sporting le pesó el empuje y Konoplyanka tuvo una doble ocasión antes del descanso que dejaba toda la impresión de que, nuevamente, el Sevilla debía sacar más de lo que obtenía. Así se pegó el Sevilla toda la segunda parte, con la impresión de que el Sporting caería tarde o temprano. Pero no. Entre otras cosas por deméritos del Sevilla, que no fue capaz de convertir ninguna de las claras ocasiones de las que dispuso, en particular dos de Llorente ante Cuéllar descorazonadoras.

Además de las dos de Llorente (la primera picando el balón sin ninguna fe cuando Iborra le había dejado completamente solo ante Cuéllar, y la segunda sin convicción para parar y empujar ante una mala respuesta del portero), Coke e Iborra tuvieron una doble ocasión clarísima al poco de comenzar el segundo tiempo y Konoplyanka remató fuera ya en la recta final llegando desde atrás.

El Sevilla, que no había escatimado esfuerzos ni empuje, pudo pagar su falta de acierto en un mano a mano de Ndi ante Sergio Rico; dejó el partido siempre abierto y en una contra de aspecto irrelevante un despeje corto y sin ayudas permitió a Rachid centrar para que Isma López rematara en una posición tan cómoda como ilegal. Parece el sino de este Sevilla que aún aspira a dos títulos y sin embargo no es capaz de ganar lejos del Pizjuán por muy moribundo que esté el rival. Y el Sporting, con todo el mérito que tiene, estaba para recibir el descabello.

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