OLÍMPICOS MALAGUEÑOS

En Seúl se abrió el camino

  • Elena Benítez se convirtió con 21 años en la primera mujer malagueña en acudir a unos Juegos, cuatro años antes de lograr el oro en Barcelona 92, donde el taekwondo era aún deporte de exhibición

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"El camino del pie y la mano utilizando la mente". Ésta es la traducción al español del término taekwondo. Este espectacular deporte de origen coreano llenó la vida de Elena Benítez. La sampedreña encontró en el gimnasio cerca de su domicilio algo más que un deporte: una dedicación. Halló una forma de vida, una filosofía. De esta manera, sin darse cuenta, con tan sólo 21 años, en 1988, viajó a los Juegos de Seúl para convertirse en la primera deportista malagueña en ser olímpica. Hoy, 24 años después, es una de las técnicas del equipo nacional de taekwondo que competirá en los venideros Juegos de Londres. En pleno siglo XXI, cuando la mujer ya tiene una presencia semejante a la del hombre en la sociedad, aquellas que fueron pioneras y derribaron puertas que parecían inamovibles, adquieren una relevancia a tener en cuenta. Elena Benítez fue la primera de las 11 deportistas malagueñas que han sido olímpicas, a la espera del concurso de Duane Rocha en Londres. Todas ellas le deben mucho a la taekwondista, aunque después de tantos años, este anecdótico hecho le era desconocido. "No tenía conciencia de que fuese la primera deportista mujer malagueña en ser olímpica. Es un honor ser la pionera, pero lo mejor es que después de mí han llegado muchas más", manifiesta la sampedreña, que tiene en su palmarés una medalla de oro olímpica en Barcelona'92.

Sin embargo, en Seúl 1988 y en los Juegos de la ciudad Condal, el taekwondo aún era deporte de exhibición. No estaba reconocido por el Comité Olímpico Internacional como deporte olímpico. Sea como fuere, su oro reluce tanto como el resto y la experiencia vivida en Barcelona le marcó más allá de su trayectoria como deportista: "Cuando trabajas tanto, sufres y ves que consigues tu objetivo, la manera de valorar las cosas es distinta. Lo que viví en Barcelona fue tremendo. Verte en el podio, siendo la mejor de las mejores, es algo que no se puede describir", asevera con emotividad 20 años después y desde el prisma de entrenadora del equipo nacional de taekwondo. En Londres vivirá como técnica su tercera cita olímpica, tras Atenas 2004 y Pekín 2008. En la suma, siete Juegos, en distinta época pero con un denominador común: "La ilusión no se pierde".

El taekwondo tiene una ambivalencia desconocida por muchos. Alejado de los grandes focos, fusiona el plano competitivo de cualquier deporte con la faceta formativa de las artes marciales. Desde que se retirara en el año 2000, tras la disputa de los Juegos de Sidney, Elena Benítez decidió devolver al taekwondo lo que éste le reportó. "Mis alumnos me ven como algo cercano. Si yo lo conseguí, ellos pueden", sostiene la malagueña que después de más de dos décadas tratará de que Joel González, Nicolás García y Briguitte Yagüe puedan cumplir el sueño que un día, en los históricos Juegos de Barcelona 92, alcanzara quien abrió el sendero que continuará Duane en Londres.

Barcelona, su mejor experiencia.

Los Juegos de Barcelona 92 son considerados como los mejores de la historia. Elena Benítez, a pesar de estar en tres citas olímpicas, se muestra tajante al respecto: "Lo que se vivió en Barcelona, no sólo por el ambiente en la Villa Olímpica y porque fuese en nuestro país, fue algo apoteósico ya que desde los voluntarios hasta cualquier aspecto organizativo estaba cuidado con una precisión máxima". La sampedreña también valora lo que significaron aquellos Juegos para el taekwondo y para el deporte español. "Los deportistas españoles nos quitamos todos los complejos que teníamos y empezamos a creernos que podíamos estar con los mejores. Lo mismo ocurrió con el taekwondo, que en Barcelona vivió un espaldarazo importante para que ocho años después pudiese contar, en Sidney, como deporte olímpico oficial", revive la doble campeona de Europa.

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