Cajasol | ricoh manresa · la crónica

Sufrir y ganar es todo uno

  • Decisivo El equipo ha aprendido a cerrar los puños y a dar la cara en los finales ajustados Decisivo El segundo triunfo consecutivo de la mano de Comas da aire a los sevillanos

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El sufrimiento en cada partido del Caja está garantizado, pero si sigue saliendo cara como hasta ahora, será un dulce sufrimiento. Dos de dos para Comas, que sigue sin ver las cosas claras en los terceros cuartos, talón de Aquiles de un equipo que comienza a resurgir de las cenizas con sangre y sudor, mucho sudor.

Al contrario que en Gerona, los primeros en dar fueron los visitantes, que aprovecharon el desacierto en ataque y la falta de concentración locales para irse en el marcador con cierta facilidad. Sin la aportación de Betts, el juego exterior salió a relucir para evitar que los manresanos abrieran demasiado pronto la brecha. En apenas un minuto, dos triples de Miso y otro de Bennett metieron al Caja en el partido tras un inicio en el que la máquina sevillana no terminaba de carburar.

Siempre a remolque durante el primer cuarto, la defensa puso un punto más de intensidad y los catalanes, sin tantas facilidades, comenzaron a ceder al tiempo que los hispalenses encontraban su ritmo de juego y se atisbaba el espíritu que dio el triunfo en Gerona: compromiso y sacrificio.

Así las cosas, las tornas cambiaron en el segundo cuarto y del nerviosismo inicial se pasó a las palmas del público al descanso. Y es que si algo tiene el Cajasol de Comas es constancia. Es un equipo que ha aprendido a no bajar los brazos, que no es poco en una liga tan competitiva como la ACB. Con todo, el choque discurría entre una gran igualdad. Asselin y Guillem Rubio ganaban la partida interior y otra vez tuvieron que ser los hombres del perímetro los que tirasen del carro. Un lanzamiento de tres de Ellis en la primera acción del segundo cuarto dio la primera ventaja a los locales (23-22), aunque ya se preveía que el encuentro tendría un final (otro) de infarto.

Poco a poco, el Cajasol fue tomado las riendas del encuentro con un juego rápido en el que sobresalió la dirección de Bennett, un jugador clave en la resurrección de un equipo que parecía muerto y sin alma. Su experiencia sí que ha sido una bombona de oxígeno para. Manda, ordena y toma la responsabilidad cuando se necesita un líder, y el Caja nota en exceso cuando el base no está en cancha. Con el mono de faena puesto y dominando el rebote, los de Comas, se fueron al descanso siete arriba, pero como el pasado domingo, el ritmo bajó en el tercer cuarto y el rival aprovechó el regalo para meterse, y cómo, en el partido.

Eso sí, los árbitros echaron una mano, pues una técnica de banquillo y una falta antideportiva (con sendos triples manresanos en la posesión) fueron una ayuda de inestimable valor que llevó al Manresa a igualar el partido al final del tercer parcial, aprovechando la superioridad en la pintura. Los bajones del Caja en los terceros cuartos -ya pasó en Gerona- es algo sobre lo que Comas tendrá que trabajar, pues a punto estuvieron los cajistas de tirar todo el trabajo por tierra. Es algo que el propio entrenador incluso avisó a su llegada, pero a lo que debe poner una solución, porque el que juega tanto con fuego se acaba quemando. Llegó a estar en este periodo 10 puntos arriba, pero la defensa del Ricoh empezó a funcionar y Miles no acertaba a resolver el preocupante atasco ofensivo.

Así, con empate a 65 se inició el último asalto -penúltimo al final- y con todo por decidir. Fiel a su filosofía, al Caja le tocaría sufrir. Bennett tomó de nuevo la manija y el Caja, con un triple suyo y otro de Miso, se pudieron siete arriba, pero la diferencia se fue tan pronto como llegó y los locales entraron en el último minuto con dos puntos a favor. Un triple imposible de Walsh desde 8 metros llevó el miedo a las gradas, aunque Bennett acabó igualando el encuentro con dos opciones finales del rival falladas incluidas.

Habría prórroga, aunque esta vez salió cara. El guión no cambió en el tiempo extra, y con 98-96 se entró en los últimos 30 segundos tras el intercambio de golpes en ataque, aunque Ponsarnau no tenía en juego a sus jugadores más decisivos: Rafa Martínez y Asselin. Entonces, un robo de balón salvador de Miso, con antideportiva de Guillem posterior, hizo respirar aliviado a todo el pabellón, que vio cómo su equipo volvió a ponerse el mono de trabajo para sacar adelante un encuentro que puede marcar de una vez el renacer del Cajasol.

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