Victoria con caras largas

  • El Caja, que llegó a ir ganando de 29 puntos ante un Murcia inofensivo, fue víctima de su propia relajación . Los nervios de los últimos minutos ensombrecieron un triunfo que era muy necesario

No son muchos, pero la exigente Liga ACB también concede de vez en cuando partidos cómodos a lo largo de su larga temporada. Otra cosa es que el beneficiario de turno se encargue por sí mismo de complicarse la existencia. Dentro de esa nómina de treguas en forma de victorias baratas podría haberse encuadrado, indudablemente, el triunfo del Cajasol ante el Polaris World Murcia, un equipo que, de acuerdo a lo visto de ayer en San Pablo, a nadie debe extrañar que presente uno de los peores ataques del campeonato y que aún no haya ganado como visitante.

Sin embargo, este Caja no estará tan sano cuando no remató a su enemigo moribundo, a través del cual podría haberse regalado un homenaje en forma de paliza que hiciera olvidar los malos ratos pasados. Los de Magnano vencieron, que era de lo que se trataba por las urgencias que impone la clasificación, pero el cómo no fue como pudo haber sido. Y eso también hay que tenerlo en cuenta.

Más de uno creyó que el partido se había acabado a mediados del segundo cuarto, cuando la ventaja cajista ya bailaba en torno a la veintena de puntos. Parecía que sólo hasta entonces había existido cierta confrontación directa entre los contendientes, pese a que el Murcia, desde las primeras acciones, mostró un ataque primitivo y dependiente casi al completo de lo que saliera de los uno contra uno de sus exteriores. El Caja, con una buena defensa y con una buena circulación de la pelota cuando tocaba mirar el aro rival, comenzó a distanciarse a base de triples: tres de Miso y otro de Kakiouzis abrieron un hueco que se iría incrementando posteriormente (20-10, minuto 8).

Nada cambió en el segundo cuarto. Habría que esperar más para toparse con las sorpresas desagradables. El Murcia siguió bloqueado, con lo que se noqueaba a sí mismo, y el Cajasol optó por intentar dejar sentenciado el choque lo antes posible. Magnano sentó a un brillante Miso -fue despedido temporalmente por la afición con aplausos- después de que poco antes anotara un sensacional dos más uno (25-10, minuto 11), y puso en la cancha el teórico quinteto suplente durante prácticamente todo el parcial. Manolo Hussein hizo lo mismo con los suyos, y en la lucha entre reservas el Cajasol volvió a ser mejor. Un par de buenos movimientos ofensivos de Ignerski y otras tantas acciones de Kammerichs fueron lo más destacado de un tramo en el que el partido parecía romperse definitivamente. Dos tiros libres de Carroll llevó la ventaja por primera vez a los 20 puntos (41-21, minuto 17), margen que no decaería antes de llegar al descanso: 48-26. Las estadísticas ofrecían un dato delatador: 18 puntos de valoración del Murcia y 56 del Caja.

Habida cuenta de cuál era el panorama, lo más complicado, por contraproducente que pudiera parecer, era mantener la concentración y la intensidad mínimas de ahí al final. Debió ser tan complicado que los de Magnano cayeron en tamaño error para empezar a afear su actuación. El Cajasol estuvo hasta 29 arriba (57-28, minuto 25), pero una serie de despistes de todo tipo y la defensa presionante a toda la cancha de los visitantes devolvió a éstos al partido. El Caja se tornó piadoso, y ahí se torció todo. Una técnica señalada a Ellis por protestar una falta que no le señalaron acercaba peligrosamente a los visitantes (59-46, minuto 27). Un mate de Bueno y una penetración más adicional de Miso frenaban las contrariedades (64-47, minuto 29). Pese a todo lo visto, el Murcia seguía vivo por gentileza local.

Quedaban los diez minutos restantes. Cuando un equipo ha estado metido de lleno en un partido y se ha ido, volver cuesta mucho, demasiado. El dominio cajista era más aparente que fiable. Los murcianos, que no deslumbran a nadie con su juego, se aprovecharon de que el Cajasol hubiera anotado sólo cuatro puntos en seis minutos. Un tiro libre de Thomas rebajaba la ventaja a 9 puntos (68-59, minuto 35). Lo peor era que todavía quedaba mucho tiempo. Hubo murmullos en el pabellón porque el Caja sólo tiraba al aro. Un triple de Carroll, la ineficacia del Murcia y, sobre todo, un triple definitivo de Ellis a falta de dos minutos (74-61) evitaron la tragedia que los más temerosos ya mascaban. De estas victorias amargas debe aprenderse mucho para el futuro.

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