Zaragoza | betis · la crónica

¿Zarpazo definitivo?

  • Letal El Betis se dejaba dominar por un Zaragoza con buen manejo de balón, pero los de Chaparro iban a resultar mortíferos Puntilla Tras el descanso, el equipo bético se atrincheró, pero en una de sus escasas salidas dejó el pleito sentenciado

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Carísima como se ha puesto la cuestión de sobrevivir en la categoría, el inobjetable triunfo del Betis en La Romareda bien podría ser el zarpazo definitivo para lograr el objetivo. Dos goles de Mark González en el primer cuarto de hora ponían el pleito muy favorable, pero aún habría de ponerse mejor para la causa verde, blanca y verde cuando Pavone acertó a cabecear un balón que el inseguro César iba a tragarse. Un 0-3 que no admite dudas y que se acoge como una especie de maná mientras La Romareda estallaba en contra de su equipo, el favorito ahora para acompañar a los descolgados.

Si la química que de por sí encerraba el duelo se considera alta, la victoria del Recre la noche antes en Pamplona le añade un plus de peligrosidad. Un plus considerable con La Romareda repleta de una afición que no termina de creerse que la catástrofe esté presente, que los números no tienen nada que ver con los presupuestos del verano, de aquel verano plagado de fichajes rimbombantes que no han impedido que el Zaragoza haya ido desplomándose en plena sinfonía de relevos en el banquillo.

Y para este pleito tan abrupto, Paco Chaparro no cambia a la hora de la verdad y se muestra fiel a lo que ha venido pensando a través de la semana. Apuesta por Sobis y cuando la hora de la verdad se halla en pleno tiempo de calentamiento da la impresión de que dicha apuesta va encaminada a que el equipo gane en poder ofensivo y también en unos mayores tiempos de posesión mediante Capi como compañero de Arzu en el centro del centro.

Va a aparecer un Betis de tremendo punch arriba que va a desarbolar al Zaragoza con dos goles en el primer cuarto de hora. Ambos son obra de Mark González, uno por arriba y el otro por abajo, uno de depredador de área y el otro de modélico contragolpeador en un slalom imparable con definición letal. Las urgencias que de por sí tiene el Zaragoza se van agudizando. Hasta el punto se acentúan que a pesar de que los tiempos de posesión caen claramente de su lado, Casto sólo ha de resolver cuestiones aéreas y un tirazo raso de Óscar que contrarrestó segurísimo cuando corría el minuto 20 y ya Manolo Villanova alimentaba la idea de darle aún más carácter ofensivo a su planteamiento.

El Betis tiene un defecto, que no guarda la pelota y que los embates zaragocistas los resuelve más por los conceptos defensivos que por mantener lejos al rival mediante esa vieja conseja futbolística que es que mientras se tiene la pelota no se corre peligro alguno. Desaprovecha Sobis una contra de libro, Villanova se decide a prescindir de Luccin para meter a Aimar cerca de Milito, baja Gabi a la posición de pivot que disfrutaba el francés y se abre Óscar a la derecha.

Y cuando corre el minuto 42 se produce un lance malo para el Betis. El hombre que había encarrilado el partido con sus goles cae en una contra muy forzada y el Betis ha de relevarlo para afrontar todo un segundo tiempo con la ventaja de esos goles que hizo el chileno pero sin el chileno. Chaparro no va de conservador en el relevo, sino que opta por Odonkor en una intentona clara de mantener alerta al sistema defensivo de un equipo que se tiene que ir al zafarrancho de combate como única opción.

Pero la opción del alemán va a resultar frustrante. No aporta nada cuando todo se presentaba muy de cara para él. Contrario pensando en remontar, mucho terreno a sus espaldas… No lo aprovechaba Odonkor, por lo que el Betis tuvo que apechugar con atrincherarse atrás y que no se le lesionase más gente. Y es que cuando Chaparro pensaba relevar a Sobis, que se había torcido un tobillo en lo más llano, Arzu caía también y tenía que ser sustituido por Juande.

El Zaragoza empujaba. Sin muchas ideas, pero empujaba y la calidad individual de sus delanteros, sobre todo de sus delanteros, invitaba a la preocupación, cuando menos a la preocupación. Afortunadamente para el equipo bético, al muy poco del cambio llegaba el tercero. Pavone encontraba el premio a su trabajo y lo hacía con la inestimable colaboración del desafortunado César.

Sin embargo, iba 0-3 y a menos de media hora del fin no ofrecía el Betis la imagen que tranquilizase a su gente. Defendía muy atrás y ya se sabe que cuando el balón ronda tanto el área, el problema puede suscitarse en cualquier momento. A todo esto, la resta magnífica del equipo no se veía correspondida con la suma, siempre fallaba el último pase, nunca se elegía la opción adecuada para poner más distancia en el electrónico.

Pero como bien está lo que bien acaba y en una jornada como la de ayer perder hubiese sido una vuelta a la tragedia en verdiblanco, pelillos a la mar y alborozo ante un triunfo que bien debiera ser determinante para lo mejor.

Con la numerosa afluencia bética vitoreando a Chaparro y con La Romareda iracunda con los suyos, el punto final iba acercándose de forma inexorable. Cuando, al fin, llegó sólo cabe preguntarse qué hubiese sido del Betis con los resultados que se dieron en la jornada, pero como ganó con holgura únicamente inquieta conocer si se han acabado los sobresaltos para el Betis en este curso, saber si este holgado triunfo de Zaragoza va a ser definitivo. Todo indica que sí, ¿verdad?

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