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Un balance para llorar

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Menos puntos que partidos jugados da mucho que pensar y todo lo que se piense será presidido por el pesimismo. 11 puntos en 13 partidos da una media insuficiente para salvar la categoría en que vive este Betis convulso en la calle y feble en la hierba, sin la mínima paz social exigible para que las cosas medio salgan y como un barquito de papel a la hora de medirse con los de su clase. Ha transcurrido un tercio y pico desde que todo arrancase a la orilla de las Tres Carabelas en lo que sería la primera decepción de un curso que apunta a tragedia gorda.

Aquella calurosa tarde del último domingo de agosto sacó el Betis un empate que supo a muy poco por el potencial del enemigo y a gloria por el premio obtenido tras una exhibición de pobreza que desataría todas las alarmas que aún no se habían desatado. Aquella tarde, el Recre de Víctor demostraría que no se parecía en nada al de Marcelino, mientras que el Betis de Cúper hacía buenos a los de Irureta y Luis Fernández, que ya es dramática esa mejoría.

En el verano, como Marcelino no había transigido con el impuesto revolucionario que significa plegarse a los designios de Lopera, el Betis contrató a un técnico de mucho prestigio y de vuelta de mil empresas más poderosas. Llegaba Héctor Cúper con su presunto pragmatismo y su ganada fama de experto en cimentar equipos; en levantar edificios desde abajo, justo desde la retaguardia. Bueno, pues aquella tarde de Huelva no encajó Ricardo tres o cuatro goles porque la puntería y el acierto no viajaron ese día en la valija recreativista. Al final supo a gloria el empate, logrado por Nano en un córner y que sería una raya en el agua hasta la cita de antier en el Ciudad de Valencia.

SIN GOL Y SIN LLEGADA

Se abriría una brecha en el análisis bético que partía de una premisa, la de que el sistema defensivo ya encontraría su ajuste fino. No había que olvidar el prestigio del nuevo técnico en ese capítulo de armar bien la defensa. Entonces primaba la ausencia de gol, lo poco que el equipo llegaba al área rival con un mínimo de argumentación. A la jornada siguiente fue barrido en casa por el Espanyol en el primer tiempo, pero en un minuto y sobre la última campana, Fernando y Sobis establecían otras tablas que también supieron a gloria a la vez que entraba en barrena el crédito de Pavone, el goleador que Lopera había traído de Argentina.

RODANDO CUESTA ABAJO

Pasaría a partir de ese partido con el Espanyol que el Betis encadenaría tres derrotas consecutivas. Inadmisible la primera la tarde que debutó José Mari ante un Deportivo infumable que ganaría al aprovechar Guardado una desaplicación defensiva más. A la semana siguiente, vuelve a demostrarse que el sistema defensivo no da para nada ante el Valencia y saca una imagen muy digna el Betis en el Bernabéu. No obstante es como la dignidad del pobre, con el equipo muy juntito, incapaz de hacerle un gol a Casillas y cayéndose con estrépito cuando Raúl abrió la lata desde el punto de penalti.

Ese partido del Bernabéu trajo, sin embargo, una brisilla de optimismo que se multiplicaría ante el Mallorca. Expulsado Ballesteros al final de la primera parte, las cosas se le pusieron más fáciles a un Betis que en igualdad había sido mejor que el equipo de Gregorio Manzano. Pero aquel 3-0 era un espejismo, como se demostraría con la imagen dada en Murcia para sacar un empate sin goles en el que puede encontrarse el único punto que Ricardo le ha dado al Betis.

LA TARDE DE MARCELINO

A la semana siguiente llega Marcelino con su Racing a Heliópolis y le pega un baño de no te menees al Betis. Esa tarde supo sufrir de lo lindo el equipo bético, se puso por delante en el marcador de forma inopinada, pero la expulsión de Juanito fue el punto de inflexión para que la tarde se torciese y se rematase en un reparto de puntos que dolió por la forma en que llegó, a cuatro minutos del final y después de que Jorge López fallase un penalti. Pero aquella tarde colisionó un equipo bien trabajado, coherentemente hecho, y otro que no era carne ni pescado, ni coriáceo atrás ni agresivo en ataque, el Betis... de Héctor Cúper.

Imagen nuevamente de pobrecito en otro campo mollar. La impresión que dio el Betis en San Mamés fue tristísima. Aculado atrás, no inquietó nunca a Iraizoz y por entonces ya corría la especie de que los porteros eran espectadores en lugar de excepción el día que jugaban contra el Betis.

profunda sima

Tras Bilbao, fútbol en miércoles y llega Osasuna, el rival de la última gran alegría, y, curiosamente, el de la tragedia más reciente. Se recuerda que el equipo navarro puso al Betis a los mismísimos bordes de la Segunda División con un 0-5 en la penúltima fecha del curso anterior. Nadie cree que vaya a repetirse la faena, pues archisabido es que los equipos de Cúper, bla, bla, bla... No es posible que Osasuna, que no le hace un gol al arco iris. Bueno, pues que si quieres arroz, otra goleada de Osasuna en Heliópolis, cómo puede ser que una gota de agua se parezca a otra y ahí empieza a haber consenso sobre la mala pinta que presenta el Betis del prestigioso Héctor Cúper, el entrenador serio que no habla con nadie y que ha aportado algo muy importante aunque de resultados pobretones, ocultar el trabajo para preservar la intimidad... y, más que posiblemente, las carencias.

Y pasa que tras un varapalo a favor de querencia como el sufrido ante Osasuna, el Betis acude al Camp Nou con todos sus complejos a punto. Reaparece en el coliseo blaugrana aquel Betis cauteloso y de iniciativa imperceptible. Aguanta como puede muy cerquita de Ricardo hasta que Henry inaugura la cuenta, que sobre la campana llegará a tres. Resultado abultado, pero con la sensación de que el Barça ganó sin despeinarse, sin sudar, al paso.

épica y debacle

Al domingo siguiente de la imagen pobrísima en el Camp Nou llega a Heliópolis el Zaragoza, el equipo que dirige Víctor Fernández y que cuenta con Ricardo Oliveira, el añorado goleador. Pero Víctor no alinea al ídolo de los béticos, algo que agradecerá la tropa de Cúper. Todo se tuerce muy pronto con gol de D'Alessandro en connivencia con Ricardo, pero el Betis apela a la épica ante un rival sin épica y se alía con la lesión de Ayala para que aparezca, al fin, Pavone y gane el Betis.

Tras esta satisfacción, quizá la mayor de este tercio de Liga, el Betis va al campo del colista con una condición indispensable, la de ganar o ganar. Todo se le pone de cara con facilidad y muy pronto, pero ese sistema tan fiable por la especialidad del entrenador, el defensivo, se cae con estrépito en la fría atardecida valenciana y el Betis cubre este tercio como serio aspirante a lo peor, a un nuevo descenso. Y es que a la falta de goles propios se ha unido un exceso de goles ajenos.

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