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Una campaña mal parida y otro descenso

  • El año empezó con un volantazo y sin director deportivo

  • Las malas decisiones posteriores, la puntilla

Una campaña mal parida y otro descenso Una campaña mal parida y otro descenso

Una campaña mal parida y otro descenso

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Por segunda temporada consecutiva, el Betis Energía Plus consumó su descenso deportivo, algo que nunca había ocurrido en las 27 campañas previas que estuvo en la ACB bajo el paraguas de alguna entidad financiera, llámese Caja San Fernando, Cajasol o Caixabank. Es cierto que en las últimas campañas el presupuesto y los recursos económicos para reaccionar sobre la marcha no eran los de años atrás, pero también lo es que las posibilidades de los hispalenses estaban por encima de muchas otras entidades que acabaron por delante este año.

¿Qué ha pasado entonces? El análisis es amplio y parte de una base clara: malas decisiones. Mala elección a la hora de planificar, dejando el proyecto en las manos de Alejandro Martínez, entrenador, y del presidente, Fernando Moral. Cuando un técnico diseña el equipo, las cosas no suelen salir bien. La figura del director deportivo existe para algo y en verano no la había en la capital andaluza. El técnico ponía nombres sobre la mesa y el presidente ejecutaba.

Desde principio fallaron las estructuras y el volantazo dado cuando el 31 de julio se supo que el equipo jugaría en la Liga Endesa y no en la LEB Oro por mandato judicial fue demasiado brusco. Cortes de jugadores para mirar a otros, en teoría, mejores, pero sin una idea clara de juego y sin una base capaz de sustentar a una plantilla que de nuevo cambió a todos los cromos del vestuario salvo a un jugador (Alfonso Sánchez). Con el fichaje de mercenariosdel deporte que no se identifiquen con un club más allá de cobrar religiosamente, difícil se compite en España. De los 12 que iniciaron la liga siete no tenían experiencia en la ACB; y de los otros cinco, ninguno estaba llamado a ser primer espada, salvo McGrath, que también salió rana.

La llegada de Antonio Alonso como director deportivo estaba más pensada a este verano que a reaccionar durante una campaña que se esperaba tranquila. Pero no lo fue. Jugadores de Euroliga o un ex NBA no cuajaron. Sin un base que dirigiera al equipo, Alonso apostó por Draper. Un jugador contrastado, pero que vino a Sevilla de paseo.

Antes se movió en el banquillo tras la sexta derrota seguida con Martínez, que busca ahora el ascenso con el Palencia, al mando. El elegido fue Óscar Quintana. Casi a la carrera. No se esperó a analizar las opciones del mercado, sino que en la sexta jornada entraron los nervios. Demasiado pronto. Quintana estaba libre. Si hubiesen puesto de interino a Javier Carrasco puede que la opción de Fotis Katsikaris, que acabó en el Iberostar Tenerife, hubiese estado a tiro. ¿Quién sabe?

Y con el cántabro la cosa no fue mejor. Los mismos problemas se mantuvieron: nula defensa y una debilidad en el rebote alarmante.

Por miedo a fallar de nuevo o por otro cualquier motivo, desde los despachos nadie vio que con Quintana el equipo se iba al hoyo. No se aprovechó el parón de tres semanas por la Copa del Rey y la segunda ventana FIBA del curso, aún con muchas jornadas por delante, y cuando se le vieron las orejas al lobo fue tarde. El equipo viviría o moriría de la mano de Booker, un fichaje acertado pero que falló los días clave ante Burgos, Bilbao, Gran Canaria y Zaragoza.

¿Y ahora qué? Hasta que no acabe la temporada no habrá consejo y no se sabrá nada. El Betis, cabe pensar, no dejará caer un club del que sacó pecho por haberlo salvado hace dos veranos, pero la escasa masa social está fracturada (al contrario, por ejemplo, que la del Bilbao Básket, el otro club que bajó) y se desconoce, porque Ángel Haro habla poco de ello (en realidad nadie lo ha hecho cuatro días después del descenso matemático), cuál es el plan para el baloncesto: hacer un proyecto serio con el que renacer, sentando las bases del futuro, o hacer un equipo de andar por casa para cumplir el trámite. El tiempo lo dirá.

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