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Para frotarse los ojos (83-90)

  • El Betis Energía Plus da la sorpresa en Gran Canaria al derrotar al equipo de Luis Casimiro, invicto en casa en toda la temporada. La defensa y la inspiración de Kelly y Schilb, capitales

Un momento del partido del Betis frente al Herbalife. Un momento del partido del Betis frente al Herbalife.

Un momento del partido del Betis frente al Herbalife. / EFE

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Quién hubiera dicho hace escasas fechas que, tras un desastroso comienzo liguero, el Betis Energía Plus iba a llegar a la jornada decimotercera con tres partidos ganados consecutivos. Lo de anoche, además, fue sólo la culminación a una racha impensable hace sólo unas semanas.

El hito no era menor. Los aficionados grancanarios se frotaban los ojos al ver caer a su equipo por primera vez en la temporada, una derrota que llegaba ante un Betis colista que está haciendo enormes méritos para dejar de serlo. Ante el equipo de Luis Casimiro, el equipo bético se metió en la pelea por la salvación después de volver a protagonizar, y van ya tres seguidos, un encuentro serio en defensa y suelto en ataque: una vez más decidió la muñeca de Ryan Kelly, quien anotó a falta de 30 segundos un triple inverosímil.

Fueron una vez más el norteamericano y Blake Schilb quienes asumieron los galones en los últimos compases, en los instantes en los que los jugadores caros tienen que demostrar sus emolumentos. En ésas apareció, como en las citas precedentes, el dúo mortífero del Betis. Suyos fueron los puntos que dieron la vuelta al marcador en el instante final. Primero era Kelly, tras asistencia de Schilb, quien puso el 75-77 a falta de cuatro minutos y medio. Seguidamente el alero checo se lo guisó y se lo comió (75-79), justo antes de que Kelly, con una media vuelta de su sello, elevaba a seis puntos la ventaja bética (75-81) a sólo tres minutos para un final que los verdiblancos comenzaron a ver triunfal.

El choque acabó como empezó. El Betis había sido un ciclón cuando las camisetas de los jugadores apenas lucían un lamparón de sudor. Sin comerlo ni beberlo, el Gran Canaria se vio con un 5-16 que sorprendía hasta al apuntador. Los jugadores béticos encandenaron un porcentaje inmaculado de acierto en el tiro que obligó a Luis Casimiro a pedir un tiempo muerto a los tres minutos y medio. Los béticos divisaban el choque desde las nubes.

Eran 16 los puntos que había logrado anotar la escuadra verdiblanca en los primeros compases, un milagro, diría alguno, para un equipo conocido por su discreta capacidad anotadora. Pero ahí estuvieron para desmentirlo Kelly, Schilb, Nelson, Franch y Anosike liderando un prodigioso ataque coral.

El Gran Canaria, rebasado, mandó la presión a toda cancha. Fue el punto de inflexión. El Betis quedó varado, ahora más incómodo para llegar a los terrenos vulnerables del rival. Y, mientras, la defensa sufría las incursiones de un dañino Pasecniks –más efectivo que Balvin– y de un Báez que mantenían a los suyos en el partido en este primer cuarto.

Comenzaron a llegar los errores tontos por parte bética. Nelson, Úriz y un Schilb, quien ofrecía su cara indolente en defensa, favorecieron la remontada grancanaria (30-26 en el ecuador del segundo cuarto tras una canasta fácil de Pasecniks). El técnico cajista, Óscar Quintana, ordenaba la zona para procurar cortar la sangría. Comenzó entonces un periodo de intercambio de golpes que no dejaba a un claro dominador del partido. El marcador reflejaba a la conclusión de la primera mitad un empate a 41 que decía mucho del poder competitivo de los hombres de verde y blanco.

Soportó el Betis los tres triples con los que saludaron los canarios el inicio de la segunda mitad: Báez, Eriksson –dormido hasta entonces– y Oliver elevaban a nueve puntos la máxima diferencia local en los primeros tres minutos de este periodo (52-43). La defensa bética se había caído. La defensa a toda cancha del equipo de Luis Casimiro seguía haciendo mucho daño a los béticos, que se encomendaban a un defensa que, sin ayudas solidarias, había dejado de carburar.

El partido se había adentrado en la espesura. El Betis resistía a duras penas. Alfonso Sáchez y Kelly, con sendos triples, despertaban a los cajistas, que regresaban por todo lo alto al partido a falta de cuatro minutos para el fin del tercer cuarto (59-54). Aunque desasistido en defensa, Golubovic se hizo imperial en ataque. Suyos fueron los siguientes cuatro puntos béticos, que ponía a los suyos a falta de un minuto para finalizar el tercer parcial (64-63).

Al partido le quedaba carrete para el último periodo. Y los pérdidas y la poca capacidad reboteadora en defensa hacía peligrar el milagro que las sensaciones prometían. Fue cuando llegó Kelly. Y llegó Schilb. Y el sueño se hizo realidad.

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