En busca del partido de referencia

  • La selección francesa no encuentra su ritmo y llega a los octavos sin alardes, a la espera de que el duelo contra Irlanda sea el punto de inflexión Payet es su estrella más deslumbrante

En los últimos años Francia funciona a tirones, plana durante buena parte del año y con un fogonazo final que desata la euforia. Contra Irlanda en octavos, los anfitriones esperan encontrar el partido que les lleve a elevar su nivel.

Será el mismo rival que hizo a todo el país recuperar la sonrisa en 2009. Entonces fue en la repesca para el Mundial de Sudáfrica y los irlandeses tenían contra las cuerdas a Francia, dominados en su estadio por un gol de Roy Keane.

La eliminatoria estaba empatada, porque Francia había marcado de rebote en Dublín y en la prórroga, Thierry Henry se llevó con descaro el balón con la mano y centró para que William Gallas marcara el gol que les llevaba a Sudáfrica.

Todo el Estadio de Francia vio la mano del atacante menos el colegiado Martin Hansson. Después, la FIFA reconoció que no todo es transparente en esa institución e Irlanda se llevó un cheque compensatorio de cuatro millones de euros.

A Francia aquel partido le sirvió para recobrar aliento, aunque no para salvar su imagen que, con el tiempo, se vio como la de una selección descompuesta y con un técnico, Raymond Domenech, incapaz de mantener el orden. Cuatro años después, ya con Didier Deschamps en el banquillo, Francia volvió a verse relegada a la repesca, esta vez contra Ucrania, que en Kiev se había impuesto 2-0 y afrontaba en el Estadio de Francia a una selección obligada a la gesta.

Y la logró el equipo francés, que se impuso 3-0 en un partido que, con frecuencia, Deschamps cita como la piedra fundacional de su grupo, el momento en el que una nueva generación de jugadores se creyó que podía conseguir cosas. En Brasil estaban todavía demasiado tiernos y perdieron contra una Alemania mucho más madura, pero ahora ese grupo busca de nuevo el partido de referencia que devuelva la fe y entronque con la campeona del mundo de 1998, la de Zidane y Deschamps.

El duelo contra Irlanda puede ser el primer paso en esa dirección. Un rival apasionado pero sin enorme calidad, que no se cierra atrás como Rumanía o Albania, aparece como el escenario ideal para que Francia afine su aún dudoso juego.

Los anfitriones se han colado en los octavos sin ningún alarde, subsidiarios de un juego monótono y muy pendientes de los golpes de efecto de sus estrellas. En particular de un Dimitri Payet que deslumbró tanto que apenas se vio el reflejo de otros luceros como Antoine Griezmann o Paul Pogba. Sabedores de que hay tiempo para recuperar el buen juego, Francia no ha bajado sus ambiciones, que pasan por, como mínimo, llegar a semifinales, tal y como expresó ayer el presidente de la Federación, Noël le Graët.

En Francia recuerdan que en 1998 el equipo jugó mal al principio y acabó levantando el trofeo del Mundial en una final contra Brasil. Si recobra contra Irlanda la manija de su juego, el que mostró en los amistosos previos a la Eurocopa, la anfitriona sabe que tiene ante sí un pasillo. En cuartos se mediría, en teoría, a una Inglaterra que tampoco llega llena de optimismo y que parece a su alcance.

Las cosas serias llegarían, siempre si se cumple la teoría, a partir de semifinales, cuando los franceses se las verían contra Alemania o frente a uno de los finalistas de la pasada edición, España o Italia. Para entonces, Francia ya habrá tenido tiempo de borrar la mala imagen que ha dejado en la primera fase de su Eurocopa y de reenganchar a buena parte de la afición que ha perdido la confianza en revivir las imágenes de euforia de 1998.

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