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El carro sigue rodando

  • El Sevilla, a demostrar que lo ocurrido en el derbi lo refuerza más que lo debilita en una nueva ocasión para acercarse a Europa La fuerza en casa, otra vez la baza.

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Tiene este equipo la extraña virtud de hacer más de lo que luce y de lograr que su gente se alimente de cualquier migaja de ilusión para recuperarse de un golpe moral. La tremenda decepción que el sevillismo tuvo que digerir en el segundo tiempo del derbi de hace dos viernes, cuando ni los más pesimistas podían imaginar que a un 0-3 en el campo del eterno rival no le sucedería un triunfo sobre el Betis, ha virado en indignación con el estamento arbitral y en animosa confianza en la mejoría manifiesta de su equipo.

Y esa confianza también va unida con cierto halo de fe. Pese a que desde hace varias jornadas se puede escuchar y leer que el Sevilla está obligado a ganar fuera de casa para seguir teniendo opciones de entrar en competición europea, ahí sigue el Sevilla, aún con posibilidades pese a no haber ganado lejos del Sánchez-Pizjuán. Lo más fácil es que lo hubiera hecho en el Benito Villamarín, pero la nula fiabilidad de esta plantilla hizo que lo que parecía imposible, que se le escapara ese triunfo, acabara sucediendo.

Pero en Nervión el Sevilla se siente fuerte y las distancias no son tan grandes como para que este equipo no pueda alcanzar su objetivo. Con la derrota ayer del Betis en el Bernabéu, los de Emery pueden colocarse a tres puntos de la séptima plaza, que garantiza la entrada en la Liga Europa, por no hablar de la octava, pendiente de la reclamación del Málaga a la UEFA, y en la que empataría con el Rayo a 45 puntos a espera de lo que hoy haga el Getafe ante el Espanyol.

Por tanto, no es tan difícil que los blancos al final puedan colarse en Europa, aunque sí es cierto que tendrán que sudar porque han podido comprobar que nadie regala nada, si acaso este Sevilla que ha dejado escapar tantas oportunidades para meterse arriba con decisión en una Liga tremendamente barata en ese segmento de la tabla clasificatoria. Lo que pasa es que el rival que hoy acechará la portería de Beto no es cualquier cosa. Para empezar, es el último que ha salido del Sánchez-Pizjuán con una sonrisa. Entre esas siete victorias consecutivas del Sevilla como local en la Liga se coló la eliminación de la final de la Copa del Rey en una noche de infausto recuerdo para la afición, con Diego Costa de pesadilla para Botía -quien hoy tendrá otra vez que vérselas con él- y la impotencia como sensación generalizada. Aquel 2-2 copero fue un paréntesis en esa racha triunfal en casa con la que el Sevilla está tirando a duras penas del carro. Es verdad que si los Jesús Navas, Rakitic, Reyes, Negredo... están lanzados, no será el Atlético un rival ni mucho menos infranqueable, pero los malos hábitos el equipo de Emery los acumula en el sistema defensivo y que todo el sevillismo tenga por seguro que las figuras del Atlético, llámese Falcao o llámese Diego Costa, van a tener alguna oportunidad.

Y para añadir más riesgo a este aspecto en el Sevilla no estarán sobre el campo dos piezas principales en el esquema de los últimos años, Medel y Fazio, víctimas del último derbi y de los rigores con que los arbitrajes tratan a este equipo. Ésa es una visión. Otra puede ser el nulo autocontrol que el chileno demuestra casi cada vez que juega y de lo que la afición empieza a cansarse.

Y mira que hoy, ante el carácter que Simeone imprime a sus equipos, las maneras de Medel pueden llegar a echarse en falta sobre la verde hierba del Sánchez-Pizjuán. Tras una semana de Feria, la hinchada quiere una alegría que mitigue el sabor agridulce -más agrio al final por como sucedió todo- del último derbi y un triunfo sobre el Atlético que sería el octavo consecutivo en este escenario sería dar un paso importante para empezar a enderezar una temporada marcada por una irregularidad que en circunstancias normales no merecería un premio. Pero la Liga está como está y por una cosa o por otra el objetivo se encuentra a tiro de piedra a poco que los de Emery no se desconcentren y hagan dos cosas seguidas bien.

El nivel del rival entraña dificultad, pues no en vano lleva 27 jornadas entre los cuatro primero. La diferencia entre hacer las cosas todos los días bien y mostrar una cara en casa y otra fuera.

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