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Con las condiciones ideales

  • El Sevilla encontró las facilidades justas para desarbolar a un inexistente sistema defensivo · Velocidad, toque y coordinación convirtieron la cita en un entrenamiento

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Conociéndose como se conoce en qué acierta y en qué falla este Sevilla, estaba cantado que el rival idóneo podía ser el Zaragoza, un equipo con un sistema defensivo inexistente que jamás olía el balón ni de lejos mientras los futbolistas que eligió Jiménez lo movían con toque, calidad y velocidad. Bastaba triangular con criterio para que la superioridad numérica se creara sin que los rivales ni siquiera intentaran seguir a sus contrarios.

Defensa

No hizo falta prácticamente nada porque el Zaragoza no tuvo fuerzas para llevar el balón a sus puntas, hombres con mucha pólvora. No inquietaron esta vez las dudas de Mosquera porque el balón apenas llegó por su zona, nadie echó de menos a Poulsen porque el rival no empujó y el costado de Daniel, tan tas veces horadado por los contrarios, no fue inquietado jamás.

Ataque

El Sevilla bordó el fútbol, pero no se deberían despegar los pies del suelo porque enfrente estaba uno de los peores equipos de la Liga defensivamente. El trote de Luccin, incapaz de cerrar nada, fue el primer agujero en ese doble pivote en el que Zapater tampoco puso tensión alguna. Ayala, Juanfran... todos contribuían. Daniel, sin extremo al que vigilar vivía constantemente en campo contrario y eso es suficiente para que el Sevilla desarbole a su rival. Luis Fabiano estaba, además, tocado por los dioses y la jugada del segundo gol era la mejor muestra de lo que eran cada equipo en el terreno de juego. Ya en la segunda parte, con el Zaragoza con diez y un marcador de estrépito, el ritmo bajó hasta convertirse en un entrenamiento.

Virtudes

Saber hacer daño en las zonas en las que el equipo de Irureta muestra sus debilidades y no dejar que el balón llegara a los delanteros del Zaragoza. Sergio García fue, si acaso, el que más posesión tuvo.

Talón de aquiles

Recambios como Kone o De Mul no acaban de meterse.

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