El drama de Mar del Plata, una espina clavada

Tres años. El tenis argentino dispuso de los últimos tres años para corregir errores, evaluar prioridades, tratar de dejar a un lado las ambiciones personales y aprender de todo lo que no se debe hacer en la preparación de una final de Copa Davis. Durante el fin de semana del 21 al 23 de noviembre de 2008, Argentina dejó escapar la posibilidad más accesible que haya tenido para adueñarse de la primera Ensaladera de su historia.

En la ciudad de Mar del Plata, el conjunto sudamericano fue víctima de duelo de egos, eternas discusiones monetarias, falta de rumbo en la dirección deportiva, desencuentros organizativos y de un rival, España, que sorprendió aun cuando no tenía en sus filas al entonces mejor jugador del mundo, Rafael Nadal.

La derrota por 3-1 contra España significó una bisagra para la historia del tenis argentino. Entre peleas y desorden, los sudamericanos dejaron escapar la tercera final de su historia y una oportunidad única de celebrar la Davis junto a su público. Los problemas nacieron desde la elección de la sede. En un principio, todo se perfilaba hacia Córdoba, aceptado por la mayoría de los jugadores locales, especialmente por Nalbandian.

Pero la ITF resolvió que la final se disputara en Mar del Plata. El fastidio confeso de Nalbandian, los rumores sobre intereses políticos en la elección de la sede y la incógnita sobre el tipo de superficie plantearon un escenario preocupante para los anfitriones.

Antes del inicio se extendieron los problemas. Juan Martín del Potro exigió recibir las mismas ganancias que Nalbandian. "Si Nalbandian se hubiera comportado como correspondía, no habría pasado nada. Pero ya venía mal predispuesto contra Del Potro. Lo manifestó y se armó lío", aseguró el capitán del equipo argentino de 1981, Carlos Junquet.

Tres años después, Nalbandian y Del Potro parecen haber limado asperezas y encontraron una identificación en el espíritu de equipo. "Creo que hemos crecido como grupo. Aprendimos muchísimo en este tiempo a respetar a los demás y dejar de lado diferencias singulares para apuntar a un objetivo en común", dijo Tito Vázquez, el capitán argentino

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