Atletismo

En el ecuador de la trilogía

  • El coriano Eduardo Fernández-Agüera inicia el 9 de febrero la Yukon Artic Ultra, la segunda de las tres carreras de fondo que llevará a cabo dentro del proyecto SYR

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Dicen que tras la tormenta llega la calma. Para Eduardo Fernández-Agüera, sin embargo, a este dicho hay que aplicarle un par de matices: tras la tormenta, de arena, llega otra, la ártica. Y es que este deportista coriano, periodista de viajes también, ultima su segunda carrera tras el Maratón de las Arenas del Sahara, la Yukon Arctic Ultra. Ésta es la segunda parada del proyecto SYR (Sahara, Yukon y Reunión), una acción ideada por el protagonista que incluye tres pruebas de ultra fondo, la última, en la Isla Reunión, prevista para el próximo octubre.

El inminente 5 de febrero el sevillano emprende rumbo a Canadá, a la región de Yukon (en la frontera con Alaska, junto al Círculo Polar Ártico), donde en ocho días (del 9 al 17) recorrerá 480 kilómetros distribuidos en una sola etapa. Es decir, hay un único punto de salida y otro de llegada. El resto del camino es una aventura en la que hay que estar preparado para cualquier incidente. "La preparación es muy importante, porque es una región montañosa que en esta época está nevada puede pasar de todo", destaca el protagonista, que a la dificultad de la prueba tendrá que hacer frente a una temperatura que oscilará entre los -10 y los -30 grados: "Sé que aguanto en el desierto, ahora esto es un nuevo reto al que espero reaccionar igual de bien".

¿Y cómo se prepara alguien para correr 300 millas sobre la nieve en ocho días en una provincia que en enero está registrando medias de 15 grados? "Es difícil porque las condiciones no tienen nada que ver, así la única manera es correr, correr y correr sin parar. Unos días corro siete horas, otros tres, depende de cómo me encuentre, ya que además debo prepararme psicológicamente para afrontar algo así, pues ni siquiera de noche podré parar. No es lo ideal, pero es lo que hay".

Siete puntos de control "en los que hay que picar, como en la fábrica", separan la salida del punto de llegada. En ellos, después de unas 15 horas de trayecto, según sus predicciones, podrá parar para descansar, pero lo justo, ya que, como en toda competición de este tipo reducir el máximo tiempo significa una ventaja cuantitativa sobre los rivales. "El objetivo es llegar, que no es poco, pero soy un competidor nato e intentaré acabar lo mejor posible, aunque conociendo mis limitaciones", apuntó el atleta, quien considera el apoyo de los suyos, junto al de los patrocinadores -el presupuesto que maneja oscila alrededor de los 8.000 euros-, es fundamental: "Mi familia es la que aguanta el chaparrón. Saben que esto me apasiona y me ayudan, pero ellos son lo primero. Si tuviera que decidir, no dudaría".

En Yukon, al contrario que en el desierto, la ruta no está señalizada, por lo que el uso del GPS se convierte en una necesidad no sólo para llegar al destino final, sino también como medio de emergencia, aunque no es el único. En este sentido, y por si no fuera poco la carrera en sí, debe tirar de un trineo con un peso de 20 kilos a través de las Montañas Rocosas, bosques de tundras, lagos y ríos congelados, en el que llevará la comida (además de una ración de emergencia obligatoria para dos días), dos sacos de dormir, una hornilla, dos botellas de combustible, una cacerola, una taza y un par de cubiertos.

El sevillano tendrá que competir con 10 participantes más, llegados de Estados Unidos, Canadá, Italia, Alemania y Reino Unido, en una cita en la que sólo la mitad suele acabar. "Debo ser muy metódico. Beber, comer cada media hora, mantener un ritmo... Si no, es imposible".

Fernández-Agüera no busca la gloria en la región que desató la Fiebre del Oro de Klondike a principios del siglo XX, sólo la satisfacción personal en una tierra protagonista de los escritos del estadounidense Jack London, que reflejó la vida de los buscadores de oro y las extremas condiciones que en su día padecieron en busca de la fortuna soñada. Muchos se volvieron sin nada, pero este sevillano, al menos, regresará con la satisfacción de superar un reto al alcance de unos pocos elegidos, "un poco locos".

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