Cuando el error conduce al éxito

  • Una canasta de Satoransky, un triple de Sastre, dos tiros libres de Balvin... en los últimos minutos ante el Lagun Aro demuestran la confianza de los jóvenes tras un año de aprendizaje.

Todo en la vida necesita un periodo de aprendizaje; nadie nace sabiendo. Y ese proceso, madurar, mejorar, crecer, va íntimamente ligado al error. El fallo se corrige a base de repeticiones, volviendo a levantarse de la lona, dándole duro, erre que erre, jugando minutos, sin miedo a lanzar después de haber mandado al aro un tiro...

Los jóvenes del Cajasol han vivido un máster de baloncesto al más alto nivel con Aíto, Ocampo y Carrasco, pero no sólo dejándose el alma en los entrenamientos, sino con protagonismo en los minutos de la verdad. Sólo hay que echar mano del ejemplo más reciente, de la durísima salida a San Sebastián, donde había que tener calma y la cabeza fría en un choque en el que los donostiarras se jugaban la vida. Antes de que Mensah-Bonsu palmeara el balón de la victoria, Satoransky se jugó un medio gancho para el 70-75 antes de entrar en el minuto final; justo en el ataque anterior, Sastre se sacó de la chistera un triple tras un rebote ofensivo sin pensárselo ni contemporizar con el reloj de posesión (67-73); en el minuto 34, a Balvin no le tembló el pulso para anotar dos tiros libres... No es casualidad que esos aciertos lleguen en la jornada vigésima novena, pues hubo otros partidos antes en los que los errores pudieron con los aciertos.

Los galones se ganan a base de confianza. Los fallos, si el cuerpo técnico mantiene su fe en los jóvenes, son parte del proceso evolutivo, enseñan el camino. Satoransky, más hecho que el resto de sus pipiolos compañeros, ya demostró su desparpajo en Bilbao en la primera vuelta con un decidido dos más uno con Miribilla hirviendo en el último minuto.

Al final, el base es de largo quien más minutos ha disputado esta temporada como cajista: un total de 823, 40 más que el segundo, Bogdanovic, habiendo jugado un partido menos. Ya triplica su valoración en los 34 encuentros de la fase regular de la pasada campaña: 387 por 131. Mantiene su porcentaje en tiros de dos respecto al pasado curso lanzando más del doble (112/218 por 48/96). Y seguramente acabará la campaña dando el doble de asistencias que el año previo (48 por 81), teniendo que mejorar en las pérdidas (81 por 48).

Sastre lleva casi el doble de minutos que hace dos temporadas (596 por 337), obviando la pasada por apenas competir debido a su lesión de espalda. Ha intentado 90 triples, más de tres por duelo, y su promedio se acerca al 40%, ocupando el tercer lugar en el ranking de cajistas que más tiran tras Bogdanovic (141) y Holland (123), ambos con peor porcentaje que el balear, a quien sólo supera Blakney (47%). Es el cuarto jugador en minutos de la plantilla (596) tras Satoransky, Bogdanovic y Holland. Y en puntos (169) es quinto, únicamente rebasado por el checo, el serbio, el puertorriqueño y Asbury, aunque ha adelantado por la derecha en la rotación al estadounidense con pasaporte guineano y a Tepic.

La confianza y el estado de forma del alero no quedó demostrado únicamente en Illumbe; también en el choque clave previo ante el Joventut tuvo un carrusel de aciertos para romper la igualdad al final con un triple, un robo y una canasta al contragolpe. También decantó el encuentro de la primera vuelta en el segundo cuarto contra el Blancos de Rueda con un segundo parcial enorme gracias a sus triples.

Balvin también merece, como sus compañeros de una añada anterior, un capítulo aparte. El checo ha convertido los 19 minutos en cuatro partidos del anterior ejercicio a 301 en 26, multiplicando por 36 su valoración: de 3 a 109. Ha anotado un total de 83 puntos, algunos de mucha relevancia como en Málaga, y no se olvidará de su partidazo en San Pablo contra el Lokomotiv Kuban, a la postre campeón de la Eurocup, con 12 tantos, 5 tapones y 17 de valoración. Ha metido hasta el momento 15 canastas menos que Triguero (34 por 49), pero intentándolo casi 50 veces menos que el valenciano. Balvin es el cajista con mejor porcentaje de dos con un 60%, superando por poco a Williams.

Le vendría de perlas al Cajasol que los tres chavales pulidos durante estos años en la sala de máquinas de San Pablo no emigrasen a ningún equipo la próxima campaña, algo que sólo podría hacer Satoransky. Pero por abajo vienen más chavales pisando fuerte. Burjanadze ya exhibió su potencial en la cancha del Unicaja con aquel providencial triple y también se le aplaude su predisposición llueva o haga sol. Radicevic se ha topado con el problema de los cupos y eso ha impedido que el zurdo base serbio encandilara más veces a la afición, como hiciera en el primer triunfo liguero ante el Gran Canaria, pues fue uno de los impulsores. La guinda se llama Porzingis. El alero letón cuenta con la ventaja de ser ya jugador de formación y ha enseñado los dientes en alguna plaza europea de alto nivel e incluso ante el Madrid.

Ellos, como todos los que tienen talento y no experiencia, necesitan tiempo, están obligados a equivocarse, y si no hincan la rodilla y son perseverantes, irán directos al camino del éxito.

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