La falta de oficio, ese gran lastre

  • Emery sufre el mismo espejismo que padecieron Marcelino y Míchel ante una plantilla más vistosa que funcional. La escasa personalidad la paga de visitante.

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Cinco partidos fuera de casa lleva Emery con el escasísimo bagaje de un empate y cuatro derrotas. Al Sevilla se le sigue deshilachando, cada vez más, el tenue cordel con el que quiere mantener sus escasas opciones de clasificarse para Europa y el mal que provoca esta realidad está clarísimamente definido: los pésimos números como visitante. A este grupo con hombres jóvenes en todas sus líneas se le aparecen cada 14 días todas sus carencias, con una en particular que está en el núcleo del equipo y de la enfermedad, la falta de oficio. Hace ya años que el Sevilla dejó de ser un equipo antipático lejos del Sánchez-Pizjuán. Ahora es recibido como un grande venido a menos, un aristócrata sin poderío, que va regalando puntos allá donde juega, una bicoca.

Unai Emery padece el mismo espejismo que ya sufrieran Marcelino y Míchel. El guipuzcoano, cuyos planteamientos nadie discute, busca jugar con buenos criterios tácticos, pero el equipo adolece de falta de personalidad y de carácter para imponer sus buenas maneras a domicilio. Demasiada gente joven en puestos de responsabilidad y demasiados futbolistas vistosos que anteponen el buen trato al balón a la necesidad de imponer el fútbol de verdad, como si lo que estuviera en juego fuera la mera imagen en lugar de puntos que significan la vida no sólo para el equipo, sino para garantizar la adecuada supervivencia económica del club. Plantillas muy inferiores desde un punto de vista técnico han logrado vencer en campos de primerísimo orden, desde el Santiago Bernabéu al Camp Nou, y también en Heliópolis, gracias a que en aquellas plantillas sí había líderes y futbolistas clave en el núcleo del equipo que ejercían de capitanes y sabían cómo sacar adelante empresas que ahora se antojan quiméricas. El aficionado blanquirrojo recuerda con orgullo la antipatía que despertaba el Sevilla de Pablo Alfaro, Javi Navarro o Martí, o el respeto que imponía el Sevilla de Daniel Alves, Renato, Luis Fabiano o Kanoute.

Desde la paulatina marcha de estos últimos, la plantilla sevillista no ha ido decreciendo sólo en calidad, sino en personalidad y carácter ganador. Y el equipo está pagando estas carencias presentando los peores números a domicilio de todo el siglo XXI. Sólo el Sevilla de Marcos Alonso que descendió en la campaña 99-00 presenta inferiores estadísticas como visitante que el actual, por mucho que Emery se empeñe en poner orden y buscar soluciones. Con la derrota en Valencia ante el Levante ha sumado un nuevo jalón negativo en esta acumulación de pobres estadísticas: ya sólo el Celta, colista de la categoría, es peor visitante que un Sevilla superado por el Deportivo, precisamente el único rival al que logró vencer lejos de Nervión.

Sin el calor del Sánchez-Pizjuán, el Sevilla muestra todas estas carencias, que tienen su raíz en una planificación que lleva varios años sin afrontar ese problema de la falta de oficio. Varios refuerzos de peso realizados este verano tienen un papel secundario o clandestino. Botía le ha cedido su puesto de central a un lateral como Fernando Navarro; Maduro, tras un inicio prometedor, sigue evidenciando que su lentitud le impide ser un relevo para Medel, quien tampoco aúna las cualidades que debe tener un medio centro que mande en los partidos por su desorden táctico; y Kondogbia se aparece, a sus 20 años recién cumplidos, como el jugador imprescindible de la línea más importante para mandar en los partidos, la medular. La consecuencia es la puesta en escena de un visitante sin alma competitiva.

Cuando Emery llegó al banquillo, tiró de cautela para fortalecer la moral de un equipo a la deriva, se protegió como visitante y sacó dos empates de sus dos primeros envites, Zaragoza y Getafe. Luego se dejó deslumbrar por ese espejismo de la vistosidad de una plantilla que es la tercera de España en número de internacionales, sólo por detrás de Barcelona y Real Madrid, ocho: Beto, Alberto Moreno (sub 21), Medel, Kondogbia (sub 20), Rakitic, Stevanovic, Jesús Navas y Negredo. Serían nueve si se incluye al cedido Spahic. Nueve internacionales, otro dato ficticio.

Sólo cuando Monchi, sobre la marcha, acudió a buscar a Beto dio en la tecla de un jugador con carácter y oficio que transmite personalidad desde la portería. Pero la plantilla, por lo general, carece de esas cualidades en el resto de las líneas. El director deportivo lo intentó con Cata Díaz, pero el Atlético puso más dinero y se llevó a un central que debía cubrir un defecto primordial. En los últimos tiempos han llegado en cascada futbolistas técnicos que juegan por fuera, Cicinho, Stevanovic, Rabello -sin hueco en el primer equipo- o incluso Manu del Moral. Pero el Sevilla sigue pagando ese gran lastre de la falta de oficio en los puestos clave, en el núcleo del equipo.

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