La familia que placa unida...

  • Paquichi Alemán e hijos. Una generación de amantes del rugby forjada en el Ciencias

Comentarios 1

"No me vayáis a hacer la foto con la camiseta del CAR después de toda la vida en el Ciencias, que lo de cambiar de club ha sido por culpa de estos traidores". Para Francisco Alemán, Paquichi para todo el que haya estado relacionado con el rugby sevillano en las últimas tres décadas, los traidores son sus tres hijos. Eterno socarrón, las mil maldades que salen de su boca a lo largo de una conversación no logran desmentir la impresión de estar ante un tipo extraordinario que se tiene nada más ver su cara de ogro bueno. Es verdad que sus vástagos Julio (34 años), Curro (30) y Borja (21) visten la camiseta arlequinada del CAR pero esto no es óbice para afirmar que la familia Alemán es historia viva del Ciencias.

Antiguo jugador de baloncesto, Paquichi descubrió el rugby a mediados de los setenta. Fue un amor a primera vista y para toda la vida. "Y eso que en mi primer partido, contra el CAU de Madrid, me dieron guantazos hasta en el cielo de la boca. Yo no me sabía ni las reglas y me planté en el campo con unas zapatillas de deportes blancas. Lo peor es que en el CAU jugaba mi primo, que nada más por ser mi primo fue el que más me pegó", recuerda. Eran tiempos heroicos en los que el balbuciente Ciencias Club de Rugby apenas si se podía permitir soñar con la supervivencia. Una década en los terrenos de juego... y a seguir trabajando por el club.

En la primera mitad de los ochenta, Paquichi acometió la titánica tarea de inventarse, literalmente, los escalafones inferiores del club. La primera generación que estuvo a su cargo fue espectacular. "Un equipo de cadetes impresionante, con gente que ha llegado a ser internacional absoluto como Coco Torres, Keke Pérez Blanco o Alejandro Miño, y otros jugadores excelentes como Fernán González-Alemán, Ricardo Rodríguez...". Para armar la siguiente quinta, entró en juego su hijo mayor, Julio, nadador en Trastamara que dejó una prometedora carrera como bracista por el balón oval.

"Mi padre tenía que montar un equipo de infantiles y tiró de mi clase en la Escuela Francesa, que se convirtió en la mejor cantera del club. En los siguientes cinco años, los escalafones inferiores del Ciencias se construyeron sobre esa base", dice Julio. Esa generación 72-73-74 nutrió al rugby sevillano de sus primeras remesas de internacionales en categorías inferiores y todos esos jugadores aprendieron a jugar con Paquichi, que los recogía en un destartalado Renault 11 para llevarlos a entrenar al campo de la Feria. La nómina es infinita pero al lector le sonarán Marcos Campeón, Álvaro Peñafiel, Nacho Vargas, Marcos Caruz, Teo Olivares, Javi Roldán o Hugo Serantes, todos ellos con una dilatada carrera en División de Honor.

Unos años más tarde, repitió la misma operación con Curro, el segundo de sus hijos. Nada había cambiado excepto el coche, que entonces era un Peugeot 309, y el Ciencias que, gracias al patrocinio de El Monte y a los frutos de esa política de cantera, era una referencia en el rugby nacional. El mediano de los Alemán prefirió convertirse en un feroz placador antes que probar suerte como "pívot muy, muy, muy bajito en el equipo de minibásket del Náutico". De nuevo, otra catarata de jugadores para el quince científico: Pablo Girón, Urraca González, Mario Gutiérrez, los hermanos Ortega, Curro el Gordo...

Con sus dos hermanos mayores al borde de la retirada y jugando "para pasar el rato" en el CAR, Borja se ha pasado con armas y bagajes al antiguo club colegial y ha arrastrado a su padre, que echa una mano en la siempre complicada tarea de captar entre los niños a futuros ruggers. Si se imaginasen lo divertida que es la vida con un balón oval en la mano y Paquichi impregnándote de la filosofía del juego, harían cola.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios