Y al final se armó el Belén

  • El Cajasol pierde con estrépito frente al Tau Cerámica en el peor partido de la temporada, esta vez ante su público, que despidió a los suyos entre abucheos y mofas por la imagen ofrecida en San Pablo

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El Cajasol cayó de manera preocupante ante el Tau en un choque desastroso en el que rozó el ridículo ante su público, que lo castigó con uno sonoro abucheo, mofas incluidas, al final del partido.

Mal pintaron las cosas al inicio, preludio de lo que vendría luego, cuando los vitorianos, aprovechando que los cajistas entraron en el encuentro cinco minutos tarde, comenzaron mandando en el marcador y el juego con una superioridad alarmante en la pintura. Magnano reaccionó a tiempo, y con la entrada de Ignerski por un desafortunado Miso todo cambió. El polaco dio otro aire al encuentro cuando los locales perdían de 10 puntos.

Un triple de Miles rompió la zona de los de Spahija y la reacción hispalense no se hizo esperar. Así, con Ignerski tomando la responsabilidad, el Cajasol, con mayor intensidad en defensa, fue poco a poco reduciendo las distancias ante un Tau cada vez más desesperado que veía cómo su tirón inicial quedaba reducido a tres puntos al final del primer cuarto. El primer math ball estaba salvado, porque este equipo ha demostrado ser muy débil moralmente.

La mejoría era evidente, pero había otro problema más difícil de solventar. Planinic le ganaba la acción a Miles continuamente, ya que el serbio aprovechaba con efectividad su mayor envergadura para imponerse al norteamericano. El técnico cajista intentó compensar este déficit con Ellis como director de orquesta, pero el panorama no cambió. El Caja volvió a nublarse; no encontraba los espacios (tampoco los de dentro los abrían) y cayó en esos ya habituales minutos de inoperancia que suelen ponerle el choque cuesta arriba, como si el potencial del rival no fuese suficiente.

Pese a lograr al inicio del segundo cuarto un parcial a favor de 6-0 con el que se puso por primera vez en ventaja (24-21), el preparador rival tiró de banquillo para que el encuentro no se le fuera, y con la entrada de Prigioni y de un Rakocevic recién salido de una lesión -fue duda hasta última hora-, el Tau puso de nuevo las cosas en su sitio. Un 0-11 con éstos como únicos anotadores puso otra vez en ventaja a los visitantes, que con una tremenda facilidad lograban posiciones muy cómodas de lanzamientos para irse al descanso 10 arriba y dejar el panorama muy negro para los sevillanos, que ahí tiraron el partido.

Pero lo peor estaba por llegar. El equipo, que fue despedido con pitos en el intermedio, volvió a la cancha como se fue, perdido, como si el encuentro no fuera con él, y eso ante la calidad del conjunto que estaba en frente era como una sentencia de muerte anticipada. Como al comienzo, tardó más de cuatro minutos en anotar la primera canasta y encajó otro parcial de 0-11 con el que, definitivamente, el encuentro se resolvió. Fue un cúmulo de muchas circunstancias, pero el Cajasol tiene a día de hoy serios problemas que no corrige y que, jornada a jornada, lo llevan a la derrota.

El rebote es uno de ellos, muy serio, porque se dan segundas oportunidades al rival, pero no es el único, ya que la desconcentración que por momentos sufren los de Magnano les llevan a encajar parciales imposibles de remontar. Además, está la falta de banquillo, algo difícil de solucionar si no es ya a golpe de talonario. Las rotaciones del Tau sumaron; las del Caja no, y así ganar es imposible. Otra cuestión también evidente es que el entrenador no acaba por encontrar el juego adecuado, pero la plantilla tiene que dar mucho más de sí, pues hay cosas sobre la pista, como la desidia, ante las que el preparador argentino nada puede hacer.

Un atisbo de reacción, al menos, se evidenció al final del tercer cuarto, pero todo lo que podía ocurrir ya era únicamente maquillar un resultado que iba camino del bochorno. Mientras, Magnano, en la banda, parecía atónito ante lo que veía. Impasible incluso, pues ni siquiera pidió tiempo muerto. Lo intentó con la zona, pero ni por esas.

El último cuarto fue otro paseo para los vitorianos, que, con una marcha menos, se limitaron a mantener las distancias para acabar de hundir a un equipo que ya mira a la clasificación en busca de dos peores que él.

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