El fracaso del hombre que no sabía de fútbol

  • La pésima planificación deportiva auspiciada por Bosch y ejecutada por Stosic provocó el descenso más oprobioso de la historia verdiblanca.

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Cuando se produce un descenso como el protagonizado esta temporada por el Betis, colista desde la jornada decimotercera y desahuciado jornadas antes de finalizar el campeonato, la responsabilidad aparece compartida entre los diferentes actores que han pertenecido a la entidad, aunque en este Betis el origen del mal se localiza en el nombre de José Antonio Bosch y en todos aquellos que permitieron que un hombre que presumía de no saber de fútbol acabara auspiciando una pésima planificación deportiva.

Bajo las directrices marcadas por el anterior administrador judicial y con el respaldo que le supuso la clasificación europea lograda el año anterior, Vlada Stosic confeccionó una deficiente plantilla, que jamás encontró el rumbo correcto pese a los cambios de entrenador.

Mel, renovado antes del verano por tres temporadas, sufrió las carencias goleadoras -con la ausencia del lesionado Rubén Castro- del equipo en un comienzo de Liga donde el Betis sí mostró nivel competitivo y luego, con los bandazos propios de aquel que no encuentra la fórmula para ganar partidos, acabó sucumbiendo a un vestuario que detectó pronto la debilidad del técnico con las altas instancias del club verdiblanco. Ni siquiera lo logrado en años anteriores con escasas inversiones sirvió para que el crédito de Mel aguantase hasta el mercado invernal. El hombre que no sabía de fútbol, el mismo que señaló que gastar dinero en fichajes era una paletada, entendió que la plantilla estaba por encima del entrenador y de manera unipersonal se encargó de darle las riendas del equipo y también del club a Juan Carlos Garrido.

Apenas mes y medio aguantó la apuesta por el entrenador valenciano, que, junto con Bosch, validó gastar más de dos millones de euros en la cesión de Leo Baptistao hasta el final de temporada y casi lleva al club a invertir lo mismo en un desconocido medio centro argentino (Erbes).

Ya entonces el Betis había comenzado su caída a los avernos. Ni Mel, destituido a principios de diciembre; ni Stosic, despedido antes de Navidad; ni el propio Bosch, que tuvo que huir ante los escándalos en su gestión que dio a conocer este periódico, continuaban en el club cuando Miguel Guillén, el presidente que fue condescendiente con las maneras de actuar del administrador judicial, quiso ponerle remedio a la situación con la contratación de Gabriel Humberto Calderón.

La llegada del argentino, otrora mito de la afición por su calidad en el terreno de juego, apaciguó los ánimos de una afición que nunca entendió el despido de Mel, pero no sirvió para mejorar futbolísticamente a un equipo que sí se reforzó en enero con las llegadas de Leo Baptistao, pese a su inflado coste, Adán y N'Diaye. Precisamente, los tres refuerzos invernales aparecían en la agenda de los técnicos de la casa desde el verano, pero la desafortunada contención en el gasto de Bosch y la connivencia de Stosic con esa austeridad mal entendida provocaron que recalaran tardíamente en Heliópolis.

Desconocidos en el fútbol español como Andersen, Sara, Steinhöfer o Braian Rodríguez; jugadores sin experiencia en la máxima categoría como Juanfran, Cedrick o Chuli; y otros que llegaron bajo sospecha por sus últimas actuaciones, como Jordi, defenestrado en el Brujas, o Dídac, que venía de estar un año sin jugar, conformaron los refuerzos de un Betis que pretendía mejorar la clasificación europea lograda el año anterior. Nada más lejos de la realidad. Únicamente el chileno Reyes y Xavi Torres ofrecieron el nivel que se esperaba, mientras que Verdú se convirtió en el gran fracaso de la temporada. El catalán estaba llamado a ser el guía del equipo verdiblanco en su regreso a la competición continental y acabará saliendo por la puerta de atrás.

Si el fracaso deportivo no encuentra réplica, la situación institucional tampoco ha ayudado a templar los ánimos. La salida de Bosch dejó sin legitimidad al actual consejo de administración, por más que también haya encontrado el respaldo de Francisco Estepa, el nuevo administrador judicial colocado por la juez Alaya. A la espera de que la justicia se pronuncie definitivamente sobre la causa contra Lopera, el Betis necesita encontrar los dirigentes adecuados para llevar a cabo una nueva regeneración en su cúpula, un aspecto tan importante como la elección del próximo entrenador o del director deportivo.

La soberbia de Bosch arrastró al club en su caída y apenas el estreno de ocho canteranos -Caro, Pepelu, Abeledo,Varela, Juanma, Dani Ceballos, Pedro y Pibe-, la mayor parte de manera testimonial, dejó un rastro positivo en el peor Betis que se recuerda.

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