El otro fútbol, el otro Simeone

  • Su flirteo con la trampa al soltar un balón al campo le puede costar al técnico perderse el final de la Liga

El técnico argentino Diego Simeone es desde el sábado noticia no tanto por sus incuestionables virtudes tácticas, sino por el flirteo con la trampa, lo que le expone a pasar las tres últimas jornadas de la Liga fuera del banquillo del Atlético.

La acción de la polémica ocurrió el sábado poco antes del descanso del partido ante el Málaga, finalizado con sufrido triunfo rojiblanco por 1-0. El equipo rival armó un contraataque y de pronto salió un balón al campo arrojado desde el banquillo atlético. El árbitro, Mateu Lahoz, lo vio y expulsó al entrenador.

Simeone no arrojó el balón, pero el colegiado aplicó correctamente el código disciplinario, que exige la expulsión del entrenador si los árbitros no identifican al autor de la acción antideportiva. "Está claro que el árbitro tomó la decisión correcta que marca la sanción cuando sale la pelota de los alrededores del banco de suplentes y actuó como había que actuar, echando al entrenador", reconoció Simeone al acabar del encuentro.

Simeone culpó al "chico de al lado", un joven encargado de dar los balones a los jugadores cada vez que éste sale del campo, como el autor del feo lance. Pero diversas imágenes desmontaron esta teoría al sugerir que todo nació de una orden del propio entrenador. Más allá de identificar al responsable, quedó una acción que provocó el rechazo generalizado.

"Resulte único culpable el chico de al lado o haya orden previa, que todo puede ser, la imagen rojiblanca sale malparada de un episodio antideportivo", explicaba ayer sobre el suceso el diario Marca.

Según As, el lance "le costará a Simeone tres partidos de suspensión por una golfada del banquillo". Es lo que marca el reglamento de la Federación Española de Fútbol (RFEF).

Así pues, el entrenador rojiblanco se perdería el desenlace de la Liga, a la que le quedan precisamente tres partidos. Y todo en un momento en el que el los rojiblancos permanecen igualados con el Barcelona, líder del torneo por mejor diferencia de goles.

El Atlético perdería a uno de los técnicos más influyentes del mundo, un entrenador que no se limita a sentarse en el banquillo o dar órdenes al oído del futbolista. Simeone es, casi, un protagonista más sobre el campo, un hombre que arenga a las gradas y a sus propios futbolistas, un entrenador que interviene en lo que sucede.

No es la primera vez que Simeone protagoniza una acción antideportiva. En agosto de 2014 fue sancionado con ocho partidos al golpear a un árbitro en la vuelta de la Supercopa de España ante el Real Madrid. También permaneció en la grada durante el resto del encuentro, algo prohibido por el reglamento, y agravó la pena al aplaudir al colegiado.

"Cuando uno se equivoca, es justo pagarlo", dijo entonces. Más o menos como ahora, cuando reconoció lo justo de su expulsión ante el Málaga.

Es en momentos de máxima tensión cuando a Simeone le cuesta más controlar al hincha que lleva dentro, al pasional aficionado que nunca dejó de ser. Ni antes como futbolista ni ahora como entrenador.

Le costará caro su último suceso. Esta vez el alarde de su dominio del otro fútbol podría alejarlo de la posibilidad de vivir desde el banquillo el apasionante desenlace de la Liga. Su equipo es el que más pierde.

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