Eurocopa de leyenda (17)

1992: El fútbol no responde en el gran año de España

  • Fiasco. La selección se ausenta de un gran torneo por primera vez desde el Mundial 78 en un año jubiloso para el país por los Juegos y la Expo.

POCAS fases de clasificación han resultado tan aciagas para España como la que debía llevar a la Eurocopa de 1992. Si acaso, la del Mundial 70 puede equiparársele en cuanto a que la selección se quedó sin posibilidades cuando tenía aún varios encuentros por delante. En esta ocasión, y en un grupo que presentaba bastantes dificultades, la España de Luis Suárez y luego Vicente Miera protagonizó una infeliz trayectoria que dio como resultado su única ausencia en un gran torneo desde que alcanzó la fase final de Argentina 78.

La empresa, desde luego, no era sencilla. La fase final seguía contando con ocho selecciones -fue la última vez, antes de la ampliación a 16, una vez que la descomposición de los países del Telón de Acero había provocado la aparición de un puñado de nuevas naciones-, de forma que sólo el campeón lograba el pase en grupos compuestos la mayoría por cinco equipos y con la igualdad como nota predominante. A España le habían correspondido Francia, que buscaba la redención tras haberse quedado fuera del Mundial 90 con gente como Cantona, Papin, Blanc, Boli y todavía Luis Fernández, y Checoslovaquia, cuartofinalista en la cita italiana con un equipo muy apañado y figuras como el goleador Skuhravy, Moravcik o el bético Michal Bilek. Además, dos presumibles comparsas, Islandia y Albania, alguna de las cuales para España no fue tal.

Con Luis Suárez todavía en el banquillo, las cosas empezaron a torcerse muy pronto para la selección, que venció en Sevilla a Islandia (2-1) y Albania (9-0), pero cayó sucesivamente en sus visitas a los dos grandes rivales , Checoslovaquia (3-2) y Francia (3-1). Esta última precipitó el adiós de Suárez y la llegada al banquillo de Vicente Miera, mientras Francia marchaba intratable al frente al grupo.

Claro que si la papeleta era difícil todo se vino definitivamente abajo con dos resultados que dejaron a España sin ninguna opción a falta de tres partidos. Primero, la victoria francesa en Checoslovaquia (1-2) y luego, una de las derrotas más deshonrosas en más de 70 años de historia del equipo nacional. Fue en Rejkiavik, el 25 de septiembre del 91, y la modesta y prácticamente amateur selección islandesa batió por 2-0 a España. Desde el 2-0 de Finlandia en el 69 no se recordaba un fiasco similar.

España ya estaba fuera, sin opciones, y la puntilla llegó en forma de derrota ante los galos en el Benito Villamarín. Quedaban dos partidos, uno ante Checolosvaquia en el Sánchez Pizjuán (2-1) y otro en Tirana que finalmente no llegó a disputarse, ya que el ambiente inestable que se vivía en esos meses finales del 91 en Albania, como en buena parte de la Europa del Este tras la caída un par de años antes del Muro, aconsejó a la FIFA la suspensión del por otra parte intrascendente encuentro.

El país se aprestaba a vivir un gran año, con los Juegos Olímpicos en Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, pero el fútbol no se sumó a la fiesta. Al menos de entrada, porque luego la cosa mejoró: el Barça ganaría su primera Copa de Europa y en Barcelona 92 la selección se colgaría el oro.

Una gran Francia acaba con la magia de Sevilla

Con Francia prácticamente clasificada y España totalmente descartada, el partido del Villamarín sólo iba a servir para que Fernández y Papin dejaran claro muy pronto que en esos momentos existía una gran diferencia entre ambas selecciones y para romper la racha de imbatibilidad de España en los estadios sevillanos -años después cayó ante Argentina y Holanda en la Cartuja-, que en las etapas de Muñoz, Suárez y Miera, incluso al principio de la era Clemente, acogieron casi todos los partidos oficiales.

Miera: Villano en Islandia, héroe en Barcelona

Su llegada al banquillo, con España enfrascada en la fase de clasificación aunque prácticamente sin opciones, constituyó una cierta sorpresa. Vicente Miera (Nueva Montaña, Cantabria, 1940) había sido el segundo de Miguel Muñoz en la Eurocopa 84 y el Mundial 86, torneos en los que España rindió a un nivel más que aceptable, pero llevaba años dedicado al fútbol de clubes, en el Atlético, el Oviedo y el Tenerife, cuando Ángel Villar pensó en él para sustituir a un Luis Suárez cuyo paso por la selección fue bastante gris. Tenía, además, una dificilísima papeleta por delante, porque las posibilidades de remontar ante una Francia que no daba tregua eran escasas por no decir casi nulas. Y lo cierto es que peor no le pudieron ir las cosas, pues entre los ocho partidos que dirigió a la selección española figuran el desastre en toda regla de Islandia y la derrota ante Francia en el Benito Villamarín que lo señaló como el entrenador con el que España había perdido su primer partido en Sevilla y que sumió al equipo nacional, impotente ante la Francia que entrenaba Michel Platini, en una absoluta depresión.

Miera fue sustituido por Javier Clemente en junio del 92, aunque el vasco no se estrenaría hasta septiembre, pero entonces recibió un encargo que, al cabo, le daría el mayor éxito de su trayectoria deportiva: hacerse cargo de la selección que iba a competir en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Y Miera vivió ahí, en el Camp Nou, su gran momento de gloria, un éxito con el que resarcirse de su decepcionante paso por el banquillo español. Con un par de jugadores con los que ya había contado en la absoluta, Abelardo y Solozábal, y varios más que serían muy importantes en años venideros -Luis Enrique, Cañizares, Guardiola, Kiko, Alfonso, Ferrer-, España consiguió el oro olímpico, un gran colofón a la explosión de júbilo que se vivió ese verano en la Ciudad Condal. ¡Quién se lo iba a decir a Miera cuando asistió atónito a aquel 2-0 en una tarde de otoño en Rejkiavik! 

Jugadores de España

37 partidos: Zubizarreta (Barcelona) y Butragueño (Real Madrid).

36 partidos: Míchel y Sanchís (Real Madrid) y Martín Vázquez (Torino).

35 partidos: Jon Andoni Goicoetxea (Barcelona). 34 partidos: Manolo y Vizcaíno (Atlético) y Hierro (Real Madrid).

33 partidos: Solozábal (Atlético), Amor, Bakero y Nando (Barcelona), Carlos (Oviedo), Abelardo (Sporting de Gijón) y Quique Flores (Valencia).

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