La gran vuelta de tuerca

  • El Deportivo, el mejor equipo de la segunda vuelta, pasó de luchar por evitar el descenso a pelear por la UEFA · El cambio de sistema de Lotina resultó decisivo

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Huyendo de la diatriba de si esta Liga se ha igualado por la pujanza de los modestos o por la desidia de los más poderosos, escapando aún más de calificarla como barata o descafeinada, sí es innegable el aserto de que han sido varios los equipos designados este curso como revelación por un prolongado momento de forma. Getafe, Almería o Racing se hicieron acreedores de tal calificativo, pero cuando la competición emboca su tramo final ninguno como el Deportivo está tan cerca de lograr tan vana distinción.

Claro que ese nombramiento semihonorífico adquiriría rango si el conjunto herculino coronase ese ascenso que puede dar con él en la Intertoto e incluso en la mismísima Copa de la UEFA de forma directa.

media de campeón

No andan muy equivocados quienes aluden a la media inglesa -dos puntos por partido- como promedio incluso para campeonar. El Real Madrid, con un empate en Pamplona, sumaría 76 puntos y podría cantar el alirón. Pero esos números, de manera parcial, son superados por el Deportivo, líder de la segunda vuelta con 32 puntos en 15 partidos. Villarreal (30) y Real Madrid (28) persiguen a esta especie de líder sin premio del Clausura.

Al término de la primera vuelta, los blanquiazules eran penúltimos (17) a cuatro puntos de Recreativo, Betis y Getafe. Incluso, comenzaron perdiendo al virar el calendario: 1-0 en Almería. Fue entonces cuando su entrenador, Miguel Ángel Lotina, tomó una de esas decisiones que justifican una contratación y un salario.

decisión arriesgada

Lejos de cruzar los brazos ante el panorama, ya entonces a cinco puntos de la permanencia, decidió cambiar el sistema de juego en vísperas de un partido clave ante el Valladolid. De los cuatro triunfos que atesoraba el equipo, sólo uno, y muy temprano frente al Betis (1-0), lo había logrado en Riazor. El 27 de enero, el Deportivo venció por 3-1 a los blanquivioletas y la semana siguiente en Heliópolis (0-1). Manuel Pablo, Lopo, Pablo Amo, Coloccini y Filipe Luis. Esa defensa, la misma que se alineó el sábado frente al Barça (2-0), es el inicio del 5-4-1 que desterró el dibujo de moda, el 4-2-3-1. Ha sido la clave del resurgir del equipo de Lotina, que desde entonces sólo ha perdido dos partidos y que con 49 puntos ha dejado atrás las fatigas y se ha situado a tres del Sevilla (52), que habita la sexta plaza, la segunda que pasaporta para la UEFA.

Fiel a la política económica de las últimas tres temporadas, que enterró para siempre al Superdépor y dejó a este nuevo equipo entre los puestos octavos y decimotercero de la tabla, Augusto César Lendoiro se vio obligado a despedirse de sus mejores hombres y a derrochar ingenio y todo lo que tuviese al alcance para, por cuarta vez consecutiva, no acabar con la mejor racha histórica del equipo en Primera División (18 temporadas ya, contando la próxima, en la que repetirá).

La primera decisión fue la del relevo en el banquillo. Joaquín Caparrós, tras dos años en los que rejuveneció el equipo, dio paso a Lotina. Jorge Andrade, Arizmendi, Capdevila y Duscher hicieron las maletas y, por contra, apenas llegaron el mexicano Guardado y el zaragocista Lafita, a la vez que regresó Pablo Amo tras su cesión al Recreativo. Quien fuera prometedor fichaje del gran Deportivo triunfa hoy, tras varios bandazos y ya con 30 años.

Sabedores en el club de que el descenso era más que una amenaza, en el mercado de invierno arribó el sueco Wilhelmsson, que militaba en el Bolton cedido por el Nantes y que ha supuesto una inyección de calidad en una plantilla que aún busca un punto de inflexión hacia el crecimiento.

Quizá con Lotina lo halle. Porque más allá de esa imagen en permanente melancolía, el técnico de Meñaca ha demostrado que no le tiembla el pulso. Así ocurrió cuando castigó al puño largo Aouate y al lenguaraz Munúa y le dio la alternativa al joven Fabricio en la portería. Pero, sobre todo, cuando se pertrechó de zagueros para ganar. Una decisión que recuerda a la tomada por Paco Chaparro, quien sustituyó en el Betis la figura del segundo delantero por un tercer centrocampista. Son vueltas de tuerca para huir de un 4-2-3-1 que no es dogma de fe pese a lo extendido de su uso como lo fuesen el 4-4-2 o la doble W. Son decisiones de entrenadores que se adaptan a sus plantillas, muy lejos de la inflexible soberbia esgrimida por Ronald Koeman en el Valencia.

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