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La historia interminable

Mourinho pisa el balón mientras Guardiola da instrucciones desde su área técnica. Mourinho pisa el balón mientras Guardiola da instrucciones desde su área técnica.

Mourinho pisa el balón mientras Guardiola da instrucciones desde su área técnica. / nigel roddis / efe

Pasan los años, nuevos clubes, nuevas metas, más canas uno, menos pelo el otro, pero el resto sigue igual, imperturbable, como si el tiempo se hubiera detenido. José Mourinho y Josep Guardiola son protagonistas de un cuento que no acaba.

"He says, he says", respondió ayer Mourinho, entrenador del Manchester United, cuando le preguntaron por los últimos comentarios de su colega del Manchester City. "Él dice, él dice".

El técnico luso de 54 años aún no entiende por qué el City celebró con tanta efusividad el domingo el triunfo por 1-2 en Old Trafford. Fue ahí, en los vestuarios del estadio de los Red Devils, donde se produjo el último encontronazo entre Mourinho y Guardiola. Según medios ingleses, miembros de ambos clubes se lanzaron insultos, puñetazos y botellas de agua y leche. Se cree que no hubo contacto verbal ni físico entre los dos entrenadores, pero cuesta imaginar una escena de tanta tensión con otros protagonistas en los banquillos. Al parecer, todo se desencadenó cuando el portugués se acercó al vestuario visitante para pedirles que bajaran la música.

"Ganamos un derbi, ¿la gente espera que no lo celebremos? Después pasó lo que pasó y espero que no vuelva a ocurrir", respondió ayer Guardiola a los periodistas cuando le preguntaron por lo sucedido. El técnico español, de 46 años, intentó quitar hierro al asunto al asegurar que "todos los jugadores se estrecharon la mano después del partido", pero inmediatamente señaló: "Algunos jugadores del City fueron a celebrarlo con los hinchas y yo les alenté a que lo celebraran también en el vestuario".

Esa frase es como un caramelo para Mourinho, que no perdió la oportunidad para responder a su máximo rival en los banquillos. "No estoy aquí para comentar sus palabras, lo único que puedo decir es que para mí fue una cuestión de diferencia. Diferencia de comportamientos, diferencia de educación, únicamente eso y nada más".

Enemigos íntimos desde hace más de un lustro, Guardiola y Mourinho mantuvieron una espinosa relación durante la etapa en la que compartieron focos en la Liga. El primero, al frente del Barcelona; el segundo, en el Real Madrid. Desde 2016, además, comparten ciudad: Mánchester.

En su rivalidad hubo "recados" de uno a otro en las ruedas de prensa, ataques frontales, otros más sutiles, goleadas sobre el césped e incluso caricias en pleno partido, pero siempre con la distancia y la "lejanía" de no vivir en la misma ciudad. Ahora, toda esa enemistad se concentra en las calles de Mánchester. Nadie, salvo Mourinho y Guardiola, sabe lo que es un cara a cara tan visceral, personal y diario como el que mantuvieron en las temporadas 2010-2011 y 2011-2012.

El 26 de abril de 2011, antes de un Real Madrid-Barcelona en el Santiago Bernabéu por la Liga de Campeones, Guardiola explotó. "Mañana a las 20:45 nos enfrentamos en el campo. Fuera del campo, él ya ha ganado", dijo refiriéndose a Mourinho. "Ha ganado durante todo el año, durante toda esta temporada y en el futuro. Le regalo su Champions particular fuera del campo. En esta sala él es el puto jefe, el puto amo, es el que más sabe de mundo, y no quiero competir ni un instante".

Al día siguiente, Mourinho, disgustado con la actuación del árbitro tras el 0-2 para el Barcelona, no se mordió la lengua: "Guardiola es un entrenador fantástico de fútbol, pero ha ganado una Champions que a mí me daría vergüenza porque la ganó con el escándalo de Stamford Bridge. Y si este año gana, la gana con el escándalo del Bernabéu".

Nada, salvo el éxito -ambos tienen dos Champions, Mourinho suma además ocho Ligas y Guardiola, seis- une a dos de los entrenadores más cotizados del mundo. Sin embargo, hubo un tiempo en el que estaban en el mismo bando. "Sólo recuerdo cosas positivas", dijo una vez Mourinho sobre sus cuatro temporadas como ayudante en el banquillo del Barcelona, a finales de la década de los 90. "Él me conoce y yo lo conozco", opinó Guardiola, jugador del Barcelona en aquella época.

Todo cambió con unas semifinales de la Liga de Campeones en 2010, cuando el Inter de Mou derrotó al Barcelona de Pep. La historia desde ahí conoce muchos idiomas pero ningún final.

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