Dos jugones, de Los Palacios a Rosario

  • Fabián llama de nuevo a la renovación con un recital de fútbol, poderío y corazón hasta que acabó desfondado por su gran despliegue físico

  • Banega, el único motor del Sevilla

Fabián entiende que no hay falta sobre Banega, que se duele del tobillo izquierdo tras un lance del encuentro. Fabián entiende que no hay falta sobre Banega, que se duele del tobillo izquierdo tras un lance del encuentro.

Fabián entiende que no hay falta sobre Banega, que se duele del tobillo izquierdo tras un lance del encuentro. / fotos: antonio pizarro

Trepidante, frenético... Así fue el derbi en los más de 90 minutos que duró. Y sobre la hierba, dos maestros de jugar al fútbol con una gran categoría: Fabián Ruiz y Éver Banega. Sonrisa final para el de Los Palacios y amargor para el de Rosario, pero ambos ofrecieron un gran espectáculo en el Ramón Sánchez-Pizjuán, demostrando ser dos extraordinarios centrocampistas.

Fabián volvió a llamar con fuerza a la puerta de la renovación. ¡Qué poderío! Y lo demostró a los 22 segundos de partido, cuando enganchó un zapatazo desde la frontal, con una rosca exquisita que hizo imposible la estirada de Sergio Rico. A partir de ahí, Fabián siguió en su línea, multiplicándose en todas las tareas. Echando una mano a Francis en la banda derecha en la salida del balón, acompañando a Javi García en tareas defensivas, descolgándose en labores ofensivas... Y a todo eso le sumó el palaciego garra, rabia -como se demostró en la celebración del gol mientras miraba a los 570 fieles béticos en la grada- y corazón. Mucho corazón verde.

Ni un ápice bajó Fabián en el inicio de la segunda mitad. El mismo guión, desfondándose hasta más no poder. Su cabeza quería más y más. Era su partido. Lo sabía y así quiso aguantar hasta el final, pero se quedó sin batería. Su físico dijo basta y tuvo que ser cambiado por Camarasa.

Frente al canterano bético, el nombre en el Sevilla fue Banega. Qué manera de jugar al fútbol y qué derroche físico, también. Donde puso el ojo puso el balón. Un peligro constante en las faltas a balón parado de su equipo, como se vio en varios goles. Un golpeo sensacional a la pelota tanto a balón parado como en los desplazamientos en largo, como se vio, por ejemplo, en las cinco ocasiones que buscó a Jesús Navas con el cambio de sentido, algo que su compañero palaciego no supo aprovechar nunca.

El Sevilla estuvo siempre en el partido gracias a Banega, el timón del equipo de Montella, omnipresente, pero con muy poca ayuda de parte de N'Zonzi, que acusó el excesivo tiempo que lleva sin competir pese a jugar el partido completo en Cádiz, y de Franco Vázquez, muy desapercibido también y pitado por su afición cuando fue cambiado por Correa.

Hasta el final insistió Banega, con faltas laterales que eran un auténtico peligro para un conjunto verdiblanco que se agarró a Feddal para intentar cortar todo el bombardeo continuo del Sevilla. El capitán Banega había dado la cara en un Sevilla mal físicamente y que acabó sucumbiendo en una contra letal en la última acción del encuentro.

Así finalizó un Sevilla-Betis histórico para los verdiblancos. Una cita en la que Fabián volvió a mostrar que quiere más y más, que sigue creciendo, que ha dado un paso adelante en todo (físico, carácter...), con alma de líder en el futuro y cargado de beticismo, como esa imagen que guardará en la retina, como todos los béticos, besando su escudo tras hacer el 0-1. La felicidad del ganador, contra la tristeza del perdedor, en este caso Banega, que fue el faro de un Sevilla que en esta ocasión acabó perdiendo el derbi con su vecino. Un derbi con dos jugones, Fabián y Banega, y viceversa, con un final feliz. Esta vez, para el Betis.

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