Sevilla | fenerbahçe · el otro partido

Las lágrimas de Platini

  • Del Nido le recordó el Alemania-Francia a su invitado con un regalo que se le volvió en contra · Zico vence a la memoria de Eder

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"Si hubiéramos sabido lo buenos que somos no hubiéramos perdido este partido". Las lágrimas que en este estadio dejó escapar Michel Platini el 8 de julio de 1982 las derramaron ayer los sevillistas y los sentimientos también, pero la frase perfectamente se podía haber puesto en la boca de cualquiera de los jugadores nervionenses que cayeron en el estadio Sukru Saraçoglu -vulgo infierno turco- en el partido de ida y que anoche tampoco supieron rematar una faena que en muchos momentos estuvo a favor de querencia. El dolor de Platini en el Alemania-Francia que vivió en este escenario lo volvió a vivir aunque no fuera un protagonista directo, y sí un testigo de excepción.

Todo acabó de la forma más extraña posible. Empezó bien, magníficamente bien, apelando al espíritu del Sevilla-Zaragoza, cuando pasó a complicarse la historia, para acabar haciendo que el sevillismo se acordara primero del espíritu de Puerta con aquel gol en la prórroga un jueves de Feria y después al espíritu de Glasgow, esperando que en los penaltis emergiera el Palop de las grandes noches europeas del Sevilla de Juande Ramos.

Platini, invitado de honor en el antepalco de Nervión, perdió aquella semifinal del Mundial. El Sevilla, también ante un equipo inferior, perdió una ocasión histórica. Francia, una selección que jugaba como los ángeles y que no supo administrar su mayor calidad ante un equipo de fuertes autómatas con las pinceladas de Rummenigge y Littbarski, mordió el polvo en la tanda de penaltis en uno de las encuentros más vibrantes de la historia de los mundiales. Al Sevilla le pasó lo mismo en el mismo escenario, aunque en la portería contraria...

El ahora presidente de la UEFA no marcó una vez desde los once metros, sino que lo hizo dos veces porque anotó también el primer gol de aquel histórico 3-3. Ayer de buena gana se hubiera vestido de corto y hubiera bajado a ayudar al Sevilla. Hasta con el regalo de Del Nido. Éste tuvo un gesto que, sin duda, fue una sorpresa que de ninguna forma podía esperar. El presidente sevillista le regaló en el descanso la camiseta y las calzonas de Batiston, su compañero en aquel partido que tuvo que ser atendido tras una durísima entrada de Schumacher, el melenudo y rubio portero alemán. El uniforme del delantero galo se había quedado en el Sánchez-Pizjuán y se convirtió en el bonito recuerdo que Platini se llevó de Sevilla. Quizá el fetiche se quedó en recuerdo gafado.

Arthur Antunes Coímbra también volvía a Nervión 26 años después. Zico, sin duda, tenía mejores recuerdos de Sevilla que el francés, pero ayer los reafirmó, aunque es verdad que al entrenador del Fenerbahçe se le daba mejor el Benito Villamarín, donde marcó ante Escocia y ante Nueva Zelanda, que el Sánchez-Pizjuán. Hizo bingo junto al Fenerbahçe aunque en la primera parte se le pasaría por la mente más de una vez el recuerdo de Eder, puede que el menos virtuoso de aquella selección en el que brillaban Junior, Falçao, Sócrates o él pero que tenía su público gracias a un disparo aterrador con su pierna izquierda. Dassaev lo sufrió en sus propias carnes y Demirel iba camino de acabar como el meta de la URSS. Si Daniel le dobló las manos en el 1-0 y el obús de Keita le sorprendió, luego se tomó la venganza.

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