El derbi sevillano · gran angular

Cinco meses de persecución

  • Tras el derbi del 5-1, el Betis obró una pronta reacción con el Sevilla hasta a 12 puntos de él.

Quienes defienden que los efectos colaterales de perder un derbi son devastadores olvidarán de su memoria, o preferirán no recordar, lo que ha sucedido en esta temporada tan singular. Porque realmente singular es que uno de los dos equipos meta cinco goles al eterno rival en un derbi, que fue lo que sucedió la noche del domingo 18 de noviembre en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Tras aquella ominosa derrota, el Sevilla, con 18 puntos, se situó a un puntito del Betis (19). Además, los verdiblancos se aprestaban a recibir en la siguiente jornada al Real Madrid. Lo hacían con la moral hecha jirones y con dos centrales suplentes entonces, Amaya y Dorado.     

Pero la historia bética está trufada de inopinadas gestas, que alternan sus espantás como se alternan las barras verdes y blancas de su escudo. Por eso es el Betis. Es la esencia de su singularidad. El equipo de Mel tumbó al Madrid con un zapatazo raso de Beñat, luego ganó en Riazor con otro misil de Campbell y tras vender carísima su derrota con el Barça (1-2) también pescó todo el botín en Vigo. Un arreón de 9 puntos de 12 que fue absolutamente clave para devolver la serenidad al club heliopolitano. 

Mucho tuvo que ver en que las aguas se calmaran que el Sevilla, en ese tramo de cuatro partidos posteriores al 5-1, sólo adicionó un punto a su casillero. Total, que en la jornada 16ª, el Betis gozaba de un mullido colchón de 9 puntos sobre el vecino. Esa diferencia en favor de los verdiblancos ha llegado a elevarse hasta los 12 puntos en el último partido de la primera vuelta y el inicio de la segunda. Luego, una pequeña crisis bética de cinco partidos sin ganar hizo que el Sevilla se le acercara hasta los cuatro puntos tras la jornada 24ª. Hoy, la distancia es de seis puntos. El 5-1 dejó más huella en la historia que en esta Liga.  

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