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El necesario frenesí

  • Dolido El Betis llega a una nevada Pamplona aún renqueante por la cacicada de Villar Estímulo Chaparro trata de que su equipo se rebele como mejor arma para ganar y respirar

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Muy caliente anda aún la mayor cacicada del siglo en el fútbol español como para que en esta visita del Betis a la gélida Pamplona -la nieve recibió a la expedición- se hablase de otra cosa. Cierto que Sevilla acaba de vivir su semana mayor y de que Osasuna, por sí solo, tiene suficiente miga como prestarle atención, pero la tropelía cometida por Ángel María Villar y sus secuaces contra los verdiblancos ha sido de tal envergadura que en una expedición donde se halla gente que se ve de semana en semana, lógico resulta que aúne toda suerte de comentarios.

Subyacen, por tanto, con honda importancia las consecuencias del botellazo del Sábado de Pasión en Heliópolis, pero como a todo hay que buscarle la cara positiva, apenas ha pisado Paco Chaparro la calle en estos días y se ha enfrascado en hallar una y mil fórmulas para que su gente sea capaz de intentar al menos lo que a él apenas le costaría trabajo: convertir en furia la impotencia que sienten por haber sido privados de rematar a un Athletic al que sometían. Con la mitad del genio del trianero sobraría para que Osasuna se diese hoy cuenta del frenesí con el que su rival afronta el partido, pero los sentimientos colectivos nunca afloran con tanta facilidad como los individuales.

Y este Betis, rebelado o no, contenderá con un equipo metido de lleno en una racha triunfadora al calor de los suyos, en ese Reyno de Navarra que ha visto cómo sus anfitriones derrotaban consecutivamente a Athletic, Zaragoza, Atlético y Almería. Aunque los vistazos a los números, más o menos someros, siempre arrojan datos para la zozobra pero también para el regocijo, y en este caso conviene recordar que fueron los verdiblancos en enero de 2006 los primeros en derrotar a Osasuna tras retirarle al estadio su antiguo nombre de El Sadar. Era la primera vez que ambos se veían las caras en Pamplona tras ganarle el Betis a los navarros la Copa del Rey en 2005. La historia más reciente, por completar este superficial análisis estadístico, habla de dos victorias del Betis y cuatro de los rojillos en los seis partidos disputados en el siglo XXI.

Hace mucho frío en Pamplona, tanto que la nieve cayó con insistencia ayer, y los mercurios han sufrido una caída terrible en apenas dos días. Será más cruel para el Betis, que en Sevilla apenas ha sentido cómo se le escapaba una primavera que disfrutaba antes de tiempo. Un hándicap la temperatura y raro será no encontrarse a algún futbolista heliopolitano con guantes, pero también ha preparado Chaparro a sus hombres para ello en su desmedido interés de que nada provoque que sus futbolistas le cojan asco al partido, sino al contrario.

Insiste el técnico trianero en que su equipo viene jugando un buen fútbol y argumentos, resultados al margen, no le faltan. Y aunque precisamente éstos sean siempre los mejores argumentos para convencer a una pandilla de veintitantos, sólo errores aislados provocaron las derrotas ante Racing o Athletic, dos equipos ante los que el Betis nunca fue inferior ni se lo sintió. Con ese ánimo, entre reivindicativo y furioso, quiere ver Chaparro a sus hombres esta tarde en Pamplona, lejos de ese embelesamiento que tan malas consecuencias le acarrea.

Es por eso, además, que no va a variar su alineación habitual, aunque la amenaza de suspensión que corren hombres como Arzu, Fernando Vega y Damià quizá motive algún cambio, fundamentalmente en alguno de los laterales. Ilic podría ser el beneficiado en las maniobras, ya que podría resultar traumático para el Betis medirse al Barcelona sin sus dos laterales habituales. El que sí es seguro es el relevo en la portería, a la que regresa Casto por unas molestias en el hombro de Ricardo.

En Osasuna, la única duda estriba en saber si Cuco Ziganda suplirá al mexicano Carlos Vela, que ha estado toda la semana entre algodones y al final se quedó fuera, con el medio Delporte o recurrirá al punta Portillo para regresar a ese 4-4-2 que dejó recientemente por el 4-2-3-1 que tan buenos resultados le está dando. Son los navarros un equipo alejado de aquél que practicaba un fútbol norteño a más no poder. El juego directo ha ido dando paso desde los estertores de Javier Aguirre -¿verdad, Luis Fernández?- a otro con más toque y en el que la velocidad y la agresividad recitan un papel importantísimo.

Así que, amén de frenesí, necesitará el Betis echar mano de algunas de las virtudes demostradas desde la llegada de su nuevo entrenador para que despunte la aurora en el Reyno de Navarra. Con la defensa prudentemente lejos de Ricardo, con las líneas muy juntas, ejerciendo una presión ordenada en los medios y con las ayudas de los extremos para salir en contraataques rápidos… Y con paciencia, aplomo y seguridad para minimizar los errores. Quizá excesivas dotes la enumeradas, sí, pero en plazas como El Madrigal o Montjuïc afloró la mayoría a la vez y si quien hace un cesto hace un ciento…

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