el derbi sevillano · la crónica

En dos órbitas distintas

  • Goleada El Sevilla, aunque ayudado por una trampa de Luis Fabiano en el primer tanto, destrozó a un Betis sin rumbo Monólogo Los blancos tuvieron suerte, pero la diferencia entre ambos fue sideral

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Superioridad aplastante del Sevilla en el derbi número 109 que ha vivido la ciudad. Los sevillistas se impusieron a su rival desde es el primer minuto hasta el último y demostraron sobre el terreno de juego, que es donde se deben enseñar las cartas en el fútbol, que en estos momentos ambos equipos circulan en dos órbitas completamente diferentes. Ambos militan en la Primera División, cierto, pero las distancias entre unos y otros son siderales. Cierto que el Betis tal vez podría alegar en su defensa que la fortuna no le sonrió, pero la verdad es que los hombres vestidos de verdiblanco pusieron demasiado poco para que eso fuera así y ni siquiera la trampa de Luis Fabiano en el primero de los tantos los exime de reconocer que el vecino, hoy por hoy, es infinitamente mejor.

De no ser porque se cruzaban por el camino el Sevilla y el Betis, con la pasión que eso conlleva en toda la ciudad, quizá el relato de los hechos aún fuera mucho más duro para el conjunto que ejercía de visitante en el Sánchez-Pizjuán. Los sevillistas sólo necesitaron apretar a fondo durante la primera mitad, sobre todo por esa extraordinaria banda derecha que disfrutan sus seguidores, para dejar liquidado el encuentro. El resto, es decir, un tiempo entero, fue un sesteo casi absoluto, ya que cuando Damià desvió la falta lanzada por Daniel hacia el fondo de las mallas de la portería de Ricardo, los profesionales que defienden el escudo del club de Nervión entendieron que aquello ya no tenía sentido, que el trabajo estaba completamente finiquitado.

Es evidente que el corazón de los futbolistas sevillistas, de los que cobran, no se correspondía, para nada, con las pulsaciones que se contabilizaban entre los que pagan, entre los aficionados nervionenses, pero la vida es así. Ya le sucedió en su día al Betis de Lorenzo Serra, cuando perdió la oportunidad de hacerle sangre al eterno rival el día del gol de Olías, y bien que se lo recriminaron los suyos entonces. Al Sevilla de Daniel, Jesús Navas, Luis Fabiano y Jiménez, sí Jiménez para quienes le discuten todo al técnico del Arahal, le ocurrió más o menos lo mismo.

Los blancos entendieron que aquello había finalizado en el minuto 63 y que si la ventaja se incrementaba a su favor debía ser sin gastar más energías. Es la consecuencia, en definitiva, de tener más jugadores de fuera que criados en la carretera de Utrera, pero es que la superioridad que el Sevilla mostró en el campo también es fruto de esa circunstancia, de comprar fuera mejores productos, si cabe, que los que proporciona la cantera a ambas entidades.

El análisis del partido, como se deduce de lo anterior, es la crónica de un monólogo. El Sevilla se ajustó a lo previsto a la hora de confeccionar su alineación, es decir, Jiménez sacó a los mejores, a los hombres que deseaban casi todos sus aficionados. Entre ellos, lógicamente, estaban Daniel y Jesús Navas, un brasileño y un canterano. Ambos se exhibieron por la banda derecha a través de un fútbol de tocar y tocar, de no dar ni un solo pelotazo, de driblar, de buscarle las espaldas al adversario. Cierto que contaron con muchas ayudas, pero entre ambos destrozaron al Betis.

Paco Chaparro, mientras, trató de hacer malabarismo con las piezas que tenía a su disposición para tratar de componer un puzzle medianamente competitivo. Cuatro zagueros, con Melli en la derecha y Damià en la izquierda, dos medios centro y cuatro hombres arriba con cierta libertad para moverse. Claro que una cosa es intercambiar las posiciones y otra tener calidad para sacar provecho de ello. Los verdiblancos no llegaron a disfrutar de ni una sola ocasión clara de gol durante todo el encuentro. Si acaso un cabezazo flojo de Edu tras una doble pifia de Mosquera y Escudé.

Con semejantes planteamientos y viendo cómo arrancó el encuentro, la única duda estribaba en saber cuándo se pondría el Sevilla con ventaja en el marcador. Lo debió conseguir a través de Kanoute en una ocasión clarísima en una acción de calidad en el minuto 21, pero lo hizo muy poco después mediante una trampa de Luis Fabiano, que remató con el brazo un centro de Diego Capel.

El Sevilla, es verdad, se adelantó de manera ilegal, pero todos los que estaban viendo el partido entendieron que esa circunstancia iba a caer como una fruta madura ante la superioridad de los blancos. Como después llegaría el segundo gol, éste en una gran jugada de Jesús Navas y Daniel, la enésima, o como también se produciría el tercero antes de que los blancos dieran por finiquitado el monólogo y es que ayer se vivió uno de esos derbis en los que uno, en este caso el Sevilla, como otras veces, en el pasado, lo fue el Betis, está a años luz del eterno rival de la ciudad.

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