El primer oro en aro

  • José Palma inició hace 80 años el camino desde Coria hacia Madrid con la meta de competir en los Juegos Olímpicos populares de 1936.

Hace 80 años el mundo no era tan diferente al actual. Como este verano en Río de Janeiro, Berlín acogió en 1936 los undécimos Juegos Olímpicos con no pocas polémicas; como en estos años, los de la década de los 30 fueron los de la resaca de una gran crisis financiera que acentuó el hastío ciudadano hacia la política.

¿Quién hubiera imaginado que tales episodios históricos habrían de señalar tan decisivamente el destino de un vecino de Coria del Río? Con 23 años, arrastrado por el ambiente emancipador del momento, José Palma León resuelve emprender el viaje de su vida: llegar a Madrid en 15 días introducido en un aro metálico que hace rodar mientras corre en su interior. Es el pedestrarismo, un deporte que el coriano pretende dar a conocer en la capital, para dirigirse a continuación a competir en los Juegos Olímpicos populares de Barcelona. El de Palma pudo haber sido el primer oro en aro de la historia.

Los Juegos de Barcelona fueron la reacción de miles de deportistas que boicotearon los de un Berlín engalanado de cruces gamadas y retratos de Hitler. La comunidad judía se había unido a sindicatos y activistas de la izquierda mundial para organizar en la Ciudad Condal unos Juegos Olímpicos alternativos: 6.000 deportistas, 23 países, 16 deportes en tres categorías, nacional, regional y local, permitiendo la competición de regiones y ciudades, puesto que los comités olímpicos nacionales eran también casta. Aquellos alter Juegos de Barcelona debieron empezar el 19 de julio, pero no lo hicieron nunca.

El instante en la España de julio de 1936 sobrevino inapropiado para oros y aros, aunque, naturalmente, de nada de eso era consciente José Palma unas semanas antes. Había reunido unos 60 céntimos para comenzar el camino a una media de 40 kilómetros diarios. "Iniciamos el viaje con 100 pesetas que nos reunieron los amigos en Coria y vamos defendiéndonos como podemos", declaró Palma a Mundo Gráfico ya comenzado el trayecto. Pasadas Carmona, La Luisiana y Aldea de Quintana hoy debía llegar a Pedro Abad rodando desde Córdoba, localidades en las que, aseguraba, recibía el agasajo y los "donativos" de las gentes.

No se conoce el día exacto de la llegada de Palma a Madrid, aunque se cree que lo hizo alrededor del 5 de julio. Varios incidentes habían retrasado el camino: en Sevilla, el primer día, una huelga de tipógrafos demoró los permisos; en Córdoba, el quinto día, la debida atención a los medios dilató lo que hubiera sido un comienzo fulgurante. Pero había que promocionarse. Como es menester, aparecieron los pinchazos de su compañero de viajes, el también coriano Manuel Márquez, que lo escoltaba en bicicleta. No es de extrañar que hicieran fonda improvisada para descansar. Lo siguiente que se conoce del coriano, un 11 de julio de 1936, es que integra un espectáculo cómico-taurino en Las Ventas para el empresario Llapisera. Figura en una publicidad a media página en El Liberal de Madrid.

El sueño tenía visos de hacerse realidad. José Palma, el menor de seis hermanos pertenecientes a una estirpe ribereña de herreros, quien acarreaba los aros de las ruedas de los carros del taller a las huertas y del puerto a los cortijos, quien siendo un niño descubrió que, caminando dentro de ellos, podía transportar más rápidamente la mercancía, quien quiso ser uno más de esos deportistas que daban patadas a una pelota, que ganaban campeonatos de remo en el Guadalquivir o practicaban el pedestrismo, ése mismo, empezaba a ganar dinero en Madrid gracias al pedestrarismo, deporte que había ingeniando y con el que soñaba competir en los Juegos barceloneses.

A pocos días de su inicio, Palma le escribía una carta a su madre en la que la informa de que Llapisera, el empresario, está cerrando una gira de exhibición del deporte del aro por las provincias. Pero un día antes de los Juegos los militares ejecutaron su golpe de Estado.

Palma decide quedarse en Madrid, ingresando en el Segundo Batallón, pero la influencia de su pariente Martínez de León, ilustrador y creador del personaje Oselito, le permite hacer la guerra en la retaguardia. Por las calles de Madrid pudo vérselo en el aro llevando y trayendo documentos oficiales y partes de defunción como el que algún otro, a pie, le llevó un 10 de agosto de 1937 a su novia: José Palma había sido fusilado en el penal de Usera. Ya no volvió a haber Juegos Olímpicos hasta once años después.

Antonio Palma, continuador del 'pedestrarismo'

Antonio Palma Alfaro recibe al forastero en su casa como si fuera de la familia. Al hablar del pedestrarismo, cuenta como si no fuera nada haber repetido la hazaña de su tío, José Palma León. Con la idea de intentar dar a conocer el deporte del aro, resolvió efectuar el mismo recorrido que su tío ensayó en 1936, pero en menos días. El 8 de abril de 1965 inició su andadura partiendo desde su pueblo natal, corriendo dentro de un aro revestido en su cara externa por caucho que él mismo fabricó. Logró la hazaña y pasó a inscribir su nombre en los Guinness. Luego Antonio emprendió el camino de la formación y creó en su pueblo y en Palomares sendas escuelas de pedestrarismo. Sin apoyo institucional, Antonio no ha dejado de difundir una práctica deportiva con tanta raigambre en su estirpe. Igual acude a la televisión cuando lo llaman para impartir conferencias en el extranjero o que atiende a sagaces doctorandos. Sea por el recuerdo a una heroicidad.

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