VALLADOLID - BETIS

Un puntito y está bien

  • Con muy poca salida en ataque, el Betis esperaba a un Valladolid más ambicioso y bastante más rápido, aunque tras el descanso se planteó una partida más competida, más entre iguales

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Con el balón revoloteando sobre el nido bético como en una pirueta que bien hubiese podido terminar de mala manera, el último partido del infausto año del centenario del Real Betis Balompié acabó con un reparto de puntos que, desde la acera verdiblanca, ha de aceptarse de buen grado. Y es que el equipo de Chaparro, corajudo y ordenado, ofreció un rendimiento en ataque que no daba para más. Un puntito y gracias, un puntito y a seguir sufriendo porque este equipo no da para más y ya se sabe que quien da lo que tiene no está obligado a más.

El partido arrancó con la iniciativa de parte del Valladolid. La iniciativa y el ritmo, que había momentos en que parecía el equipo pucelano un vendaval, sobre todo cuando entraba por los costados, especialmente cuando el dinámico Sisi intervenía. Se confirmó a la hora de autos que Capi no estaba para jugar y Chaparro echó mano de Somoza a costa de adelantarle metros a Rivera, José Mari se pegaba a la banda diestra y Edu a la izquierda pero sólo como base de lanzamiento hacia algunas peripecias por dentro.

Desde muy pronto se comprobaba que si alguien podía hacer gol era el equipo local. Afortunadamente, Casto volvió a cuajar una muy buena actuación como guardián de la portería bética. Y la verdad es que si no es por los aciertos del extremeño, sobre todo al taponarle toda la portería a Sisi, esa especie de pesadilla para el entramado defensivo, el Betis se hubiese ido a camerinos con la tarde llena de nubarrones.

De pronto se va Sisi a la otra banda y todavía peor, pues los fundamentos defensivos de Ilic están muy por debajo de los de Fernando Vega. Y el Betis, con las líneas muy juntas, apenas salía y cuando salía nada de lo que proyectaba tenía efectividad alguna. Intentonas con poca fe de José Mari a estribor, conducciones con más sentido de Edu a babor, algún pase intencionado del brasileño, especialmente uno que Rivera no alcanza y que le hubiese dejado solo ante Asenjo. Ésa era la producción del Betis en ataque, para reflejar que el primer tiro es de José Mari desde muy lejos y cuando ya se juega el minuto 41.

Tras el descanso aparece un Betis con otra filosofía, como dándose cuenta de que al otro lado del río existe una portería igualita que la que él ha guardado tan celosamente en la primera parte. A los diez minutos toma Chaparro una decisión que la tarde está pidiendo a gritos. Es que Somoza se duche antes que los demás para poner en liza a alguien con más talante ofensivo. Se va el argentino, se retrasa Rivera y va Fernando a la mediapunta.

No mejora una gran cosa el Betis, pero ya se plantea una pelea más equilibrada, más entre dos equipos similares, sin que asome la diferencia de fútbol y de ritmo, sobre todo de ritmo, que se ha dejado ver anteriormente. Ya hasta apura el Betis a Asenjo –he ahí un buen portero en perspectiva–, y hasta hace gol, pero ha sido tan flagrante la carga de Rivas al susodicho Asenjo en ese terreno prohibido que es el área pequeña, que no sube al marcador.

Pero es otro Betis con una cara más presentable el que se maneja en la tarde junto al Pisuerga. Ya le da Arzu una mejor salida al juego que Somoza y el Betis se beneficia, Mendilíbar saca de escena al cansadísimo Vivar Dorado y con Diego Camacho vuelve a empujar el equipo vallisoletano. Son empujones más viscerales que coherentes y el Betis se encuentra con sus dos únicas ocasiones de hacer gol, una por medio de Pavone y otra mediante Rivas. Ambas provienen de la batalla aérea y ambas las soluciona con acierto Asenjo, más dificultosa, sin duda, la del gigantesco central nazareno que la del ariete argentino.

El partido va caminando hacia su final y se llega a la conclusión de que quizá no valga el empate para mucho. Eso es, claro, según la óptica verdiblanca, pero tampoco es cosa de que el rival, un rival muy directo para este empobrecido Betis, se haga con todo el botín y sea otro más de los muchos que le van mostrando la matrícula. Total que este Betis que ha soltado amarras a su manera decide poner un ojo en la otra orilla y el otro en la ropa que se quedó en la suya.

En el tramo último, Chaparro prescinde también de Rivera y va a una defensa más poblada con la ayuda de Melli. La parte de atrás se carga de tarjetas y Fernando Vega se rompe en una intentona en ataque para que el último suspiro discurra entre sustos. Ha salido el nigeriano Ogbeche y se las arregla para originar una serie de conflictos ante Casto que éste resolverá con solvencia, con la misma solvencia que ha mostrado desde que aquella noche copera de Elche le diesen la portería del Betis. Al final, empate sin goles que en condiciones de normalidad hubiese sabido a muy poco. Pero no vive, precisamente, el Betis días, puede que años, de normalidad, por lo que, visto lo visto, estas tablas saben a lo que saben porque este Betis de hogaño no podía aspirar a más.

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