El derbi sevillano | La previa

Todos quieren el balón...

  • Sevilla y Betis se enfrentan con dos entrenadores que apuestan por la posesión de la pelota.

  • Los sevillistas llegan con ocho puntos de ventaja, pero tras un cambio de técnico.

  • Más de diez meses ya sin derbi.

  • Geis por Pizarro en el Sevilla y Rubén Castro en el Betis, novedades en las listas.

Las plantillas del Sevilla y del Betis, entrenando. Las plantillas del Sevilla y del Betis, entrenando.

Las plantillas del Sevilla y del Betis, entrenando. / A. Pizarro / J.C. Muñoz

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Más de diez meses han transcurrido entre el derbi número 126 y el 127 de los que se han disputado en esta bendita ciudad llamada Sevilla. Es el tiempo desde el 25 de febrero de 2017 y el 6 de enero de 2018, el de este día en el que se celebra la festividad de los Reyes Magos. Los caprichos del calendario lo dictaminaron así y si en el curso anterior el partido fue tempranero, en éste casi cae fuera, pues llega en la penúltima jornada de la primera vuelta. ¿Y cómo llegan Sevilla y Betis a este nuevo enfrentamiento entrambos?

Lo más lógico es acudir antes que nada a los datos más puros y éstos, después de consumirse 17 jornadas del torneo liguero, están en la clasificación, pues no hay nada más objetivo que eso. La tabla dictamina que el Sevilla tiene ocho puntos más que el Betis antes de litigarse este enfrentamiento de la máxima rivalidad sevillana. Los blancos llegan con 29 puntos adicionados, fruto de nueve triunfos, sólo dos empates y seis derrotas. Son los quintos clasificados, lo que los situaría fuera del objetivo con el que arrancaron el curso aunque metidos de lleno en la pelea por el mismo.

Los verdiblancos, mientras, cuentan con un total de 21 puntos, resultante de las seis victorias, tres empates y ocho derrotas que presentan cuando la primera vuelta está a punto de finiquitarse. Esto los ha conducido a la posición decimocuarta de la clasificación y en la teoría eso debería suponer que está por debajo también del objetivo marcado, aunque en el caso de Ángel Haro y su consejo de administración no han querido mojarse esta temporada a la hora de situar el listón que deben superar los profesionales.

Además, se da la circunstancia común de que ambos equipos están en números negativos en el recuento de los goles. Mientras el Betis llega con 25 a favor y 31 en contra, el Sevilla lo hace con 20 tantos en su haber y 22 en el debe. Para acabar este repaso a los números que no admiten ni el más mínimo cuestionamiento por el hecho de ser los que son, hay que resaltar que tanto unos como otros llegan después de una derrota liguera, las dos contra los equipos vascos más tradicionales, pues la Real se impuso a los nervionenses y el Athletic hizo lo propio con los heliopolitanos.

A partir de aquí arranca la visión que está más cerca de la subjetividad, de las sensaciones que han desprendido ambos en las jornadas litigadas hasta el momento. Y, lógicamente, lo primero que llama la atención es el debut liguero de un nuevo entrenador en el banquillo del Sevilla. La derrota contra la Real Sociedad, unida a la indefinición futbolística, se llevó por delante la etapa del argentino Eduardo Berizzo en el banquillo sevillista y hoy será el italiano Vincenzo Montella el que dirigirá al equipo.

Con los números repasados con anterioridad en la mano, tal vez sea una decisión complicada de explicar, pero el rumbo del equipo con Berizzo parecía decadente, como si la plantilla no acabara de comprender el patrón de juego, basado en las marcas individuales por todo el campo, ordenado por el discípulo de Marcelo Bielsa. Nadie se puede llamar a engaño, de cualquier manera, ésa era la idea inicial, pero el sevillismo le bajó el dedo hace tiempo al anterior entrenador y el consejo de administración entendió que era necesario un cambio de rumbo a pesar de la impopularidad de la decisión debido al cáncer de próstata padecido por Berizzo. Era una decisión complicada, difícil de entender fuera, pero que casi todos los amantes de la fe balompédica radicada en el barrio de Nervión prácticamente pedían a gritos a sus dirigentes.

Son las cosas del fútbol y la pobrísima imagen ofrecida en Anoeta contra la Real Sociedad, que seguía a otro partido decepcionante frente al Levante en casa, condujeron a un cambio inmediato y a la apuesta por Montella. El estilo, más o menos, es continuista en lo referente al posicionamiento de los jugadores y al deseo de tener el balón, pero todo varía sin seguimientos individuales y a la hora de escupir la pelota rápidamente para coger al rival más desprotegido.

En el bando contrario, en el Betis, sin embargo, se mantiene la apuesta por Quique Setién a pesar de que en la racha que finalizó con el triunfo en Málaga se cuestionaron todos los métodos del entrenador cántabro. Los verdiblancos comenzaron lanzados, ilusionando a los suyos con la propuesta futbolística y, sobre todo, con los resultados, pero el bajón fue considerable y en Las Palmas tocaron fondo con un partido en el que apareció incluso la indolencia. Fue después de un 5-0 en Eibar, de un 3-5 contra los suplentes del Cádiz en la Copa, pero la reacción que se atisbó en la derrota contra el Atlético se confirmó con la victoria en La Rosaleda y ahora, con el parón navideño por medio, habrá que ver si los béticos muestran su cara buena o la que estuvo a punto de llevarse por delante a Setién.

Las paradojas del fútbol son así, el entrenador que parecía que iba a salir será el que hoy dirigirá a los suyos en el Ramón Sánchez-Pizjuán, aunque lo tenga que hacer desde un palco debido a la sanción que pesa sobre él tras su expulsión por protestar contra el Athletic Club.

Y con Montella y Setién como patrones de los dos equipos, lo que está claro es que la pugna por la posesión del balón va a ser dura. Ambos entrenadores parten en su credo futbolístico de querer tener la pelota el mayor tiempo posible. Sin embargo, sí se diferencian a la hora de darle forma a ese estilo. Mientras el sevillista prefiere arriesgarla hacia delante para tratar de hacerle daño al rival, con toques siempre encaminados a avanzar, el bético va buscando zonas concretas, pero con la obligación, incluso del guardameta, de no pegar ni un solo pelotazo. Todo es válido en el fútbol siempre que conduzca al triunfo, está claro.

En el repaso a los protagonistas también existen nombres propios entre los que se visten de corto. Si hay que buscar uno en cada equipo, los principales son Steven N'Zonzi y Rubén Castro, paradójicamente recién llegados ambos pese a ser las grandes estrellas de la temporada pasada en ambas escuadras. El fútbol también es así en esas circunstancias, pues el francés se subió de nuevo al carro en Cádiz después de más de un mes casi separado de la plantilla tras su bronca con Berizzo en el descanso del Sevilla-Liverpool. Ahora es, sin duda y mientras no llegue un equipo cargado de millones de euros, el mejor futbolista de los sevillistas.

En el caso de Rubén Castro, su presencia, en la teoría, tiene más de inyección testimonial, pues no se sabe si le habrá dado tiempo a ponerse a tono en el plano físico. Se marchó del Betis a China en busca de dinero por muchas razones, entre otras porque tampoco parecía indispensable en la planificación del presente curso, pero la lesión de Sanabria ha conllevado que ahora se vea su retorno como una tabla de salvación en el apartado goleador.

Por último, comparece un actor del que sólo cabe esperar que sea muy secundario. Es el árbitro extremeño Gil Manzano, que se estrena en un partido de la máxima rivalidad sevillana. Él será el encargado de dar el pitido inicial y a partir de ahí, que en este derbi número 127 sólo mande el balón y nada más. La incógnita es ver quién será el dueño de esa pelota en el campo.

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