Liga de Campeones

La quimera de la remontada en el Camp Nou

  • La épica para darle la vuelta al 4-0 recibido en Múnich no aparece por el momento en el discurso blaugrana, como ya ocurrió en la anterior fase ante el Milan. Nunca el club ha logrado darle la vuelta a un resultado tan adverso.

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A poco de cantar el alirón en Liga en las próximas semanas, si una hecatombe no lo impide, el Barcelona ha caído de sopetón en una depresión que le ha conducido no sólo a no contemplar la opción de remontar el 4-0 que este martes le endosó el Bayern de Múnich, sino ni siquiera a evocar a la épica. Ha sentado muy mal en el ánimo de los culés el repaso que ellos mismos admiten que sufrieron  en Múnich, donde el actual campeón de la Bundesliga anuló cualquier calidad futbolística que ha llevado estos últimos años al Barça a ser admirado, respetado y difícilmente copiado.

Fue una noche aciaga con cuatro goles en contra, aunque con la duda de que el árbitro pudo haber anulado alguno de ellos por manifiesta irregularidad, un hecho que en el Barça ni se ha contemplado como queja, después de la superioridad de su rival y de la incapacidad de los suyos, nulos en ataque, en construcción y en dominio del juego. La épica para darle la vuelta al resultado, como así se evocó en octavos de final de la Liga de Campeones contra el Milan tras un desastroso partido de ida en Italia, no aparece por ahora en el discurso azulgrana, temeroso de que el Bayern se tome el envite del Camp Nou como el segundo acto de una tragedia en la que parece envuelto el conjunto azulgrana tras el varapalo de anoche.

No es la primera vez que el Barcelona vuelve a casa con el rabo entre las piernas en una eliminatoria europea, pero en la ida de la semifinal actual se cumplieron los peores augurios que anunciaban que el Bayern podría dar un revolcón a los azulgrana, por el estado de forma en el que se encontraban y porque el equipo de Francesc Tito Vilanova, líder en la Liga, no está en su mejor momento. El Bayern le devolvió el 4-0 con el que hace unas temporadas el Barca goleó y humilló al rival alemán. Además, el conjunto alemán envió un mensaje claro de que quiere la corona que durante los últimos años ha poseído el Barcelona en Europa casi sin ser cuestionada.

El tropezón, sin duda, no sólo ha incidido negativamente en la moral de la entidad, sino que podría desatar la caja de los truenos si el Barcelona no arregla su imagen en el partido de vuelta con una actuación a la altura del nivel que puede alcanzar el fútbol del equipo catalán. En caso contrario, el club podría vivir un reajuste importante cuya dimensión es impredecible, ya que estaría a expensas del montante económico del que disponga la directiva para fichar nuevos jugadores.

Al margen de los hechos de Múnich, el equipo azulgrana, no obstante, tiene el objetivo de alcanzar la Liga, que podría ser suya este fin de semana si logra la victoria en San Mamés y, a la vez, el Madrid pierde su partido ante el Atlético. El encuentro en Bilbao se interpone entre los dos contra el Bayern, por lo que se espera que este fin de semana el Barca vuelva a dar minutos a jugadores no habituales y reserve a futbolistas, como Messi, que necesitan descanso para darlo todo en el desafío del Camp Nou el próximo miércoles. Será la primera vez que el Barcelona deberá remontar un marcador tan adverso como un 4-0, un hecho que en la Liga de Campeones no se ha producido nunca. No es la primera vez que el Barcelona ha encajado un 4-0, pero sí la primera en la máxima competición que deberá levantar en su estadio.

Hasta la cita, y a pesar de la pesadumbre del momento por estar tan viva aún la imagen de la humillación, al vestuario barcelonista no le queda más remedio que calentar el ambiente y refundarse, como cuando hace unas semanas el segundo capitán, Xavi Hernández, apareció en público para reivindicar a los suyos para una empresa aún no afrontada: una remontada a lo grande contra uno de los grandes de Europa, el Milan.

Ahora, el objetivo se presenta como una quimera, y más cuando tras el partido muchos jugadores azulgrana ya han dado por casi imposible darle la vuelta a la eliminatoria. De hecho, no existe ningún referente en la entidad de esta envergadura para que los jugadores se agarren, a excepción de un 3-0 en Gotemburgo en las semifinales de la Copa de Europa de 1986, que el Barca salvó en su estadio, pero para vivir semanas después en Sevilla contra el Steaua una de las peores pesadillas de su historia reciente.

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