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Un regreso baldío

  • Boulahrouz vuelve tras más de un mes tratándose una lesión en Holanda preparado para jugar pese a que nadie apuesta por que Jiménez lo alinee · Su falta de implicación durante todo el año figura en su contra

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Cuando quedan cinco partidos para que la temporada acabe, el Sevilla y su entrenador, Manolo Jiménez, se han encontrado con un regreso tan inesperado como baldío, aunque hay quien defiende que ha sido forzado por una especie de toque de atención que ha querido darle José María del Nido al futbolista que mejor ha vivido desde su llegada a Sevilla el pasado verano. Esa supuesta orden de vuelta tendría también relación con las declaraciones, cargada de buenas inteciones y gran disposición de jugar que ayer realizó en los medios oficiales del club.

Khalid Boulahroz está a punto de cumplir su contrato de cesión en que el Sevilla y el Chelsea acordaron en pretemporada por valor de 750 mil euros y el holandés acaba de regresar de su país, donde tras un segundo viaje -ya relizó otro en invierno- ha pasado las últimas seis semanas tratando de encontrar solución a unas molestias en el pubis de las que en el Sevilla no han dudado, pero que los médicos club no acabaron por adivinar con exactitud su localización ni su origen. Coincide su llegada con la semana en que peor pinta tiene para Jiménez la empresa de alinear una defensa decente, pero, por su absentismo desde que cuajó la última de sus decepcionantes actuaciones en Denia, nadie da un duro por que el de Arahal decida alinearlo y mucho tendrían que cambiar las cosas para que, igualmente, lo hiciera en los cuatro partidos que quedarían una vez pasado el de Murcia.

Lo cierto es que, desde su llegada, el defensa ha tenido demasiados gestos que ilustraban una personalidad poco comprometida con el equipo y más preocupada por su lucimiento personal. Algunos caprichos, como una queja que cuentan que hizo sobre las alfombras de las habitaciones del hotel de Madrid en el que el Sevilla se hospedó cuando jugó la Supercopa, o el hecho de que Juande Ramos tuviera que telefonearlo en plenas negociaciones para asegurarle que no iba a jugar de lateral, dejaban patente que quizá se creyera a otro nivel por el hecho de pertenecer a un club como el Chelsea. El caso es que si en sus primeros partidos mostró muchas dudas en su juego, ver a Mosquera, a Fazio y hasta a jugadores del filial por delante suyo acabó por hacerle tirar la toalla y dejar pasar el tiempo aun a riesgo de perder su puesto en la selección holandesa, como al final ocurrió. Nadie en el Sevilla puso en duda su lesión e incluso Jiménez lo defendió una y otra vez públicamente recordando que él pasó una temporada similar, pero también es cierto que jamás quiso forzar y que no puso mucho de su parte para recuperarse.

Ahora, tras rechazar incluso ofertas de clubes holandeses en invierno y unas vacaciones disfrazadas con visitas a un médico de su confianza, Boulahrouz quiere jugar. La Eurocopa y la próxima temporada están ahí y en el Chelsea no va a seguir. En el Sevilla tampoco.

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