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La rémora visitante

  • Sólo el colista y desahuciado Levante ha sumado menos puntos a domicilio que el Sevilla en la Liga · Las lesiones y las expulsiones fueron casi siempre compañeros de viaje que obligaron a trastocar los planes

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Ni el cuerpo técnico acierta a explicarse las causas por las que el rendimiento lejos del Sánchez-Pizjuán cae en picado, pero el caso es que un equipo que en casa suele mostrarse con más o menos solidez, aunque también tenga días malos, destaca negativamente sobremanera la tristeza con la que termina sus partidos como visitante en el campeonato liguero. El Sevilla es el segundo peor equipo fuera de casa de la Liga y sólo el Levante, colista y desahuciado a la espera de poner fecha a su descenso, ha sumado menos puntos que el cuadro de Nervión. Cinco puntos a domicilio (cuatro más que los valencianos) es un bagaje muy pobre para un equipo que aspira a estar al final del torneo entre los cuatro primeros. Una victoria, precisamente ante el Levante, y dos empates, en Pamplona y en Valladolid, forman el triste botín de este Sevilla, demasiado duramente castigado en sus desplazamientos y que con Manolo Jiménez no conoce la victoria fuera de casa en la Liga, no así en la Champions, torneo en el que el de Arahal cuenta sus comparecencias por victorias (en Bucarest y Praga).

Pero también hay que decir que al Sevilla no le ha acompañado la suerte en sus enfrentamientos a domicilio. Tanto Juande en alguna ocasión como luego Jiménez tuvieron que improvisar sobre la marcha a menudo en los primeros compases del encuentro por alguna incidencia negativa, casi siempre en forma de lesión o, lo que es mucho peor, de expulsión. Ello, unido a que los árbitros en ocasiones no fueron demasiado benévolos con los intereses del Sevilla y que las dificultades para acoplar las rotaciones también se hicieron evidentes, llevó a hacer del cuadro nervionense un rival muy vulnerable en sus salidas, prácticamente el más endeble quitando al mencionado Levante e igualado en prestaciones con el Zaragoza.

De los nueve partidos jugados por el Sevilla fuera de casa, en cinco ha visto cómo un futbolista se lesionaba antes de la media hora de juego y casi siempre en la misma línea, la defensa. Empezó ocurriendo en la primera salida del equipo a Barcelona, donde Adriano, que acababa de salir de una lesión, sufrió la entrada brutal de Deco, que obligó a Juande a sustituirlo en el descanso. Después se repitió en Villarreal, donde debutó Casado torciéndose el tobillo a los 22 minutos, aunque intentó aguantar y fue sustituido más tarde. En Pamplona también ocurrió lo mismo con Adriano, que debió abandonar el campo en el minuto 21, mientras que los dos últimos casos han sido protagonizados por Crespo. Aparte del partido que supuso el codazo de Diarra en Nervión, el loreño tuvo que marcharse lesionado en Valladolid al sufrir un esguince de tobillo por una dura patada en el primer minuto y aguantó hasta el 20. El pasado sábado, en su reaparición en Bilbao, volvió a repetirse la triste historia para el canterano, esta vez con una rotura de fibras que volverá a tenerlo en el dique seco.

En materia de expulsiones está en la memoria de todos las protagonizadas por Daniel en Villarreal y Almería, donde vio dos tarjetas en poco minutos y dejó al equipo con diez. Pero no ha sido el único. Fazio y Luis Fabiano también vieron la roja en Valladolid y el último fue Escudé en San Mamés.

No obstante, lesiones y expulsiones no han de ser excusas que puedan tapar los problemas que el Sevilla tiene para imponerse cuando no juega al calor de los suyos. Es verdad que no ayudan, pero ciertos números no son decentes.

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